El Puente


De Ariadne Gallardo

Algunos de los más valiosos momentos de la historia todavía siguen presentes en la mente de muchas personas, algunas de ellas imaginan que hubiera sido de sus vidas si la oportunidad de irse de ahí, si el encontrar otros recursos, sí permitirse dejar su entorno de confort, si….

Claro hay demasiados “Y si yo hubiera”  en la vida, la mayoría de ellos no son válidos y muchos de ellos son definitivamente imposibles, un buen grupo de personas decide construir un puente y la idea se replica más adelante, éstos puentes permiten ir a donde hay todo lo que nosotros no tenemos, aquello que anhelamos y en muchos de ellos ven la posibilidad de alejarse de algún puente para siempre, de lo que duele y no se cura quedándose en el mismo lugar.

En esta ocasión nos vamos a una ciudad en medio del ruido, esa ciudades que han crecido descomunalmente, donde la gente ya no busca hacer puentes, simplemente sobrevive y forma clanes, esos grupos de amigos que desde la antigüedad le han servido para compartir lo mejor de la vida, para integrarse en formas de pensamiento, encontrar el amor y tener con quien llorar cuando llega el momento de que éste desaparezca no sea traumático o irreparable.

Vamos a la casa de una pareja de ellos que ha recibido la llamada telefónica de un tercero:

— Oye Zila nos ha citado en una de las cafeterías del centro de la ciudad, es una locura, pero dice que en videollamada no puede decirnos lo que necesitamos saber.

— Si, yo también recién he recibido el mismo texto, creo que se le olvida que vivimos juntos o teme que no estemos en el mismo sitio para el momento de la cita.

Ambos se alistan…

— Oye ¿Crees que va a llover? no tengo idea pero toma las llaves del auto, vamos apurate, no olvides la maldita mascarilla luego terminas usando las de reserva que están en la guantera y ahí me tienes regresando a casa por otra dotación… Mmmmh!

— Listo, vamos que nos quedan dos horas para llegar, cuando menos eligió un sitio lindo, siempre me ha gustado ir a tomar café ahí.

La pareja sale, suben al auto y se disponen a oír a unos de sus grupos favoritos en el reproductor digital con mando de voz del auto eléctrico

Cruzan el puente que separa el área urbana de la ruidosa y congestionada donde están los comercios de aquella ciudad. El cambio de ambiente es tan brusco que la mujer que se sienta en el lado del copiloto sube las ventanas del pequeño auto de tan solo dos plazas con la mirada aturdida y reflexiva comenta a su pareja:

— Aun no entiendo que sucede con la gente, pero debe haber una razón para agruparse como hormigas en una área poblacional tan reducida…

— Claro mujer eso se llama miedo al silencio y la desolación, hahahah!!!

— Vaya, yo prefiero un buen sitio alejado, pero tienes razón se perfectamente a qué te refieres.

— Bueno ya llegamos, vamos a ver que se le ha ocurrido a Zila, solo estamos permitidos 4 por mesa y él ha citado a 6 de nosotros… 7 es multitud.

Desde una mesa en la parte trasera de la cafetería un hombre de mediana edad con el cabello rizado muy negro, los ojos verdes, mirada nerviosa y esos lentes de aros metálicos que le dan un aire de seriedad, observa en la distancia a sus dos amigos. Ella delgada de pelo negro muy lacio hasta los hombros, con jeans y camiseta como casi toda la vida y él con unas entradas profundas en la frente, el pelo medio cano, el más lato del grupo, siempre un poco encorvado y con ese aire de paciencia infinita que le ha permitido llevar casi 8 años al lado de ella que es muy demandante e impulsiva. 

Entonces Zila levanta la mano con una enorme sonrisa y los llama:

— ¡Qué gusto que ya estén acá, ven Alysa, por favor siéntate de este lado, hola Samuel! Si vamos a esperar a los otros dos y luego hacemos videollamada, no queda otra, esta política de distanciamiento no la podemos romper.

Alysa lo mira con inquietud y le dice:

— Tal parece que has descubierto algo fenomenal, te veo muy entusiasmado, ¿Danos un adelanto de qué va todo esto?

Zila los mira con nerviosismo y decide que hasta que el grupo esté reunido empezará a hablar de lo que sucede en su mente, de eso que le ha cambiado la forma de ver la realidad.

Los tres amigos se quedan observando unos a los otros, con una sonrisa nerviosa, saben bien que Zila es de los que les gusta aislarse a veces cuando se pone a escribir sus novelas y a investigar asuntos que en ocasiones solamente él entiende, pero bueno para eso son los amigos. Samuel decide ir por café para los tres en lo que llegan los demás en ese momento los tres teléfonos digitales reciben el mismo texto:

— Ya estamos cerca dile a Samuel que de una vez pida dos capuchinos sin pana y con un solo shot de menta para nosotros, ya casi estamos allá, besos, Alma.

De lejos Alysa sonríe a Samuel, quien levantando el teléfono a la distancia sonríe con ella de forma afirmativa.

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