El zoológico del cielo

Hay un catastro que divide el cielo en parcelas, que ayudan a los astrónomos a identificar la posición de las estrellas, planetas y objetos en la bóveda celeste. A estas fincas les llamamos constelaciones y son agrupaciones de estrellas que se corresponden con la mitología celeste heredada de la antigua Grecia. Algunas son más famosas que otras. Pocas veces se oye nombrar las constelaciones de Camelopardalis, Sagitta o Boyero; sin embargo, otras como Sagitario, Tauro o Capricornio son mucho más conocidas.

Ophiuchus sosteniendo la serpiente, como se muestra en El espejo de Urania, un conjunto de tarjetas de constelaciones publicadas en Londres en 1825. Fuente: Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos

Signos zodiacales reales, según las fronteras entre constelaciones que estableció la Unión Astronómica Internacional (IAU) en 1930

Estas últimas son las constelaciones del zodíaco, del griego zoodiakos, que significa “rueda de los animales”, aunque en este grupo se hayan colado una báscula, una virgen, unos gemelos y un aguador (Libra, Virgo, Gemini y Acuario). Está claro que no es una relación animal la que las hace especiales, estas constelaciones están en una zona muy particular del cielo, la línea por donde avanza el Sol durante el año.

LAS CONSTELACIONES Y SUS LEYENDAS

La base de la astrología no se corresponde con observaciones del mundo real, es una invención que no encajó con el movimiento de los astros ni siquiera en su origen. No tiene más utilidad que la de un calendario alternativo, con unos meses que se corresponden con figuras mitológicas. Pero el zodíaco nos puede servir como una guía para observar las figuras de sus constelaciones —que siempre se ven en el cielo sobre el horizonte sur, en el hemisferio norte (y sobre el horizonte norte, en el hemisferio sur)— y recordar sus correspondientes leyendas. (Les invito a leer el artículo completo a partir del link)