En honor a su nombre: تكريما لاسمه


Amin, (امين), se levantó al alba de aquel día para reunir aquellos enseres que les serían  útiles y que  no ocuparan espacio, Sierpe que recién se desperezaba en su lecho, peinaba su cabello de azabache y plata. Miraba con dulzura al hombre de cuerpo ágil y piel bruñida por el ambiente que ella no conocía  y que  pronto la sorprendería con una magia distinta. y paisajes impresionantes.

Ella observó que aún no amanecía, sin embargo preguntó si deseaba algo de fruta para iniciar ese  momento distinto en la vida en común que apenas iniciaba para ambos:

— ¿Tienes apetito? En verdad en esta hora a mi no me apetece nada.

— Tomaré la infusión de hierbas, me sentiré con más energía durante las siguientes horas, debemos estar alertas de quienes serán los que  nos acompañen en el viaje, no son buenas las sorpresas.

Sierpe lo miró con una sonrisa y se aprestó a preparar el té, mientras le interroga:

— Recuerdas el día que nos conocimos, y me preguntaste mi nombre, sin duda te llevaste una sorpresa…

— Claro que lo recuerdo, más sorprendido quedé cuando me dijiste que tu nombre formaba parte de tu forma de ser y tus cualidades.

— Cuando yo te hice la pregunta sobre el tuyo, señalaste que de igual forma tú también le hacías honor al tuyo, pero nunca me dijiste el significado.

— Quiero que valga la pena tu reconocimiento en caso de ser merecedor de tu valiosa intuición para saber de qué hablaba. Incluso antes de que conozcas mi propia lengua.

Por toda respuesta Sierpe sonrió e inmediatamente cambió su rostro por una mirada envuelta en la bruma de lo desconocido:

— ¿En tus creencias puedo yo  existir bajo el nombre de mi clan?

— Llevalo en el alma, querida Sierpe. De ahora en adelante te nombro con las letras que son el inicio, el presente y lo que está por venir: Sie.

Sierpe colocó sobre su cabeza la mano del hombre que custodiaba su fuerza y exclamó:

Sí acaso te identificas con el nombre que posees, sabrás que es algo más que solo una decisión tomada por quienes te trajeron a la vida terrenal.
Pronto entendería el valor de un secreto y las connotaciones que implicaba.

— ¡Qué sea en honor al porvenir, el don recibido en este día!

De la misma forma que el agua no se detiene entre los dedos por mucho tiempo, hacen lo mismo las arenas del desierto y se llevan las ideas y las ensoñaciones. Sierpe tomó con ambas manos un terrón de tierra de aquel lugar donde aún estaban sus raíces y decidió llevarlo junto a sus herramientas de identidad hacia el terreno que la acercaría al escriba que sólo había visto en sueños.

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Descifrar el enigma de aquello que no vemos


Para nadie es fácil confiar en la intuición, mucho menos si tratamos con fuerzas que nos han sido desarrolladas, que son la primigenia esencia de un tiempo que  nos antecede, ante la mirada actual  tomamos por cierto lo que ha quedado escrito y la posibilidad de ver lo que no encaja en ese contexto definitivamente se reduce al olvido.

El fuego sería el vínculo para cada una en el clan del hechizo de ave, porque precisamente focalizaron sus fuerzas en su hermana fortalecida en ese elemento. de la misma forma que Sierpe y Espiga lo eran de la Tierra, Ave y Luna del Aire; Camino del agua, Estrella y Sol del fuego.

La pátina de las creencias ha quedado envuelta a intereses y luchas de poder, precisamente el sitio del cual este grupo se alejó para vivir en un ambiente distinto a todo lo que se generaba en los pueblos y comarcas que hacían alianzas para defender reinos y empoderar monarquías.

Al amanecer, precisamente por donde ha de salir el Sol, el astro brillante que conocemos como Venus le daría a Estrella la noticia inesperada de lo inevitable, su conexión con el fuego y pese a la distancia le permitió reconocer que estaba por suceder.

Sierpe lo supo al darse cuenta que ya no era Sol la custodia de las runas, sino que estaban en poder de Luna, pero ninguna de ellas entendió que sería un trabajo delicado y eficaz del alquimista la trasmutación de su hermana.

Para el maestro sería el reconocimiento de la segunda transmutación, pero una cosa era entenderlo, darlo por hecho como en el caso de Camino  y otro muy diferente vivirlo de cerca, las palabras no eran de nadie, y eran de todos , los hechos tendrían en el futuro recintos y situaciones que ellos en ese momento desconocían. El silencio acompañó las horas en que nada era certero y el tiempo estaba por cortarse para una de ellas.

La noche se acercaba en la más desolada de las incertidumbres para cada una de las hechiceras. Siete noches habrían de pasar sin que nada presentara cambios y el ánimo reposaba en la paciencia de cada uno de ellos.

Esa mañana Luna despertó de buen ánimo tenían varios días que por alguna razón no pasaban tanto frío por las noches, y eso las fortalecía, su camino seguía entre risas y anécdotas que cada una recordaba con nostalgia de su vida en aquel sitio que fue su hogar.

Ninguna de ellas era el todo consciente que era gracias al zorro que su noches eran más tibias, al menos entre ellas no lo conversaban, en aquel momento cuando Luna instó a Sol para que siguieran su camino y comieran algo antes de partir, se dio cuenta que la respuesta y la compañía no estarían de nuevo con ella:

— Sol, ¡Por favor no hagas esto! ¿Qué debí hacer, quizá dijiste algo antes de partir y no lo escuché? ¿Por qué siempre siento que no estoy preparada para enfrentar esto sola?

Por toda respuesta el zorro del pelaje color de fuego se acercó y comenzó a girar alrededor del cuerpo inerte de la hechicera. Sol sollozaba con total desaliento, el animal no dejó de girar hasta levantar una estela de chispas de tonos violáceos y púrpuras que envolvieron a la hechicera de forma total.

Luna se enjugaba las lágrimas al momento que el zorro dio un salto fuera del círculo y la hechicera desconsolada vio que el cuerpo de Sol no estaba, había desaparecido… Se lanzó de bruces sobre el espacio vació y gritó:

— ¡No hay cenizas, no hay evidencia, no hay nada! 

De pronto se dio cuenta que en efecto sí había algo, una runa sin símbolos, la tomó entre sus manos y se abrazó al zorro hundiendo su cara entre su pelaje para llorar con desesperación, gritando:

Runa de Odín, energía potencial de lo que “fue, es y habrá de ser”.

— ¿Por qué tuvo que ser ahora y de esa forma?

La pata del animal se posó en su hombro, de la misma forma que acostumbraba Sol colocar su mano en ella cuando le tenía que decir algo importante. En ese momento Luna separó su rostro del pelaje del zorro y sorprendida vio que el ojo izquierdo del animal tenía la misma mancha blanca que su hermana.

Le preguntó azorada:

— ¿Con quién estuve viviendo todo este tiempo, quién era en realidad la mujer que evadió el fuego en aquella comarca, que rescató a un pequeño de la muerte y de convertirse en el último eslabón en la jerarquía de la miseria, para nombrarlo Maestro?

Observó con atención entre su mano la runa de Odín, aquella que  indica la energía potencial de lo que “fue, es y habrá de ser”. El enigma de lo invisible, escondido a la comprensión humana.

De nuevo miró al zorro y le frunció el ceño con esa característica forma muy de ella al arquear la cejas para interrogar y por toda respuesta solo recibió en su mejilla redonda y sonrosada, la cálida y húmeda lengua del animal que le hizo cosquillas y la alentó a sonreír exclamando:

— Ambos tendremos que acostumbrarnos a convivir en un mundo desconocido y entender que toda la magia y nuestra creencias viven en nosotros por siempre.

Tomar las riendas del futuro, bajo los propios términos


Ave y Estrella ante la declaración de su maestro sienten que sus corazones se aceleraban, también había en su interior una mezcla de pánico, contrariedad y desasosiego, buscaban mirándose entre ellas ese aliento de felicidad que manifestaba el maestro, pero les costaba encontrarlo.

El hombre bajó los brazos y las miró con atención,  con esa mirada penetrante y firme que tenía y afirmó:

— No, por supuesto que no hicieron nada mal, jamás piensen eso; sus eslabones están unidos en primer lugar al anciano cuervo, el mensajero de Odín, entregó su sabiduría en el momento que era preciso.

Unidos en primer lugar al anciano cuervo, el mensajero de Odín

— Cada una de ustedes forma parte de un eslabón, las une en una conexión que no podrían entender, pero que está ahí. No importa la distancia, no importa el tiempo, tampoco el espacio.

Estrella hizo a un lado un mechón de su largo cabello gris para apuntar:

— ¿Cómo se manifiesta el destino en eso que dices maestro?

El hombre hizo una mueca asertiva  y de cuclillas miró de frente a Estrella y giró levemente su rostro  para ver si Ave le observaba también  y declaró con seriedad:

— Les diré un gran secreto y quiero que lo guarden en su corazón y su memoria con gran celo:

“El destino no está escrito. Los hombres que buscan un séquito, aquellos que reúnen a pueblos enteros bajo el amparo de un templo, todos los que pagan por protección, se deben al amo que marca el destino de su existencia”

Agregó tocando su densa barba:

— La única y poderosa certeza que tengo es que ninguna de ustedes, ni por amor, tampoco por poseer poder, caerán en ese juego engañoso. 

Ave, le preguntó:

— ¿No sientes incertidumbre por nuestras hermanas?

A lo que el maestro les contestó con una sonrisa:

— No está ninguna de ustedes hechas de mi carne, pero cada una aprendió de mi lo que necesitaba para valorar lo fundamental, con pleno conocimiento de que es muy probable que nunca pisaremos de nuevo el mismo espacio.

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Salvarse al mirar a través del espejo


Ambas mujeres caminaron hacia el río donde podrían encontrar, de tener suerte, al alquimista; recolectaron unos frutos de los árboles del camino y se tomaron un descanso bajo la sombra de un bello cedro. 

Ambas mujeres comieron aquellos frutos que el bosque les brindó

— Entonces de acuerdo a lo que me has comentado el cazador exclamó tres afirmaciones, pero mencionó dos, antes de lanzarte aquella flecha, que se te enredó en el cabello.

— Te has fijado que cuando el miedo se atrapa de  tu ser, olvidas detalles que  posteriormente puedes recordar con alguna dificultad. Definitivamente lo que hizo el cazador fue señalar que tenía tiempo vigilando el lugar donde vivíamos con el maestro. Posiblemente no conocía la última respuesta.

— Eran palabras del maestro, la tercera es su premisa de vida, algo con los que podríamos ser condenadas, pero con lo cual lograríamos hacer la diferencia.

— Efectivamente. ¿Recuerdas el sueño que nos contó acerca de un hombre que se le apareció en sueños, en diferentes espacios con un rostro similar?

— Claro cómo olvidarlo,  después de esa noche, su actitud cambió, se volvió distraído, dejó de cantar cuando salía por la cosecha y todas nos dimos cuenta. Algo intuyó.

— Es bueno que seas tú Luna, la que se queda conmigo para ir al rió en busca del alquimista, tu intuición nos va a ayudar a descubrir muchas verdades ocultas. el destino nos ha unido para concluir esta parte del camino.

Luna miró fijamente a su compañera y exclamó:

— Él lo sabía, estuvo taciturno, no sabía cómo decirnos que nos alejamos del lugar, le costó mucho llegar a eso, espero al último momento.

— Ciertamente. Sabía que no había alternativa, él nos enseñó que el amor incondicional  no tiene cabida para el reproche, tal vez se sintió culpable por verse imposibilitado y dejarnos desprotegidas.

— Nunca nos dejó sin protección, nos enseño bien que llegaría el momento de ir por cuenta propia para poner en práctica todo lo que nos transmitió, él debe recordarlo. Aun cuando ha de pensar que sí lo volvemos a ver le reclamaremos su falta de corazón.

–Luna, no olvidemos esta conversación, todas somos el reflejo del maestro: ¡Qué el universo ilumine su camino!

Ambas mujeres comieron aquellos frutos que el bosque les brindó y sonrieron recordando bellos momentos.

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Nota de la autora Ariadne Gallardo Figueroa: https://lecturasdeary.com/2020/10/13/de-los-trazos-al-libro/

Recuerden que esto de escribir en blog nos coloca en la necesidad de ir armando los libros conforme escribimos, para quienes quieran seguir la secuencia les pido si no han entrado a ver el libro1 de Hechizo de Ave, lo hagan a través de QR que se encuentra ahí. Saludos y gracias por su interés en este relato.

Hoy es el día mas triste


Señales y símbolos rigen nuestras vidas

Vamos en busca de aquellas que tan solo adivinamos huyendo al igual que nosotras, un poco a ciegas sin saber el destino las unas de las otras. Hemos experimentado sangrientas batallas de odio y recelo, Finnbennach, perece ante la estocada de Donn; el hambre de poseer al más fuerte, al más dotado ha sido cruel para aquellos que no entienden el valor del todo, hasta el más humilde merece respeto, pero ellos esclavizan, mienten, inventan tretas para hacerse de mayores riquezas.

Alcanzamos a ver al dios guerrero junto a la luna, sabemos que no se detendrá, armado de paciencia sigue un ritual siniestro, su doble identidad lo defiende, pero no por mucho tiempo.

Un ángel viaje en alas de aves, escapa del tormentoso infierno donde las llamas arden y destruyen todo a su paso por la ira desatada de la cuarta hechicera, en su alforja ella resguarda lo que más importa.

Yo llegó al riachuelo calmo la sed y mis quemaduras, la piel del agua me dice secretos que me guardo muy adentro. La incertidumbre crece, no aplaco mi miedo ante la muerte que cada día gobierna el ritmo de los acontecimientos, nacer para morir, eso es cierto.