Aquello que se oculta debajo del horizonte


Luna recordó con claridad las palabras que les compartió el alquimista:

“Les advierto que al salir de esta tierra, su fuerza cambiará, su destino no tendrá el apoyo de sus costumbres, tendrán que valerse de herramientas que desconocen y ocultar lo que las ha definido hasta ahora, deberán multiplicarse de la forma que conocen, vigilar todo aquello que desconocen y atreverse donde otros prefirieron no hacerlo. no volveremos a vernos. Inspiren en los otros del valor de lo que somos, pero no se impongan, convenzan.”

Pensó para sí al momento que avanzaba por la orilla del río acompañada del zorro al que nombró Fuego; se percató con gran claridad que no solo les habló aquel encantador de energías de su marca del clan que las personalizaba bajo el hechizo del ave. La seguridad de avanzar acompañada de un zorro por caminos desconocidos, le ofrecía una seguridad diferente y se sintió afortunada.

Entendió que mientras nadie la observa ella podía dialogar con Fuego y esperar que en la búsqueda de respuestas, éstas llegarán en el momento preciso:

— Fuego, me he preguntado si será hasta el día que se acerque mi muerte que conoceré a mi animal protector o mensajero igual que Sol…

El zorro la miró con atención y ella logró presentir  que había varios factores importantes para desentrañar ese misterio: tu árbol protector y las fechas de tu concepción, sólo entonces comprendió que al no tener convivencia directa con sus madres biológicas, dichos datos serían un misterio.

Las fases de la señora de la noche, eran fundamentales para desentrañar misterios

El maestro por sugerencia de Sol había memorizado las fases de la dama de la noche, que marcaban el momento en que cada una de ellas había llegado hasta la puerta de su recinto oculto en el bosque, fue en ese momento que cobró importancia dicha información, sobre todo por no haberle prestado atención en su momento y entender la importancia que tenía.

Por su parte para Sierpe, el sueño que tuvo, quedó grabado en su memoria con gran preocupación y dolor, la certeza de los acontecimientos no era clara, pero terminó confeccionando sus símbolos mágicos para explicarse aquello que quedaba oculto bajo la pesada niebla de lo desconocido.

Amin, su pareja llegó aquella noche con una noticia que le llenó de esperanza:

— Mi amada Sierpe, en el mercado me dieron una noticia que  se te agradará, ven siéntate a mi lado y escucha, un grupo de comerciantes, aquellos que me trajeron hasta estas tierras, están preparando una caravana para abandonar lo más pronto posible estas tierras, se dirigen al sur, me han preguntado si les acompañaré y dije que no voy solo, ¿Aun quieres conocer al gran escriba de las tierras cálidas?

— Es mi encomienda y me has facilitado la tarea, por supuesto que sí

Ambos se besaron con apasionado éxtasis y esa noche se entregaron a la más deliciosa de las pasiones, donde todo lo que era doloroso de recordar fue sustituido por intensas y fogosas caricias y la dulzura de su amor sin freno, que los llenaba  de libertad y alegría. 

Ave y Estrella contemplaban con tristeza al maestro que cabizbajo intentaba entender lo que estaba sucediendo, sus pensamientos lo atormentaban. No era sólo por el sueño que describió para ellos Estrella, algo en su alma intensificaba un un sentimiento frío y desolador que se  apoderaba de él, sin que tuviera forma de entenderlo, hasta ese momento.

Descifrar el enigma de aquello que no vemos


Para nadie es fácil confiar en la intuición, mucho menos si tratamos con fuerzas que nos han sido desarrolladas, que son la primigenia esencia de un tiempo que  nos antecede, ante la mirada actual  tomamos por cierto lo que ha quedado escrito y la posibilidad de ver lo que no encaja en ese contexto definitivamente se reduce al olvido.

El fuego sería el vínculo para cada una en el clan del hechizo de ave, porque precisamente focalizaron sus fuerzas en su hermana fortalecida en ese elemento. de la misma forma que Sierpe y Espiga lo eran de la Tierra, Ave y Luna del Aire; Camino del agua, Estrella y Sol del fuego.

La pátina de las creencias ha quedado envuelta a intereses y luchas de poder, precisamente el sitio del cual este grupo se alejó para vivir en un ambiente distinto a todo lo que se generaba en los pueblos y comarcas que hacían alianzas para defender reinos y empoderar monarquías.

Al amanecer, precisamente por donde ha de salir el Sol, el astro brillante que conocemos como Venus le daría a Estrella la noticia inesperada de lo inevitable, su conexión con el fuego y pese a la distancia le permitió reconocer que estaba por suceder.

Sierpe lo supo al darse cuenta que ya no era Sol la custodia de las runas, sino que estaban en poder de Luna, pero ninguna de ellas entendió que sería un trabajo delicado y eficaz del alquimista la trasmutación de su hermana.

Para el maestro sería el reconocimiento de la segunda transmutación, pero una cosa era entenderlo, darlo por hecho como en el caso de Camino  y otro muy diferente vivirlo de cerca, las palabras no eran de nadie, y eran de todos , los hechos tendrían en el futuro recintos y situaciones que ellos en ese momento desconocían. El silencio acompañó las horas en que nada era certero y el tiempo estaba por cortarse para una de ellas.

La noche se acercaba en la más desolada de las incertidumbres para cada una de las hechiceras. Siete noches habrían de pasar sin que nada presentara cambios y el ánimo reposaba en la paciencia de cada uno de ellos.

Esa mañana Luna despertó de buen ánimo tenían varios días que por alguna razón no pasaban tanto frío por las noches, y eso las fortalecía, su camino seguía entre risas y anécdotas que cada una recordaba con nostalgia de su vida en aquel sitio que fue su hogar.

Ninguna de ellas era el todo consciente que era gracias al zorro que su noches eran más tibias, al menos entre ellas no lo conversaban, en aquel momento cuando Luna instó a Sol para que siguieran su camino y comieran algo antes de partir, se dio cuenta que la respuesta y la compañía no estarían de nuevo con ella:

— Sol, ¡Por favor no hagas esto! ¿Qué debí hacer, quizá dijiste algo antes de partir y no lo escuché? ¿Por qué siempre siento que no estoy preparada para enfrentar esto sola?

Por toda respuesta el zorro del pelaje color de fuego se acercó y comenzó a girar alrededor del cuerpo inerte de la hechicera. Sol sollozaba con total desaliento, el animal no dejó de girar hasta levantar una estela de chispas de tonos violáceos y púrpuras que envolvieron a la hechicera de forma total.

Luna se enjugaba las lágrimas al momento que el zorro dio un salto fuera del círculo y la hechicera desconsolada vio que el cuerpo de Sol no estaba, había desaparecido… Se lanzó de bruces sobre el espacio vació y gritó:

— ¡No hay cenizas, no hay evidencia, no hay nada! 

De pronto se dio cuenta que en efecto sí había algo, una runa sin símbolos, la tomó entre sus manos y se abrazó al zorro hundiendo su cara entre su pelaje para llorar con desesperación, gritando:

Runa de Odín, energía potencial de lo que “fue, es y habrá de ser”.

— ¿Por qué tuvo que ser ahora y de esa forma?

La pata del animal se posó en su hombro, de la misma forma que acostumbraba Sol colocar su mano en ella cuando le tenía que decir algo importante. En ese momento Luna separó su rostro del pelaje del zorro y sorprendida vio que el ojo izquierdo del animal tenía la misma mancha blanca que su hermana.

Le preguntó azorada:

— ¿Con quién estuve viviendo todo este tiempo, quién era en realidad la mujer que evadió el fuego en aquella comarca, que rescató a un pequeño de la muerte y de convertirse en el último eslabón en la jerarquía de la miseria, para nombrarlo Maestro?

Observó con atención entre su mano la runa de Odín, aquella que  indica la energía potencial de lo que “fue, es y habrá de ser”. El enigma de lo invisible, escondido a la comprensión humana.

De nuevo miró al zorro y le frunció el ceño con esa característica forma muy de ella al arquear la cejas para interrogar y por toda respuesta solo recibió en su mejilla redonda y sonrosada, la cálida y húmeda lengua del animal que le hizo cosquillas y la alentó a sonreír exclamando:

— Ambos tendremos que acostumbrarnos a convivir en un mundo desconocido y entender que toda la magia y nuestra creencias viven en nosotros por siempre.