Sierpe tenía la tarea más compleja de todas, atravesaría un mar gélido e impetuoso, ella sabía perfectamente que aquellos  que lo nombraban Östersjön, deseaban que todos los poblados cercanos a ese inmenso sitio, aceptaran ese nombre por igual; calladamente se sembraba la idea entre pequeños grupos y aldeas. Pero no era así,  la permanencia a un sitio les daba la dignidad de nombrarlo de otra manera, la de su propia cultura, un vasto sitio para todos aquellos que vivían de su riqueza marina y les ofrecía la facilidad para moverse sobre la piel del bravío y portentoso Östersjön, Ostsee, Itämeri o Läänemeri.

Para ella era  Austmarr, tal como les había enseñado su maestro cuando las sentaba a todas delante de una fogata para contarles historias y aventuras de sus viajes por el lago del Este, (Austmarr). Con sorpresa intuyó que seguramente ahora él se dirigía por Gandvik, el mismo lago convertido en la bahía hacia el mar, para perderse  y olvidar  todo lo doloroso que vivieron, donde faltó poco para que perdieran la vida.

Recordaba con alegría cuando congregadas a las afueras de aquella cueva Sol, la nombró para liderar un viaje a solas: “¡Serás una sierpe de otra estirpe!”

Todas las hechiceras sabían de su habilidad para eludir obstáculos y llegar al objetivo mirándolo de frente, también sabían de su terquedad y explosivo mal genio cuando reconocía que a alguien le tenía que decir algo, no se andaba por las ramas, le miraba de frente hasta dejarlo inmovil y todos a su alrededor clamaban a Odín por que no se le ocurriera abrir la boca, ya que sabían que con pocas palabras le partiría el alma en trozos al sujeto en cuestión y encima le haría recogerlos uno a uno para reconstruirlos de una forma aceptable.

Para su cultura la representación de las serpientes significaba el más alto rango de sabiduría y ella lo tenía, con facilidad aprendía lenguas y podía construir argucias para salirse con la suya de una forma muy sorprendente. 

Nota de la autora: Después llegarían otros pueblos y le darían a la serpiente un rango degradado y atroz. Verían el pecado y la vileza en todas ellas y además lo harían creer como verdad inmutable al momento de adoctrinar poblados enteros.

Fotografía De SeaWiFS Project, NASA/Goddard Space Flight Center, and ORBIMAGE –


Las dos mujeres siguieron su camino bordeando el río, agradecieron a Freyja y su energía poderosa puesta en  la naturaleza que les brindó un bocado caliente con ese robusto conejo, necesitaban fuerzas para seguir adelante; la Luna brillaba con intensidad en las mejillas sonrientes de Luna, ella, caminaba siguiendo el paso de su hermana en esta aventura.

Especialmente para Luna el reflejo en el rió del astro enigmático y poderoso, empezó a cambiar en el transcurso de las horas, la escarcha iniciaba su discurrir  inmovilizando las fuerzas que antes viajaban raudas y vivaces.

La escarcha inició un juego que solamente entendía la intuición de Luna

Igualmente la Luna brillaba intensa para Mantis, quien deseaba encontrar en la magia los azares del destino ahora que ya estaba en Creta, también para Sierpe quien buscaba secretos en su andar hacia las arenas de ese ignoto lugar del planeta. Todas ellas se intuían, aun cuando no tenían la certeza de cada uno de sus pensamientos.

La escarcha inició un juego que solamente entendía la intuición de Luna, quien encontró en las imágenes que le brindaba el río, la corona perdida de algún Monarca que soñaba en su poder.

Con curiosa impaciencia preguntó a Sol:

— ¿Qué opinas de los Reyes?

— Son personas con un destino trazado del que no pueden escapar con facilidad. ¿Recuerdas que yo sentía especial admiración por uno de ellos en mi juventud?

— Si era doloroso, para mi el amor debe ser un pacto de afectos, sin embargo tu prefieres aceptarlo como “admiración”, pero mi intuición me dice otra cosa.

— Por supuesto Luna, entre ese hombre y yo la imposibilidad era el único razgo evidente, aún cuando quisieramos  verlo de otra forma, yo no hubiera pasado más alla de su cocina de haber querido seguirlo de cerca. Además habría estado en peligro y ciega por defenderlo, no me hubiera importado transgredir lo que fuera, olvidandome de todo lo demás.

Luna se quedó mirando al rio escarchado con hielo cada vez más sólido y el frío  intenso que rodeaba el ambiente y exclamó:

Ciertamente, no es fácil ser de otro cuando su poder limita tu libertad.

Ambas siguieron su camino con la esperanza puesta en lo desconocido, cuyos peligros enfrentarían descubriendo habilidades y fortalezas en su propia debilidad.

Photo by Shvets Anna on Pexels.com


Sol y Luna, deciden seguir la ruta del río que las llevaría hasta un sitio donde la tierra ya no sería visible, se habían quedado dormidas dentro de una pequeña formación rocosa que las abriga del frío que comenzaba a hacerse cada vez más insoportable. Luna con precaución tomó la mano de su hermana y le preguntó:

— Sol, ¿Me puedes decir que te dijo el alquimista que yo no supiera o no es posible? 

— ¿Qué recuerdas? En realidad hubo momentos de gran presión con ese monstruo que nos intentó controlar, definitivamente creo que en situaciones como esa, reaccionamos bien, eso es fabuloso.

— El alquimista dijo que conocía tu otro nombre, eso no lo entendí, nosotras no tenemos nombres como los habitantes de las aldeas que incluso se ponen un segundo nombre que refiere a la actividad productiva de la familia, no es nuestro caso.

Sol la miró reflexiva y asentó con la cabeza:

— Ciertamente, Luna, marcar a Balar con mi fuego le dio a conocer a la magia oscura que es vulnerable a la fuerza que somos. De la misma forma que encendí  el campo para rescatar el alma de una de nosotras, ese campo se restablecerá con mucha más fortaleza y su terreno será aún más fértil.

Ese campo se restablecerá con mucha más fortaleza y su terreno será aún más fértil.

Ese fuego unido a cada una de las fuerzas mágicas que somos, nos brindó el poder para crear un lenguaje propio y adivinatorio a través de las runas, nos otorgó trascendencia, unidad y permanencia.

El fuego mal empleado es el más avasallador de los peligros, usado con mesura e inteligencia es un aliado, nos ayuda a renacer de las cenizas y motivar a la vida a extenderse. En nuestro caso vamos en busca de todos aquellos que han decidido no dejarse vencer por la lanza y la fuerza, que han optado por  iluminar con inteligencia lo que vamos a legar a los que vengan después.  

Luna, sonrió a su hermana, y exclamó:

— Cada una de nosotras va a encontrar ese momento donde la magia nos señale la fuerza  que somos. 

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Fe de erratas: Corregido.


παλάμες

El recorrido bajo la vigilancia del guardián de los mares, no fue algo difícil, todo lo contrario, incluso cayeron en la barca unos peces voladores, Manti se tocaba el brazo herido, agradeciendo al dador de tormentas (Poseidón) su ayuda, de todas formas ella sabía que en el futuro algo le pediría y no sería tal vez agradable, pero si recibes privilegios, es seguro que deberás hacer algo por pagarlos posteriormente.

No importaba, al momento no sabía en lo que se estaba metiendo, pero su actitud siempre le veía el lado positivo a las situaciones, en cuanto vio árboles de dátiles supo que la vida  y los alimentos de ese delicioso manjar estaba a su disposición y del hombre que seguía con una actitud de profunda nostalgia.

— Hombre, Anker, animate que todo lo que sientes se lo transmites a tu hija, ella percibe a un ser triste y con nostalgia, ¿Quieres que eso lleve en su memoria tan temprano? Dale vigor; allá en la distancia hay dátiles y posiblemente algo más para recuperar las energías y hacernos de un hogar temporal, eres fuerte, y me vas a ayudar a hacerlo, ayudémonos juntos.

— Señora Mantis, tanto tiempo aquí sentado me ha hecho sufrir, pero el trabajo manual me ayudará a despegar mi mente, de eso puede estar segura, con la luna llena vienen lluvias, y necesitamos abrigarnos en un sitio que resista, tiene razón.

— Bien, vamos de fortuna con tu actividad frenética en busca de equilibrio lograremos vencer  lo que venga.

— Ambos sonrieron con las mejillas tostadas de sol y agradecidos ante la brisa del atardecer que les dejaba ver a la Luna iluminando las aguas cercanas a Creta.

Ariadna, dormía envuelta en las hojas sanadoras de Mantis y alimentada con higos machacados con corazones de los peces voladores que les había obsequiado el guardián, Poseidón.

Nota de la autora: Si alejamos las imágenes de un terreno específico notamos con claridad que todas las hechiceras se empiezan a movilizar por diferentes caminos, Sierpe sigue hacia Egipto, Ave y Estrella van a Grecia, Sol y Luna siguen su camino a orillas del Río Pärnu, hacia la desembocadura del Golfo de Riga. 

Fotografía Palmeras (παλάμες) de Ariadne Gallardo Figueroa.


Dos dragones acompañaban a la Luna de camino a Creta

Para Mantis su más grande amor siempre estaba dentro de ella misma, para el hombre que sufrió la perdida de su mujer y quedó con su hija Ariadna (Αριάδνα) en brazos, estaba dividido, una parte en la tierra que se disponían a abandonar con la ayuda de la hechicera y otra en la pequeña criatura que estuvo a punto de fallecer de no ser por el apoyo de Mantis.

Con un  paño la mujer colocó en el cuerpo de la pequeña algunas hojas tibias que ayudaron a aliviar sus moretones y el calor de aquellas hierbas, la conforto para recuperarse poco a poco; cuando ambos la vieron sonreír sintieron que la vida les cubría de una nueva esperanza, la vida se abría paso aún en las condiciones más complejas.

Con esa franqueza alegre que ella siempre tenía miró al hombre y le dijo: A todo esto, ¿Cuál es tu nombre?

— Anker, señora, ese es mi nombre.

— Bueno Anker, afuera hay una pequeña embarcación para revisar, debe soportar la fuerza de los mares. Por fortuna tu hija hoy nos ha regalado una bella sonrisa. Voy a llevarme lo que pueda servirnos para viajar ligero, en tres días será Luna llena, pero no podemos quedarnos en este sitio por más tiempo.

En poco tiempo las copas de los árboles estarán cubiertas de palomas, que intentarán que los caídos se levanten y su desesperación las agotará hasta que sean los buitres los que tomen lugar…

El hombre se rascó la cabeza y volteó  para mirarla antes de ir a revisar la pequeña barcaza y la interrogó:

— ¿Me puedes decir cómo es que entiendes a los pájaros?

— Te puedo enseñar, si el tiempo que estemos cerca pones atención, pero eso es de lo más fácil, solo necesita paciencia y observar:

Ellas, las palomas, se colocan en las ramas cerca del que no se mueve y su sonido es el mismo, no cambia: le-van-ta-te, le-van-ta-te, le-van-ta-te… Hace algún tiempo tuve en esta casa a un hombre muy enfermo, las palomas llegaban por la mañana y se quedaban varias horas haciendo  el mismo sonido, desesperadas por lograr lo que no sería posible.

Cuando el hombre falleció no volvieron, tampoco los buitres;  yo le di una adecuada despedida y lo sepulté. Ya no me preguntes más, al menos ahora ya sabes algo de las palomas, ve y haz lo que te pedí.

Cuando todo estuvo listo la mujer alzó en brazos a la pequeña Ariadna  (Αριάδνα) y siguieron el camino que los alejaba de la destrucción.

Al aparecer la Luna, Mantis notó con sorpresa que era custodiada por dos enormes bestias, recordó que durante las horas de la mañana, cuando Anker llegó a lo que fuera su casa, ella vio a otra, con las fauces abiertas, y dichas escenas se repitieron tres veces, durante el viaje; ahora dos bestias custodiaban  a la Luna (Φεγγάρι).

Recordó que solo los fuertes y hábiles logran sobrevivir,  tendrían que ser astutos y decididos para lograr salir adelante en tierras extrañas. Miró al hombre arrullando con ternura a su pequeña y se preguntó qué clase de ser humano sería.

Fotografía: “Los dragones que custodian a la luna” de Ariadne Gallardo Figueroa


El predador acecha al más débil

Mantis con ayuda del hombre se  incorpora, empieza a mover las maderas de lo que antes era su techo y buscar los retoños de sus plantas curativas para hacer algo por la pequeña e interroga al hombre:

— — ¿Por qué dices que no sabes que hacer, que es todo eso de qué  hablas, qué se ha destruido?

— Mi casa mujer y el sitio donde vendía, mi tienda quedó rota.

— Mmmh! Sí ya se ve que ahora nadie te va a comprar. 

La hechicera miró al cielo y se dio cuenta de que la señal era muy clara, cuando el débil se queda sin refugio, el que puede aprovecharse acecha.

— Tendremos que irnos, buscar un sitio donde podamos asegurarnos que esta niña crezca y pueda iniciar algo en alguna otra parte, si nos quedamos entre los destrozos estamos a merced de los violentos.

— Es difícil lo que me pides, cómo voy a abandonar lo que tengo, lo que soy, mi terruño

— Mira a tu alrededor, no te ates a lo que no es posible, arriesga o perece. Observa la señal del cielo y de paso ayudame a hacer un fuego para hervir esto.

La mujer mostró un ato de plantas que sacudió de los escombros y buscó un cazo para hervirlas. al momento que el hombre dejaba en una esquina de la habitación destruida a su pequeña hija, exclamando:

— ¿Cómo es posible que no te duele dejar el lugar donde naciste?

— No tengo apegos, no soy de nadie, me basto sola.

El hombre la miró con tristeza, pero no dijo más sabía que era una hechicera y que algún conjuro la hacía feliz a su manera, aunque él no lo entendiera. Entonces preguntó:

— A pie no llegaremos lejos, ¿Qué sitio propones mujer?

— Κρήτη, Es un sitio con mucha vegetación, y claro no vamos a pie, nos vamos navegando, al menos en el mar no hay terremoto y el que me ha marcado me debe un favor…

La mujer observó su antebrazo con las tres heridas, que él no vio nada, ya que las heridas estaban envueltas bajo una improvisada venda.

Fotografía: “El mensaje del depredador” de Ariadne Gallardo Figueroa.


Por razones que me llevarán a un camino nuevo me vi en la necesidad de hacer una revisión detallada de la primera parte que sin duda la plataforma del Club de escritura nos brinda, no podría entenderse sin el uso de los “llamados Bocadillos” o bubble marks, que permiten seguir la secuencia y hacerse a un lado del relato para obtener información adicional.

La forma mas sencilla de llegar es a través de este link: https://clubdeescritura.com/?p=10338637

Saludos y gracias por estar aquí.


La noche se convirtió en una tortuosa inquietud, Mantis se arropaba tratando de evitar el frío que calaba sus huesos, la copiosa lluvia no había cesado, su malestar aumentaba al no poder mirar el firmamento y conocer la posición de las estrellas, que era una de las charlas más tranquilizadoras y otras veces profundamente reveladoras con las  que podía contar. Miró a su compañera de todas las noches, la vela que había encendido solicitando algún resquicio de mensaje, por lo menos la mínima certeza de lo que esperaba:

Mantis observó con asombro la batalla de la bestialidad y la inteligencia, ligadas por la magia

Se percató de inmediato de una fuerte batalla en medio del agua de algún sitio lejano, un extraño sentimiento de amenaza existencial se apoderó de Mantis. Un pequeño espíritu acompañaba al fuego, esa luz de tonos celestes y  tenues de la vela casi a punto de extinguirse le mostró la cruenta batalla que se había encarnizado con las hechiceras en aquellas  tierras gélidas.

Observando la cera vio a dos seres indefinidos pero igualmente poderosos, uno de ellos poseía un gran ojo, el otro era un varón de gran estatura que sostenía un cordel entre sus manos; Mantis exclamó con asombro:

¡La batalla de la bestia y la inteligencia!

De pronto lo que quedaba de la diminuta llama de la vela se apagó y la tierra bajo sus pies comenzó a agitarse de forma brutal. El agitador de la tierra y los mares, con el poder para enloquecer y provocar convulsiones,  el poseedor todo lo que se mueve con ira, se hizo presente.

Historias que se transmiten desde épocas lejanas, que no sabemos en qué momento fueron pronunciadas por primera vez y el modo como fueron modelando colosales historias para justificar atrocidades y otras situaciones menos sorprendentes.

Mantis y sus hermanas de habilidades, viajeras y nómadas, ahuyentadas por los convencionalismos y forzadas a alejarse, deben haber cultivado no solo el arte de la magia, su talento para la apofenia les permitió crear un mundo que posiblemente no sería lo mismo y no habría permitido difundir en el tejido histórico esa sutil remembranza de mágicos hilos perdidos en el tiempo.

Fotografía: “El alquimista, la magia y la bestia” de Ariadne Gallardo Figueroa


Balar se dio cuenta que aquella extraña reunión, se imponía. Comenzó a arrastrarse muy cerca del espejo de agua para sorprender al grupo y concluir su mortal tarea, fijando su único ojo para destruirlas.

La hechicera más experimentada se percató y reconoció su más grande debilidad, encontrando en ésta,  una enorme fortaleza, si miraba a Balar con su ojo ciego, lograría engañarlo pero no estaba sola.

De la nada,  frente a ella apareció un cordel de un extraño material maleable y resistente, algo único, brillaba delante de sí, producto de la magia del alquimista, Escuchó en su cabeza al manipulador de energías, quién lanzó un reclamo grave y poderoso con tal fuerza, al grado de crispar las venas del cuello de la mujer. Después de tres días de ayuno su capacidad física estaba en el límite de la desesperación, sin embargo el grito le permitió reunir las pocas fuerzas que aún le quedaban:

“¡Haz lo que tienes que hacer!”

El alquimista la observó sin que ella lograra mirarlo, había dos alternativas y él no sabía por cuál se decantaría la hechicera…

Ella  vio de inmediato el poder de un nudo protector. Tomó al vuelo aquella cinta y la enredó en la cabeza de Luna, tensó dos fuertes nudos y la aventó hacia la orilla.

Por segunda ocasión el fuego liberaría a su estirpe de la muerte

Saltó dentro del río, arremolinado por la rabia contenida, con  un grito desgarrador extendió sus brazos hacia Balar, las aguas empezaron a hervir, hojarasca crepitante a su alrededor y una llamarada arqueó el lomo de la bestia, herida se alejó del lugar.

El alquimista volvió a hablar esta vez entre el susurro de los árboles, al momento que Luna se retiraba la venda mágica de los ojos, buscando la presencia de aquel ser enigmático, sin lograr verlo, éste exclamó:

“Ahora conozco tu otro nombre, mujer, sigan su camino que el sello ha sido decretado”

Cuentan los más viejos, sin que a nadie le conste que Balar lleva en el lomo una quemadura, de la cual jamás ha dicho nada. Pocos saben de esta historia, hasta ahora.

Por mucho tiempo se pensó que la causa por la cual la luna se refleja en los ríos de aquellos parajes pero jamás toca el agua, era precisamente por la acción de la hechicera protectora que le impidió entrar.

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Fotografía “Su nombre es fuego protector” de la autora: Ariadne Gallardo Figueroa