La señora de las avispas


por Araidne Gallardo Figueroa

Aquella mujer se había quedado pensando en la cafetería sobre un problema que le tenía absorta, se retiró algo incómoda al ver que por enésima ocasión un sujeto la miraba desde otra mesa como que fuera el mejor paisaje para descansar la vista.

Nunca se percató que en realidad eso era hasta el día que se despertó de madrugada y observó que sus análisis sobre porcentajes  y crecimiento exponencial, se habían convertido en una realidad.

Hay un mundo que trata por todos los medios de preservarse y buscará el sitio donde la vida puede esperar… Pero no era el caso, hay sitios que no son para todos y mucho menos la cocina; para toda avispa ella también era un bello paisaje.

Desafortunadamente su primera reacción fue exterminar a los insectos con los cuales hubiera sido en verdad difícil dialogar e intercambiar puntos de vista. Como defensora de la vida en el planeta sintió una gran pesar y al final medito con crudo pragmatismo:

“Todo ser vivo merece la vida, un espacio propio y la libertad de ir y venir dentro de los términos de respeto del otro”

Tuvo que meditar con seriedad si valía la pena el argumento para agregar: Todo ser vivo con razonamiento y apego cultural…

La lluvia había ido en aumento durante la noche, el hábitat de las avispas colapsó y ellas buscaron refugio, por tanto lo único que pudo decir fue con total seriedad y sin conmoverse:

“No se puede garantizar el fortalecimiento de la estructura, si el desarrollo fundamenta nuestra razón de existir sin meditar los por qué”

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Hay verdades no dichas y silencios que gritan


Capítulo El Puente

de Ariadne Gallardo Figueroa

Zila se acomodó en el escritorio y observó la mirada de todos sus alumnos, la primera en levantarse fue Beatriz:

— Profesor al observar la dinámica de la entrevista recordé acontecimientos que se presentaban hace algunas décadas, recuerdo que era fácil intervenir a un grupo o persona y vender su actividad, esto resultaba muy difícil de comprobar, mantener en secreto al foco o vector que era la fuente de la información no resultaba sencillo.

Entonces intervino Ofelia:

— Así es profesor Zila, obtener información y transmitirla a un tercero fue una práctica muy común hace algunos décadas, tal como lo señala Beatriz; para muchos resultaba rentable, otros intentaban localizar al transmisor y no siempre era sencillo. La información fluía y creaba una red muy maleable.

Zila se llevó la mano a la cabeza y asintió:

— Definitivamente, lo recuerdo, seguir una línea no era sencillo, se mezclaba con algunos mensajes burdos, algo sórdidos a veces.

Se unió a la conversación Jorge quien aseguró con una sonrisa pícara:

— Pero esto era valioso para muchos charlatanes, profe, les resultaba una forma simple de atrapar incautos.

Zila se levantó de su silla y levantó ambos brazos a los lados, como era su costumbre y exclamó:

Zila señaló: Observen aquello que no se ve a simple vista, vayan más allá

— Ahora diganme: En este grupo de personas, ¿ven mensajes dirigidos a una masa crítica  o a un grupo con criterio manejable, influenciable?

La mayoría permaneció en silencio y Ofelia tomó la palabra:

— Los eggyanos saben gracias a Tai con que tipo de personas tratan, pero hay algo más en el seguimiento de la mirada de todos ellos, entre ellos hay un vector como recién lo ha llamado uno de nuestros compañeros.

Zila apuntó con ambos índices a Ofelia y dijo:

— Perfecto, lo has notado, ¿De los emisores a los receptores o de los emisores entre ellos mismos y posteriormente a los receptores que son el público?

Ofelia frunció el ceño y se sintió confundida pero vio algo que solo el profesor había notado y fue como un rayo iluminando la oscuridad.

— Profesor debemos colocarnos en los sitios que cada uno de ellos ocuparon simulando ser ellos para poder recrear la escena e identificar al vector.

Zila aprobó la iniciativa de Ofelia y todos los compañeros con una sonrisa se dispusieron a interpretar la réplica de ese escenario que decía más de lo que en realidad el auditorio mundial pudo observar.

En ocasiones no basta ser solo observadores, hay que ir más lejos y reconocer el filtro donde termina la realidad y comienza lo fantasioso

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Balar, emerge del tártaro


La serena charla de las hechiceras con la voz del alquimista, tuvo  consecuencias dramáticas que no podrían detener, los bajos instintos de los que controlan el lado oscuro de los sentimientos e instintos, no se hizo esperar.

Las cuatro hechiceras hundieron en aquellas fétidas aguas  del otrora  bucólico riachuelo, sus manos

Notaron cómo el atrayente espejo verde esmeralda del río, comenzó a tornarse amarillento con una sustancia calcárea de olor desagradable; dicha rasura inquietó a las mujeres que se miraron nerviosas.

El alquimista volvió a hablar:

Ustedes han creado un apego, deben recordar que son cuatro, tres que ya partieron,  otras dos en Valhalla y ustedes. Se despegan de un entorno por necesidad, aquí hay un equilibrio como en todos los espacios que rodean la vida; las fuerzas oscuras los saben: Balar se ha manifestado.

Nada de lo que aquí se ha dicho queda oculto a los oídos codiciosos de Balar, hará todo por mostrarles señales que contradicen aquello en lo que creen, todo cuanto aman. Definitivamente no depende de él  que el imperio de la oscuridad reine, tampoco de ustedes pero ahora les toca alimentar la esperanza con la luz que las ha unido, es su tributo.

Las hechiceras prepararon el ritual que desde su adolescencia, su maestro les había enseñado, que estimulaba su empatía, seguridad y alegría de  formar parte de una comunidad, sus mentes materializaron, al menos para ellas, las figuras de sus hermanas caídas en la trágica huida.

Se miraron y entrelazaron sus manos derechas; las cuatro hechiceras hundieron en aquellas fétidas aguas  del otrora  bucólico riachuelo, sus manos. La luz empezó a luchar por abrirse paso en ese espacio que Balar infringía.

Las mujeres con  las  manos ensangrentadas, permanecieron en ese flujo y reflujo donde las fuerzas de la oscuridad, exigían imponerse, no era momento para rendirse, su legado quedaría como una enseñanza, claudicar, jamás. Cada fomoriano sería iluminado, desnudo ante la verdad que ellas cultivaron a lo largo de su aprendizaje sin importar la presencia física. De esa forma legaron su fuego interior al alquimista que confió plenamente en su magia.

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