La vida no se detiene, la vives o te impulsa a hacerlo a su modo, con o sin los arrebatos necesarios, con las herramientas precisas o sin ellas, la vida está para vivirse. Aquella mañana los hombres regresaron con sus hachas dispuestos a seguir talando bosque, el Maestro los detuvo argumentando que lo que ya tenían era suficiente para comenzar y esperar a la dama oculta de la noche para poder sembrar de acuerdo a la promesa realizada.

El Maestro les habló de la señora de todas las noches

En esta ocasión sí hubo quien de forma directa le preguntó al Maestro a qué mujer se refería y por qué ella era tan importante para cumplir la promesa y el hechicero respondió:

— Ella observa todo desde los tiempos  en que no habíamos nacido, ella ayuda a los partos, hace crecer las mareas, hace que la savia de las raíces de toda vida verde se fortalezca,  cuando su rostro está totalmente iluminado, puede dejarnos despiertos y con dificultades para conciliar el sueño toda la noche, ustedes la han nombrado Måne.

Los hombres dejaron escuchar una exclamación de sorpresa y entre ellos reconocieron la perspicacia del Maestro, sonrientes accedieron a llevarse la madera que ya habían cortado e iniciar sus trabajos.

Aquella tarde llegó una mujer algo extraña hasta la casa de Nydam y Dagny a quien la pareja trató con gran calidez, le presentaron al hechicero quien la observó con una franca sonrisa, le sorprendió sobremanera su aspecto; la cabeza con el pelo muy corto, no era habitual que las mujeres lo llevaran de esa forma, no se atrevió a decir nada durante la comida.

Ella siguió a Nydam y el Maestro hasta el sitio donde cortaban los grandes maderos de roble, para entonces él ya sabía que ella era hermana de Dagny y en lo que Nydam daba órdenes, ellos se sentaron aparte y el Maestro señaló:

— Tengo 7 hermanas, 3 de ellas ya no están en este mundo, pero para ellas el pelo es  una conexión con las premoniciones, con el ambiente que las rodea y conecta con el suelo que habitan, ¿No te sientes diferente sin él?

La mujer lo miró con mucha atención y con voz agradable le respondió:

— Seguramente tus hermanas son hechiceras igual que tú, yo no tengo ese privilegio, a mi cabello le gustan los animales pequeños, no me dejaban en paz hasta que un día mi hermana colocó mi cabeza sobre la mesa y de un hachazo me dejó así, ella me dijo que sería más fácil untar de lodo la cabeza para ahogar a los bichos que robaban mi tranquilidad.

El Maestro abrió muy grandes sus ojos y entendió lo que le había sucedido y sin pedirle permiso, simplemente pasó su mano por su cabeza con el cabello muy corto y una electrizante sensación consiguió que ambos sonrieron al mismo tiempo.

La tierra que pisaban ambos tenía preparada alguna sorpresa, hay anclas que no se lanzan en medio del mar y cuyo poder es un misterio, tal vez sea demasiado pronto para saberlo.

Fotografía de Luna Menguante de Freepik