En el lejana Creta, ajenos a todo las vicisitudes por las que atravesaba el Maestro, la vida transcurría entretenida con las travesuras de Ariadna (Αριάδνα) que ya daba sus primeros pasos y su mundo cambió de una forma total, cuando no depende de alguien para irse a otra parte de la casa si lo deseaba.

Anker llegó aquella tarde con el rostro iluminado por la buena fortuna, llegó gritando con tal júbilo que Ariadna quiso correr y quedó sentada en su intento enmedio del umbral y maravillada por la  visión más agradable que jamás hubiera imaginado, su padre jalaba con un trozo de cuerda a un hermoso  borrego y con regocijo expresó en voz alta:

— Mantis, Ariadna, miren la buena fortuna está de mi lado, al fin la cosecha ha sido suficiente, pude comprarlo.

Su expresión era de total felicidad, contagiado de alegría, alzó en brazos a su hija y la acercó al dócil animal  al momento que le dijo:

— Este bello borrego te dará tu primer ovillo de lana querida hija, volveremos a empezar de cero, la vida nos sonríe.

El recién llegado borrego (Ovis orientalis aries), se convertirá en un gran amigo y compañía para Ariadna

Mantis los miraba con total alegría y meditaba sobre la esencia misma de ese bello animal que había llegado cuando la Luna creciente asomaba en el horizonte y dijo para sí:

< Vaya, la señal en la Tierra, los frutos en el camino. Ellas han dejado el agua, ahora puedo intuir con claridad.>

Los tres se abrazaron con alegría, la esperanza y la paciencia, estaban de su lado 


Pasadas algunas noches en aquel navío Estrella recibía extraños sueños que no lograba articular o entender, símbolos desconocidos y situaciones de paisajes nunca antes vistos, recordó lo que había sucedido con Sierpe cuando alcanzó a descifrar con la ayuda de Rowan, aquellos paisajes que la acercarían  a la tierra del suelo suave y cálido donde los señor del día aturdía con su brillantez.

Al compartir los presagios con el Maestro y Ave lograron reconocer las señales, tal como en su momento  Sol lo había logrado con lo que intuyó Sierpe. La visión fue impresionante y a la vez cautivadora:

Recordemos ahora la visión de Mantis, al querer conocer el destino de Ariadna

“La cueva muestra entre relámpagos, al monstruo devorador de doncellas. Un varón con audacia y sin medir el peligro con arrojo decide terminar con un trato desalmado y cruel.

Alguien seguirá sus pasos hasta la cumbre de una montaña, hablarán y harán un trato; el corazón de la tierra temblará con la fuerza del Toro, tres veces herido en el corazón.

Hay festejos en el poblado de una isla remota, desconocida para ellos, la promesa se ha cumplido, aquellos que hicieron el trato se alejan en una barca bajo la mirada de un monarca que agradece y teme al mismo tiempo.

Un ser alado cubre el viento con la buena nueva, la recompensa es para el pueblo. Ahora comprenden que aquellos que hicieron el trato están en ese futuro de un pueblo que al igual que otros ha vivido opresión y violencia.

Fotografía «La visión de una leyenda viva» de Ariadne Gallardo Figueroa


Mantis se preguntaba de qué forma reconocería a las hechiceras que se acercaran a ella, si sería a ella, o quizá esto sucediera cuando  Ariadna (Αριάδνα) tuviera la edad en la que su conocimiento del destino de su pueblo le pusiera en ese camino cuyo derrotero era el Toro.

Escucha pequeña le dijo a la criatura:

— Cada hechicera sabe que el tiempo no existe, existen momentos que debemos preservar para cuando sea el momento de expresarlos, ya se que no me entiendes, pero igual te lo digo, te veo atenta y eso me basta.

Anker se detuvo en la puerta y por su expresión algo lo mantuvo alerta y sorprendido y se lo dijo de inmediato a Mantis:

— Señora, ¿Acaso está tratando de educar en sus artes a mi pequeña?

— Yo no puedo influir en las pasiones de la gente, tampoco en sus habilidades, como su padre ante todo ella sabrá hilar, por que tu eras un vendedor de telas.

Se le quedó mirando con una gran seriedad sin quitarle la mirada de encima, para eso debes cuidarte y comer mejor esa depresión que te ha amarrado al pasado debes dejarla ir, al menos que me quieras dejar todo el trabajo de la crianza de tu hija.

Anker agachó la mirada y señaló:

— Me sentiría honrado que usted le enseñara lo que sabe señora.

la hechicera griega solamente lo observó retirarse y pensó para sí:

Mantis la hechicera griega miró su vela con la marca del tridente, antes de retirarse a dormir.

<Cuando alguien no te mira de frente, y te dice algo muy amable, tendría que responder al que en realidad lo trajo hasta aquí. Definitivamente no soy yo.>

De reojo miró su vela con la marca del tridente, antes de retirarse a dormir.

Fotografía «La herramienta de Poseidón» de Ariadne Gallardo Figueroa


Mantis arropaba a Ariadna (Αριάδνα) observando la destreza física del padre de la pequeña que con gran habilidad construía un techo que les abrigara en las horas por venir la noche caía con el trino de las aves que volvían a las copas de los árboles para abrigarse en grupos.

Algo consternada Mantis contaba con algo de cera de sus velas, pero no tenía la forma de hacerse con rapidez de más de ese elemento que le ayudaba en sus premoniciones del futuro. Sin embargo, bien sabía que no podía limitarse para entender lo que vendría y estaba preparada para conocer el por qué su vida se había ligado a la de esa familia deshecha por  la tragedia del terremoto.

Demandante y alegre como era su costumbre le gritó al varón:

— ¡Anker, tu hija no ha de pasar frío, apurate!

— Señora ya falta menos, después iré por dátiles y buscaré agua fresca y un poco de leña, no se preocupe todo estará a tiempo.

El hombre se secó la frente con el costado de su brazo y siguió su tarea sin detenerse, haciendo una reverencia de gratitud y respeto a la hechicera que los acompañaba y cuidaba de su hija.

Cuando fue posible entrar en la habitación de aquella improvisada casa,Mantis recostó a la criatura y dispuso sus trozos de cera:

— Tendré que improvizar querida Ariadna (Αριάδνα) pero es cierto que las casualidades deben contar un historia que las convierta en presagios y por casualidad no estamos juntas, veamos… La respuesta no está en tu padre, la tienes tú y hoy lo sabremos:

Mantis dispuso en sus manos de los trozos de cera que había guardado de sus velas y los tiró encima de su manta

En tus manos se ubica una tarea muy difícil, ahora comprendo la razón de nuestro encuentro

La experimentada hechicera se llevó ambas manos al rostro con asombro:

— La visión es clara, pero ese camino…

¿Quién lo recorre y por qué? Bueno, al momento, pequeña, observo que en tus manos se ubica una tarea muy difícil, ahora comprendo la razón de nuestro encuentro.

Mantis tocó con suavidad la cabeza de la pequeña, quien le entregó una cálida sonrisa.

Composición fotográfica de Ariadne Gallardo Figueroa


El predador acecha al más débil

Mantis con ayuda del hombre se  incorpora, empieza a mover las maderas de lo que antes era su techo y buscar los retoños de sus plantas curativas para hacer algo por la pequeña e interroga al hombre:

— — ¿Por qué dices que no sabes que hacer, que es todo eso de qué  hablas, qué se ha destruido?

— Mi casa mujer y el sitio donde vendía, mi tienda quedó rota.

— Mmmh! Sí ya se ve que ahora nadie te va a comprar. 

La hechicera miró al cielo y se dio cuenta de que la señal era muy clara, cuando el débil se queda sin refugio, el que puede aprovecharse acecha.

— Tendremos que irnos, buscar un sitio donde podamos asegurarnos que esta niña crezca y pueda iniciar algo en alguna otra parte, si nos quedamos entre los destrozos estamos a merced de los violentos.

— Es difícil lo que me pides, cómo voy a abandonar lo que tengo, lo que soy, mi terruño

— Mira a tu alrededor, no te ates a lo que no es posible, arriesga o perece. Observa la señal del cielo y de paso ayudame a hacer un fuego para hervir esto.

La mujer mostró un ato de plantas que sacudió de los escombros y buscó un cazo para hervirlas. al momento que el hombre dejaba en una esquina de la habitación destruida a su pequeña hija, exclamando:

— ¿Cómo es posible que no te duele dejar el lugar donde naciste?

— No tengo apegos, no soy de nadie, me basto sola.

El hombre la miró con tristeza, pero no dijo más sabía que era una hechicera y que algún conjuro la hacía feliz a su manera, aunque él no lo entendiera. Entonces preguntó:

— A pie no llegaremos lejos, ¿Qué sitio propones mujer?

— Κρήτη, Es un sitio con mucha vegetación, y claro no vamos a pie, nos vamos navegando, al menos en el mar no hay terremoto y el que me ha marcado me debe un favor…

La mujer observó su antebrazo con las tres heridas, que él no vio nada, ya que las heridas estaban envueltas bajo una improvisada venda.

Fotografía: «El mensaje del depredador» de Ariadne Gallardo Figueroa.


Mantis cayó de bruces en el suelo de su pequeño recinto, la tierra se estremeció con más fuerza, junto a su rostro la vela rota quedó junto a su cara, el aviso de lo impredecible ya no lo era tanto, del cielo comenzaron a caer bolas de fuego. Adolorida noto tres marcas de sangre en su antebrazo, la cabeza, sangraba y su único pensamiento era: Ποσειδῶν, το σημάδι της τρίαινας

¿Por qué decidió marcarla con tal fiereza? En realidad no era la única, en el pueblo debía haber mucha gente con grandes problemas, gente con familias en situación vulnerable ante la fuerza del temblor que rugió por tres ocasiones, destrozando lo que hubiera a su paso.

Se incorporó para ver su vela, sabía que no debía moverla el mensaje era ese y no otro, sus ojos no le dejaban mirar con claridad, después del golpe en la cabeza su visión tenía puntos brillantes, le punzan las sienes. La visión fue estremecedora:

Las táuridas se encontraban cayendo en los cielos del planeta, para la hechicera griega esto representaba mucho más

Al momento golpearon con fuerza a lo que quedaba de su puerta, un hombre maduro con una niña en brazos le pedía auxilio, era su hija y estaba quemada con golpes en las piernas, malherida, tanto como él lo estaba. con llanto en los ojos suplicó a la hechicera:

— Mi mujer ha muerto Mantis, no se que hacer todo está destrozado

— Ayúdame a levantarme de entre los escombros, tengo que ver si  mis remedios están disponibles o los he perdido, ¿Cómo se llama tu hija?

— el varón retiró la manta del rostro de la pequeña y con suavidad la observó,  pequeña semiinconsciente y le dijo: se llama Αριάδνη

Fotografía: «La agitación de las aguas, Poseidón y Tauro» de Ariadne Gallardo Figueroa.

Nota de la autora: Si en efecto son mis propias velas las que me dan pauta para escribir esta historia que tanto me divierte, gracias por seguirme


La noche se convirtió en una tortuosa inquietud, Mantis se arropaba tratando de evitar el frío que calaba sus huesos, la copiosa lluvia no había cesado, su malestar aumentaba al no poder mirar el firmamento y conocer la posición de las estrellas, que era una de las charlas más tranquilizadoras y otras veces profundamente reveladoras con las  que podía contar. Miró a su compañera de todas las noches, la vela que había encendido solicitando algún resquicio de mensaje, por lo menos la mínima certeza de lo que esperaba:

Mantis observó con asombro la batalla de la bestialidad y la inteligencia, ligadas por la magia

Se percató de inmediato de una fuerte batalla en medio del agua de algún sitio lejano, un extraño sentimiento de amenaza existencial se apoderó de Mantis. Un pequeño espíritu acompañaba al fuego, esa luz de tonos celestes y  tenues de la vela casi a punto de extinguirse le mostró la cruenta batalla que se había encarnizado con las hechiceras en aquellas  tierras gélidas.

Observando la cera vio a dos seres indefinidos pero igualmente poderosos, uno de ellos poseía un gran ojo, el otro era un varón de gran estatura que sostenía un cordel entre sus manos; Mantis exclamó con asombro:

¡La batalla de la bestia y la inteligencia!

De pronto lo que quedaba de la diminuta llama de la vela se apagó y la tierra bajo sus pies comenzó a agitarse de forma brutal. El agitador de la tierra y los mares, con el poder para enloquecer y provocar convulsiones,  el poseedor todo lo que se mueve con ira, se hizo presente.

Historias que se transmiten desde épocas lejanas, que no sabemos en qué momento fueron pronunciadas por primera vez y el modo como fueron modelando colosales historias para justificar atrocidades y otras situaciones menos sorprendentes.

Mantis y sus hermanas de habilidades, viajeras y nómadas, ahuyentadas por los convencionalismos y forzadas a alejarse, deben haber cultivado no solo el arte de la magia, su talento para la apofenia les permitió crear un mundo que posiblemente no sería lo mismo y no habría permitido difundir en el tejido histórico esa sutil remembranza de mágicos hilos perdidos en el tiempo.

Fotografía: «El alquimista, la magia y la bestia» de Ariadne Gallardo Figueroa


Salir de aquella cueva con nuevos mensajes recibidos, les permitió a cada una de las damas mágicas percibir la realidad con un tono aumentado, el aroma petricor proveniente de la reciente lluvia pertinaz, ante la presencia de la luna llena les dio un alivio al reciente encierro en ese laberinto de aromas densos y de carga magnética impresionante.

La suave alfombra luminosa de luciérnagas se extendía a lo largo del horizonte, de esta forma fueron conscientes de la calma y confianza que el territorio les inspiraba, abrir los sentidos a la naturaleza sin duda era uno de los regalos mas bien recibidos.

Una de ellas miró al cielo precisamente al sitio donde más adelante otros reconocerían a la constelación de Tauro y colocó su mano sobre el hombro de la mujer de mayor edad entre ellas, en ese momento se dieron cuenta que había un lugar en el mundo donde otra mujer usaría un ovillo de lana y cuya magia desconocían.

La mayoría nos hemos dado cuenta que el ovillo al que nos referimos pertenece a la cultura griega y la poseedora del ovillo es Ariadna.
El ovillo que buscará la justicia

Ambas decidieron que dos de ellas emprenderían el camino hacia ese territorio distante y misteriosos, les esperaba el encuentro con encrucijadas y leyendas totalmente nuevas y laberintos donde definitivamente habitaban monstruos feroces, pero todo esto no era algo que al momento pudieran entender, optaron por lanzar las runas y dejar a la suerte de dos de ellas este fascinante episodio.