Se acercó Estrella con fruta para preguntar si navegarían  juntos, al momento que atracó en el puerto una embarcación de rudos y ruidosos  vikingos, el maestro con clara preocupación les pidió que bajaran a esconderse, que nos las vieran en cubierta.

Un varón de gran estatura con hendiduras de hierro candente en su rostro y brazos, constataba que habían sido bruñidas para salvarlo de la muerte. Desde la nave le gritó al pescador:

— Tú, ¿Qué cambias por la cesta de pescado?

— Lo que tenga, menos miel

— Un costal de sal

— Está bien.

El varón mandó a otro hombre de mirada fría como el hielo con un costal mediano de sal. El maestro agradeció con la mirada y retiró las amarras del navío para separarse lo antes posible del lugar.

Pasadas unas horas atracaron en una lejana donde las rocas golpeaban con fuerza, hasta ese momento Ave y Estrella salieron a respirar el salitroso viento del lugar.

El maestro dijo con alegría:

–Me guarde dos peces para comer antes de dormir, vamos acá estamos seguros.

Estrella dijo:

— ¿ De verdad crees que guardan miel en esa nave?

— No tengo idea, pero era mejor advertirles, todas recuerdan aquel momento en que Espiga llegó feliz con los brazos hinchados y una colmena entre las manos, ¿Verdad?

Ambas mujeres recordaron el pasaje con algunas risas mustias. Ave añadió:

— Recuerdo, le dijiste que había robado el sustento de la luna diseminadora, esa que la había protegido cuando llegó a este mundo.

El maestro señaló:

— Cierto bajo esa luna me la entregó su madre antes de partir. Pero lo más importante de todo esto es que al llegar al panal fue atacada  por un grupo protector, dispuesto a perder la vida para conservar la colmena, ella aceptó los pinchazos y robó la colmena.

Valoran la vida de cada una de ellas y sólo pondrán a unas cuantas a darlo todo por defender su forma de cultivarse.

Ave dijo cabizbaja:

— Estos vikingos son como los protectores de las colmenas, dan la vida por proteger su territorio y muchos terminan sin vida y sin tierra para crecer.

El maestro asintió y añadió:

— ¿Recuerdan la promesa que hicimos ese día?

Ambas mujeres casi al unísono dijeron:

-Quien nunca probaremos la miel.

–Claro y no por miedo a los pinchazos, sino porque estamos respetando el colmenar que les da vida y protección a las abejas, las ayuda a ser diseminadoras de vida y alegría. esos sabios seres no van a combatir al ladrón en grandes volúmenes, valoran la vida de cada una de ellas y sólo pondrán a unas cuantas a darlo todo por defender su forma de cultivarse.

Estrella apuntó:

— Sin embargo, los humanos, se abalanzan en grandes grupos a perder la vida, la tierra y no imaginan lo que viene.

El maestro la tomó por el hombre y señaló:

— Hay visionarios y estrategas, uno de estos grupos querrá dictar la historia con un sello de fuego y sangre, el otro intentará convencer, construir sucesiones y estructuras.

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El maestro se levantó temprano aquella fría mañana, antes de tener la certeza de que el momento de partir había llegado, preparó sus enseres de pesca para vender o intercambiar por herramientas que le fueran útiles, lo que obtuviera en la pesca de ese día.

Recio hombre de mirada alegre, de mediana estatura, densa barba castaña, experimentado navegante de aguas costeras, no mayor a 50 y tantos años…  Observaba en la distancia aquella inmensidad impresionante por donde iniciaba su ascenso el Sol.

Miraba esa bella escena marina, ahí donde el señor del día se levanta, dijo el maestro

Recordó con alegría y nostalgia a la mujer que igual que él fueron arrancados de sus raíces para tener que buscarse la vida en un sitio alejado donde fortalecerse  y alentar a otras criaturas a crecer en libertad.

Sintió una delicada mano en su hombro, era Ave que le preguntó que lo tenía tan absorto, a lo cual el maestro señaló:

— Miraba esa bella escena marina, ahí donde el señor del día se levanta  y recordé a Sol, me preguntaba qué habrá vivido después de que nos separamos y sí ella también habrá pensado que las abandoné.

Ave, lo miró con suavidad y le recordó:

— Ella es una leal alumna de tus enseñanzas, aún en la huida se comportó como si tú estuvieras ahí, en muchas cosas es tu reflejo maestro; cuando fundió el anillo ella era conciente que no le pertenecía y que formaba parte de algo superior a lo que pudiéramos comprender. Bueno ahora lleva consigo algo para compartir con el mundo y no le va a pasar como a mi que me quede muda al no saber qué decir entre esta gente que no habla los símbolos que conocemos.

El maestro la observó y soltó una sonora carcajada cuando le dijo:

— Ave tú has pensado que todos van a estar interesados en usar las runas para darse a entender, no, absolutamente no. La gente sí pisas su territorio querrá imponer sus leyes, lenguaje y costumbres.

Sol tendría que tener en sus manos un conocimiento muy especial como para que los otros quieran entenderlo y esforzarse por aprender nuestra lengua o la forma como se leen las runas.

Ave frunció el ceño e interrogó:

— ¿Sí la muerte de Camino, no es importante para los demás, entonces porque dijiste que habíamos trascendido?

— Lo dije por que juntas se han dado cuenta que no están solas, que hay más gente que piensa igual, personas que no han conocido y que esperan allá en la distancia, gente que se ha esforzado por evitar la exclavitud, que se ha valido de su astucia para no caer en manos de los que necesitan carne para las lanzas. Además sería necio creer que la magia solo nos pertenece a nosotros, debe sin duda esconderse en mucha más gente que ha de reconocer el misterio de la vida y las señales que quedan después de la muerte. 

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Nota de la autora: Me han escrito preguntando al correo AGF@lecturasdeary.com si hay un problema de continuidad en las edades de las hechiceras y el maestro, absolutamente no. Las historias lineales son muy predecibles, así que solo les invito a seguir leyendo cada tramo del desarrollo de “Hechizo de Ave”

Vamos de nuevo con el relato:

Nada es propicio para seguir el camino, pero Sierpe sabe que no puede detenerse, pero algo la sorprenderá sin que ella pueda evitarlo.

A veces Sierpe confía demasiado en su certeza pero no es consciente de que las habilidades de otros pueden ser reconocidas de la forma menos esperada.

La noche cae, el único sitio confortable es un establo de cabras. Sierpe se desliza en silencio hacia ese rincón que le permitirá comerse el trozo de pan del que pudo hacerse y guardar energías para seguir con el alba su camino hacia tierras distantes.

Alguien con igual cautela y sigilo se ha deslizado al mismo sitio, sin ser visto… cuando menos se lo espera la hechicera es apresada por la espalda y recuerda con claridad su sueño en la cueva que vigilaba Rowan:

 “Sentir los brazos y las piernas inmovilizados”

La mujer se esfuerza por zafarse del captor que al oído le dice:

— ¿Qué diablos haces aquí? Te he vigilado, robaste pan al tendero y ahora te encuentro escondida en este lugar.

Sierpe busca la forma de morderlo, pero con habilidad el varón amordaza su boca con su mano y le dice en voz queda:

— No vas a gritar, ¿Quieres que se den cuenta de que estamos aquí? Más te vale guardarte y decirme quién te ha mandado a este lugar.

Siempre se da cuenta que el hombre posiblemente se debe a un grupo y tiene que buscar la mejor forma de zafarse y eludirlo, ella sabe que hay  grupos de raptores, cazadores de hechiceras y hábiles estafadores dispuestos a vender cualquier información al mejor postor. 

El varón le retira la mano del rostro, esperando que ella le diga lo que él le ordenó, a lo que Sierpe contesta:

— No te voy a decir nada y si me quieres violar claro que voy a gritar y si no logro que me ayuden, completo no te vas de aquí.

El hombre la mira sorprendido y se ríe, no la suelta se acerca de nuevo a su oído y susurra:

— Tienes agallas, mujer

— ¡No voy a decirte nada, lárgate!

— No lo haré, eres hábil y eso es útil, te he seguido hace cinco días…

— ¡Ahora suéltame, o la cabra cumplirá mi orden!

El hombre sorprendido se da cuenta que detrás de él está una cabra que se pone de espaldas a él y levanta ambas patas traseras golpeando con fuerza el torso del confiado varón.  

La hechicera se incorpora y sacude la paja de sus faldas, se da cuenta que el hombre recibió un golpe en la sien y está prácticamente inconsciente, busca una cuerda y le ata de pies y manos con nudos certeros y bien hechos, al momento que dice:

“Otro que ahora sabe de qué estamos hechas”

Se retira con precaución del lugar y pese al frío intenso sigue su camino evitando los lugares concurridos.

Fotografía “La Trampa” de Ariadne Gallardo Figueroa


Estrella cocinó  pescado en aquel pequeño cubículo de la embarcación del maestro donde pudieron evitar el viento que con solo rozar la piel podía herirla, con avidez el maestro las interrogó, quería entender que las había determinado a avanzar lejos de todo lo conocido.

Ave, con aquel trozo de bocado compartido con tanto cariño, indicó que Rowan les había hablado a cada una de ellas y la parte que más le había impactado fue cuando dijo a Sol que había muertes que eran necesarias.

El maestro reconoció con la mirada que de alguna forma todo eso era verdad y añadió:

— El cazador no podía saber a quien estaba apuntando con aquella flecha mortal, en su mente aniquilarlas era la consigna que le habían dado, sin importar quién de ustedes fuera. Para nosotros, sin importar la existencia de un destino, no es difícil prever la causa por la cual precisamente Camino y Espiga fueron elegidas para partir, o lo hicieron pese a no desearlo, son símbolos que quedan para nuestra enseñanza.

Estrella repartía más trozos de pescado y añadió:

— Camino fue quien dejó una ruta precisa en los huesos de aquel animal legendario, el que cuida nuestro paso por la historia y conserva las enseñanzas más antiguas de nuestra tradiciones.

Ave llevándose la manos a su corazón exclamó:

— Por su parte Espiga se incendió en el bosque, liberando su alma en un acto de fertilidad para quienes pisen ese terreno en los años por venir, sus cenizas serán fortaleza y alimento.

El maestro las tomó a ambas por el hombro y con suave voz señaló:

Además los simbolos no se hubieran logrado sin la energía de cada una de ustedes. Ahora cuentenme cómo que que decidieron el camino que debían tomar, quíen decide que Sierpe avance sola y cómo supieron de una dama que usa el hilo de lana en tierras.

Ambas mujeres se miraron y fue Ave quien mirando fijamente al maestro le dijo:

Las voces de Rowan indicaron en sueños lo que los murciélagos señalaron.

— Rowan y los murcielagos pusieron voces e imagenes en cada una de nosotras, no sabemos si aquello que vimos se cumplirá en lo que nos resta de vida o sucederá después, pero hay un lazo que conecta el mundo que somos con el que sentimos y no se limita a lo que podemos ver, incluso puedo pensar qe hay gente que nos presiente, que siente y piensa como nosotros.

El maestro con orgullo, mascando su bocado sonrió y exclamó:

— Claro, tierras distantes con otras costumbres pero con personas de mente abierta para defender la libertad. Ellos ven las mismas estrellas, observan el mismo mar, jamás del mismo lado, pero nunca diferente si la luz del entendimiento los guia.

Imagen de  Rowan de HOerwin56 en Pixabay


Ave y Estrella ante la declaración de su maestro sienten que sus corazones se aceleraban, también había en su interior una mezcla de pánico, contrariedad y desasosiego, buscaban mirándose entre ellas ese aliento de felicidad que manifestaba el maestro, pero les costaba encontrarlo.

El hombre bajó los brazos y las miró con atención,  con esa mirada penetrante y firme que tenía y afirmó:

— No, por supuesto que no hicieron nada mal, jamás piensen eso; sus eslabones están unidos en primer lugar al anciano cuervo, el mensajero de Odín, entregó su sabiduría en el momento que era preciso.

Unidos en primer lugar al anciano cuervo, el mensajero de Odín

— Cada una de ustedes forma parte de un eslabón, las une en una conexión que no podrían entender, pero que está ahí. No importa la distancia, no importa el tiempo, tampoco el espacio.

Estrella hizo a un lado un mechón de su largo cabello gris para apuntar:

— ¿Cómo se manifiesta el destino en eso que dices maestro?

El hombre hizo una mueca asertiva  y de cuclillas miró de frente a Estrella y giró levemente su rostro  para ver si Ave le observaba también  y declaró con seriedad:

— Les diré un gran secreto y quiero que lo guarden en su corazón y su memoria con gran celo:

“El destino no está escrito. Los hombres que buscan un séquito, aquellos que reúnen a pueblos enteros bajo el amparo de un templo, todos los que pagan por protección, se deben al amo que marca el destino de su existencia”

Agregó tocando su densa barba:

— La única y poderosa certeza que tengo es que ninguna de ustedes, ni por amor, tampoco por poseer poder, caerán en ese juego engañoso. 

Ave, le preguntó:

— ¿No sientes incertidumbre por nuestras hermanas?

A lo que el maestro les contestó con una sonrisa:

— No está ninguna de ustedes hechas de mi carne, pero cada una aprendió de mi lo que necesitaba para valorar lo fundamental, con pleno conocimiento de que es muy probable que nunca pisaremos de nuevo el mismo espacio.

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Estrella le dijo:

— Como puedes ver si confiamos en nuestra magia vamos a encontrar lo que necesitamos, no dejamos de ser 7 eslabones, pese a que dos de nuestras hermanas ya se encuentren con nosotras.

Ave, la escuchaba con atención y solo dijo:  Mmmmh!

Estrella, le tendió la mano e instó:

— Busquemos verdades, vamos a mezclarnos entre la gente y observemos detalles, momentos, situaciones. Algo bueno saldrá de todo eso.

— Eso es un grandioso plan. Estrella, lo único que te pido es no separarnos en ningún momento, cubriré con un paño el tono rojizo de mi cabello para no despertar curiosidad.

Ambas sonrieron e iniciaron su camino en el sitio donde las embarcaciones descargaban productos y la gente discutía por el pago en especie, otros bebían y departían con mujeres que cobraban su compañía. 

De pronto en la distancia escucharon la voz grave  de un hombre que ofrecía pescado, indudablemente la voz les fue familiar,  sin pensarlo dos veces corrieron hasta él.

En la distancia escucharon la voz grave  de un hombre que ofrecía pescado

— ¡Maestro! gritaron las dos mujeres con su rostro iluminado.

–Ave, Estrella, al fin… ¡Suban! ¿Dónde están las demás?

Ave le miró negando con la cabeza y apuntó:

— Espiga y Camino, ya no están con nosotras.

Estrella, espetó con firmeza:

— Pensamos que nos habías dejado a nuestra suerte, en realidad es pura casualidad que nos encontraramos.

El maestro se pasó la mano por la barba, dio un giro de talones y miró hacia el inmenso y gélido mar, después giró el rostro y con gran preocupación señaló:

–Pero, me vieron tomar la embarcación, yo supuse… ¿Qué pasó después de la huida, qué les dijo y qué hizo Sol, donde se guarecieron?

Ave, miró con atención a Estrella esperando que ella respondiera, no lo hizo. Se sentó sobre unos costales y bajó la cabeza para hablar:

El único sitio seguro que encontramos fue junto a un Rowan, ahí  estaba una cueva, dentro de ella recibimos señales de lo que teníamos que hacer; nos ayudaron los murciélagos.

El maestro se tomó con ambas manos la cabeza y entre dientes dijo:

— Oh! La cueva de las mil voces, la cueva de los tiempos. Seguramente descubrieron sucesos que no han nacido, momentos históricos que podrían cambiar…

Ambas mujeres se miraron con sorpresa y Estrella habló:

— También hicimos un ritual, Espiga y camino nos dieron un regalo que protege nuestra hermana Sol.

El maestro sonriente, abrió los brazos hacia el firmamento y exclamó:

— Han trascendido, han logrado descubrir los misterios que sólo ustedes podrán descifrar y no se que pensar, estoy conmovido, triste e inmensamente feliz y no se como sostener todos esos sentimientos juntos.

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El viento para Ave y Estrella inició un cambio brusco, se volvió pesado y violento, ellas sabían que su viaje no podría evitar las aguas donde no se alcanzaba a ver el horizonte. Observaron que existía un gran problema, no todos subían a una embarcación y mucho menos si no entendían lo que decían; intentaron pasar por mudas, lo meditaron un buen tiempo, tal vez sería una gran solución, les daría tiempo de escuchar y tratar de entender lo que significaban sus símbolos. no estaban del todo seguras.

Observaron a la distancia que los hombres del lenguaje diferente intercambiaban frutos y peces con los que llegaban con embarcaciones, se dieron cuenta que el trato entre hombres y mujeres no era el mismo, se respetaba a las que usaban capas y les vigilaban  con espadas, sólo vieron a una y supieron de su valía forjada en hierro.

Ave señaló un poco depresiva a su hermana:

— Solamente Sierpe y Sol leían los papeles  en otras lenguas que tenía el maestro, por eso nos dijo Sol: “Encontrarán otras culturas y formas diferentes de nombrar las cosas”.

Estrella respiro hondo y dijo con energía: 

— Observa el cielo y dime ¿Qué miras ahí?

Ave contestó: Veo dos formas redondas que no titilan

— Es algo que se parece mucho al día que Sol fue nombrada, veo dos formas redondas que no titilan y que una se ha de guardar detrás de la otra, pero esta vez es un poco diferente al día que todo se oscureció.

— Exactamente, eso es lo que no todos entienden y eso es lo que nos da poder.

Ave la miró dubitativa y frunció el ceño sin saber que contestar, a lo cual prosiguió Estrella:

— Recuerda la vez que el Sol perdió su fuerza y el maestro nos llamó a todas y puso un cuenco de agua y nos pidió traer una hoja a la que le hizo un hueco en el centro  y nos sentó a todas a ver a través de la sombra, sobre la superficie del agua y otro tanto sobre la tierra aplanada.

Ave asentó con la cabeza:

— Si, a mi me dio sueño teníamos que estar mucho rato observando lo que sucedía en la sombra y nos prohibió mirar al cielo donde pasaba con viveza ese maravilloso espectáculo.

Estrella subió el tono de voz y dijo:

— Lo más terrible fue el momento en que Sol se levantó irritada y gritó: ¡No,no lo tolero! y tocó su falda que de pronto se incendió y Luna sin temor se abalanzó sobre ella con su manta.

Entonces el maestro nos llamó a todas sin dar mucha importancia al suceso y nos hizo mirar la sombra que había tapado la luz, primero sobre el agua y después sobre la tierra que previamente había aplanado.

Entonces exclamó: “Unan sus manos y reconozcan la fuerza de los dos nuevos eslabones que la hermandad del Ave ha logrado bajo el abrazo del cielo”

Fotografía: “Reunión de Júpiter y Saturno, a unos días de la conjunción 21 de Diciembre 2020” de Ariadne Gallardo


Estrella y Ave, siguieron su camino las aves que revoloteaban en las copas de los árboles seguían siendo un distractor alegre para Ave, asunto que definitivamente la dotó de su nombre. Al respecto continuaron dialogando al respecto cada una de ellas en su travesía, alejadas del camino principal por donde cruzaban los caballos y los aldeanos llevando las cosechas de sus campos.

Continuaron dialogando al respecto cada una de ellas en su travesía, alejadas del camino principal

— Te aseguro Estrella que me sentí muy rara, deje de ser nombrada “muchacha o tú, ven acá”, a partir de ese momento fui Ave, acércate para esto o para lo otro.

— Te confieso que nosotras nos sentíamos menos, ya que todas recibimos la marca en nuestro rostro pero solo tú eras nombrada como Ave.

— Lo recuerdo Estrella, fue precisamente Sol la que se animó a preguntarle por que todas nosotras no teníamos nombre.

Ave detuvo un poco el paso para meditar en aquel momento que para ellas fue impresionante, se rascó la cabeza y exclamó:

— Fue sorpresiva la respuesta del maestro, sí lo recuerdo con mucha claridad cuando dijo con esa voz grave que el tiene:

“Ustedes no llevan el nombre de una herencia, ustedes son la herencia del mundo que las rodea y deben ser merecedoras del nombramiento, aquello que más las cautive, lo que las haga vibrar en forma distinta, le dará valor a su carácter y serán nombradas, la cadena las hermana al primer eslabón que ahora se llama Ave”

Estrella con la mirada fija en su hermana que mencionaba las palabras del maestro, asentó con la cabeza e interrogó:

— ¿Crees que en alguna otra parte del mundo la gente haga algo similar?

— No lo sabremos hasta que nos podamos mirar en los rostros de los otros y entender de qué están hechos.

Ambas se miraron y recordaron que el maestro era único, no se mezclaba con los clanes vecinales y el peor momento que todas ellas vivieron fue cuando vieron un rostro diferente al de ellas, en un hombre armado, un asesino.

Se abrazaron para darse fuerza y seguir su camino.

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Nota de la autora: En anteriores relatos: “Salvarse al mirar a través del espejo“, las hechiceras Sol y Luna, mencionan dos de las pasiones del maestro, pero dan a entender la tercera. Ausentes de aquella conversación Ave y Estrella siguen conversando acerca de los bellos recuerdos de su infancia y adolescencia en la casa del maestro:

La sangre de ese anciano animal fue su pintura y una de sus plumas su pincel.

Estrella observa a Ave y le interroga, mientras se disponen a comer algunos frutos que han recolectado durante su pesado trayecto:

— ¿Recuerdas las tres pasiones del maestro, me fascinaba cuando nos reunía al rededor de la fogata y nos relataba con ese maravilloso entusiasmo detalles que sabía perfectamente olvidaremos jamás.

— Claro que las recuerdo con nitidez y mucha alegría querida hermana:  Los anhelos de amor, la búsqueda del conocimiento y confiar en la libertad.

Ave, corta un trozo de fruta y lo coloca en las manos de Estrella, y añade:

— Sin esos tres conceptos no seríamos quienes somos ahora, confiar en la libertad nos ha traído hasta este sitio, encontrar conocimiento es una constante búsqueda y los anhelos de amor, bueno todas hemos amado en algún momento de nuestras vidas y aferrarnos a ese aliento nos ha ayudado a seguir adelante.

Estrella la mira reflexiva y lanza la pregunta:

— ¿Acaso alguna de nosotras supo de los amores del maestro? A veces me he preguntado si las hechiceras que nos dejaron en su custodia aterrorizadas de lo que estaban haciendo en las aldeas los raptores, quemando comarcas enteras y destrozando vidas con aquellas grandes espadas, lo hicieron  por ser nosotras sus hijas… Las hijas del maestro.

Ave que estaba a punto de darle un bocado a su fruta, voltea con ojos enormes y señala:

— Si yo tambien lo llegue a pensar, pero entre nosotras no hay un parecido de sangre, posiblemente Sol sea la que más se le parece, también era la que más lo seguía, nosotras a veces nos íbamos a jugar y ella siempre estaba cerca de sus palabras, de sus actividades, por eso desarrolló esas destrezas que tanto le admiramos todas nosotras.

Estrella suelta una risotada estruendosa, tocando el hombre de su hermana y le recuerda con voz entrecortada por la risa un suceso que las transformó para siempre:

— ¿ Recuerdas aquel pájaro que llegaba al Rowan y se ponía a cantar de forma espléndida, ese que tanto te gustaba?

— ¡Claro que lo recuerdo, por su culpa casi me rompo la nariz! Estaba muy enojada; pero el maestro nos reunió a todas y nos dijo que había llegado la señal, en eso cayó del Rowan un anciano cuervo y el maestro lo tomó entre sus manos y le dijo:

“Gracias por su servicio al universo querido maestro”

Ave sigue comentando el suceso con gran entusiasmo:

— Tomó un cuchillo y partió su cuello sobre un cuenco, la sangre de ese anciano animal fue su pintura y una de sus plumas su pincel. Nos pidió que hiciéramos una reverencia a su memoria y a cada una de nosotras nos marcó con el Hechizo de Ave.

Estrella advirtió:

— Misma que ahora ocultamos para poder mezclarnos entre la gente, tal vez en algún momento de nuestra vida podamos reunirnos o reconocer la hora en que la señal deba ser proclamada de nuevo.

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Mantis evaluaba el territorio cargando a la pequeña Ariadna (Αριάδνα) y seguí en su mente la escena del Toro y un trayecto blanco ligado a la vida de aquella pequeña; lo que vivirían en Creta no era lo que les esperaba en años posteriores y para Mantis la visión ampliada le podía ayudar a predecir suceso que no podía ligar con el presente.

De repente Anker les gritó que se detuvieran y con velocidad sacó el machete con el cual bajó de las palmeras dátiles y le asestó un duro golpe a la cabeza de una serpiente.

Mantis le dijo con energía:

— ¡Deja de dar más cortes a ese pobre animal, ven toma a tu hija debo saber que nos quería decir!

— Señora ese animal no iba a hablar, le iba a clavar los dientes…

— Recuerda lo que te dije de las palomas, nadie las entiende pero siempre están alertas para darnos mensajes con su  canto, esta pobre se acercó a mí por una razón.

Mantis la tomó entre sus manos y la llevó hasta el riachuelo de aquel bello lugar pleno de vegetación.

— Áspid dame señales de lo que has presentido, agradezco tu sacrificio que de haber sido impedido, lo habría hecho y lo sabes.

Se dispuso a regar la sangre de la serpiente entre las aguas para observar:

La sangre del Áspid le entrega un mensaje a Mantis

¡Vaya, ella se encuentra en aguas heladas, definitivo, no es de tu misma especie Áspid, es una poderosa y valiente que se ha separado del grupo principal, dos se acercan a mí, la tercera es temeraria!

Anker, la miraba de lejos, le daba miedo preguntar qué había visto, todo eso de la magia que poseía Mantis, a él le causaba una sensación extraña, pero sabía que ella era una buena mujer con cualidades que a lo mejor le mostrarían un mundo desconocido del cual aprender.