La caravana donde viajaban Amin y Sie, se acercaba cada vez más al mar inhóspito y oscuro que se tragaba la vida sin permitir su búsqueda, el que caía ahí, no tenía esperanza de retorno, era asfixiado por sus profundidades.

El Mar Negro en la antigüedad era conocido como Mar inhóspito

Con cierta periodicidad ellos se detenían para orar y clamar por la benevolencia de Alá en este trayecto donde las dificultades aparecen en cualquier parte, los salvajes podían atacarlos y sus vidas no quedarían registradas en ningún sitio para venerar su pasaje al mundo de las almas. No estaría presente un Imam para rezar por ellos y eso resultaba doloroso. 

De improviso,  ante  el venerable Abu, el más anciano de la caravana, se congregaron varias mujeres y hombres para reclamar por la presencia de Sie, en quien no veían asomo de respeto por el rezo, ese clamor tan necesario para cruzar el peligroso pasaje.

Amin, tomó por el hombro a Sie y se agachó hacia ella para traducirle lo que estaba sucediendo:

— Reclaman a Abu que no te ven inclinada a los rezos para pedir ayuda a Alá en este tramo de peligro. Abu les dice que tu unión al grupo se debe al destino que se ha marcado en el cielo.

Sie, solamente seguía con atención las palabras de Amin sin decir absolutamente nada, hasta el momento que Amín añadió:

— Ella le pertenece a Amin

Su mirada encendida miró a su pareja con un reclamo que no tenía que ser traducido con palabras. Amin respondió:

— La fidelidad es algo de lo que no eres responsable y se fundamenta en los que sientes, de esa forma se crea  o se diluye un vínculo, en tal sentido ambos nos pertenecemos por que así lo decidimos.

— Sie recuperó la confianza en sí misma y se alegró al escuchar las sabias palabras de su amado. De pronto la voz de Abu se alzó entre el grupo de personas que continuaban con el reclamo y el anciano exclamó, levantando su mano con vigorosa y rotunda energía:

هو الآلة وهي متلقية لشيء يهرب مما هو معروف الآن ، لن تنكسر رباطها بيد الإنسان

(Él es el instrumento y ella el recipiente de algo que escapa a lo ahora conocido, su lazo no será quebrado por mano humana)

Cuando Amin tradujo las palabras del anciano a Sie, ella comprendió que su tarea estaba logrando el objetivo propuesto, aparecían los aliados, gente sabia e intuitiva que entendía el valor que ellos compartían en medio de un mundo cuyas complicaciones empezaban a hacerse presentes. Muchas de ellas sombrías y desgarradoras.

Los oídos de Sie estaban alertas a todo ruido ajeno al grupo, al menor atisbo de peligro, ella sabía perfectamente lo que tenía que hacer. Recordó las palabras de su amada hermana Sol cuando les dijo: “Sean cautas, sigilosas”, a lo cual agregó para sí:

< Pero valientes para responder como solo nosotras sabemos ante lo inminente>

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Sol y luna caminaban con mayor lentitud por el peso de la realidad que descubrieron, la vida física tiene sus leyes y ante ella no es posible cambiar nada, aún conociendo que la magia tenía alternativas y lograba lo impensable. Por ello Sol, tomó del brazo a Luna y le dijo:

— La alforja con las runas quedará bajo tu custodia, de alguna forma siento que es momento de preguntarles qué tienen para decirnos, sobre todo ahora que sabemos que el tiempo y sus ciclos estarán en tu poder.

Luna asintió con pesadumbre, no le gustaba que tareas tan cargadas de responsabilidad dependieran de ella, por lo cual exclamó:

— “Yo se y yo resuelvo” era parte del reto para aprender y seguir ahí donde las dudas nos impulsan, comparar lo que podemos compartir y aquello que sólo es nuestro, lo usamos con mesura. Los cuatro puntos cardinales nos dan una mirada para fluir, nos miran, los miramos, asentimos… Abandonar no es una elección.

Sol la miró con suavidad y reitero:

— El alma se tomará su tiempo para ser el bálsamo de tus sentimientos, sólo recuerda que no debemos someternos a nadie, la libertad es necesaria en todo momento.

Luna la mira con el ceño fruncido y con preocupación interrogó:

— ¿Quién de nosotros es el ornamento, cuántos habitan el espacio de las promesas no cumplidas?

Sol con firmeza advirtió, al momento que colocaba en sus manos la alforja de runas:

— Aquel en el mundo que tenga oídos para oír, lo hará, aquel que tenga ojos para ver, verá. Lo demás no queda en nuestro poder. La tirada es tuya hermana, hazlo:

Luna señaló los cuatro puntos donde habitan el fuego, el agua, el aire y la tierra e introdujo la mano en la alforja y lo que alcanzó a reunir su puño fue lo que tiró a la vista de ambas y dejó que su intuición le dijera lo que ellas le mostraron:

En manos de Luna y el heraldo quedó una importante responsabilidad, intuir la tirada de runas

— Eolh habló para ellas: Tendremos suerte, nuestros valores están protegidos, lo emocional demanda mucho de nosotras, hay que mantener una actitud positiva en medio del caos.

Anzus, dijo lo suyo: La comunicación será primordial, cada paso y cada palabra contará para dirigir los objetivos deseados. 

Ing, igualmente dejó su mensaje en manos de las hechiceras: Emanciparse al cumplir cada trayecto, veremos tareas terminadas y después seguiremos adelante.

Ambas mujeres sonrieron y descubrieron que un elemento no estaría en manos de Luna, al menos por ahora, cada tirada sería única y cambiaría el registro de los hechos. En ese momento Luna preguntó:

— Hermana, ¿Crees que en algún momento la gente sentirá que este lenguaje es un instrumento para sus propias vidas, perdurará?

— Querida Luna está en tus manos y en las del Heraldo que suceda, confía que la vida siempre tiene buenas y maravillosas sorpresas.

Composición fotográfica de la autora de una tirada real, titulada: “Los símbolos dicen lo que es: ” Recordemos la forma como fue presentada ante el Alquimista Luna, por la hechicera Sol, ella es la que es.”


Dos dragones acompañaban a la Luna de camino a Creta

Para Mantis su más grande amor siempre estaba dentro de ella misma, para el hombre que sufrió la perdida de su mujer y quedó con su hija Ariadna (Αριάδνα) en brazos, estaba dividido, una parte en la tierra que se disponían a abandonar con la ayuda de la hechicera y otra en la pequeña criatura que estuvo a punto de fallecer de no ser por el apoyo de Mantis.

Con un  paño la mujer colocó en el cuerpo de la pequeña algunas hojas tibias que ayudaron a aliviar sus moretones y el calor de aquellas hierbas, la conforto para recuperarse poco a poco; cuando ambos la vieron sonreír sintieron que la vida les cubría de una nueva esperanza, la vida se abría paso aún en las condiciones más complejas.

Con esa franqueza alegre que ella siempre tenía miró al hombre y le dijo: A todo esto, ¿Cuál es tu nombre?

— Anker, señora, ese es mi nombre.

— Bueno Anker, afuera hay una pequeña embarcación para revisar, debe soportar la fuerza de los mares. Por fortuna tu hija hoy nos ha regalado una bella sonrisa. Voy a llevarme lo que pueda servirnos para viajar ligero, en tres días será Luna llena, pero no podemos quedarnos en este sitio por más tiempo.

En poco tiempo las copas de los árboles estarán cubiertas de palomas, que intentarán que los caídos se levanten y su desesperación las agotará hasta que sean los buitres los que tomen lugar…

El hombre se rascó la cabeza y volteó  para mirarla antes de ir a revisar la pequeña barcaza y la interrogó:

— ¿Me puedes decir cómo es que entiendes a los pájaros?

— Te puedo enseñar, si el tiempo que estemos cerca pones atención, pero eso es de lo más fácil, solo necesita paciencia y observar:

Ellas, las palomas, se colocan en las ramas cerca del que no se mueve y su sonido es el mismo, no cambia: le-van-ta-te, le-van-ta-te, le-van-ta-te… Hace algún tiempo tuve en esta casa a un hombre muy enfermo, las palomas llegaban por la mañana y se quedaban varias horas haciendo  el mismo sonido, desesperadas por lograr lo que no sería posible.

Cuando el hombre falleció no volvieron, tampoco los buitres;  yo le di una adecuada despedida y lo sepulté. Ya no me preguntes más, al menos ahora ya sabes algo de las palomas, ve y haz lo que te pedí.

Cuando todo estuvo listo la mujer alzó en brazos a la pequeña Ariadna  (Αριάδνα) y siguieron el camino que los alejaba de la destrucción.

Al aparecer la Luna, Mantis notó con sorpresa que era custodiada por dos enormes bestias, recordó que durante las horas de la mañana, cuando Anker llegó a lo que fuera su casa, ella vio a otra, con las fauces abiertas, y dichas escenas se repitieron tres veces, durante el viaje; ahora dos bestias custodiaban  a la Luna (Φεγγάρι).

Recordó que solo los fuertes y hábiles logran sobrevivir,  tendrían que ser astutos y decididos para lograr salir adelante en tierras extrañas. Miró al hombre arrullando con ternura a su pequeña y se preguntó qué clase de ser humano sería.

Fotografía: “Los dragones que custodian a la luna” de Ariadne Gallardo Figueroa


La naturaleza defensiva, la sangre fría de un mundo que vive bajo el sol, el fuego que mata y busca a aquellos que puedan controlarlo, el abrazo mortal de la serpiente y el punzante latigazo del escorpión, detiene el tiempo y deja de fluir la vida, la devora, diluye en la mente de la hechicera toda expectativa futura, el escorpión desciende a las profundidadees de la arena, se oculta a la vista de todo. La muerte acecha de otra forma,  se transforma todo en un mundo desconocido.

¡Serás una sierpe de otra estirpe! Le grita su custodia desde lo alto, allá donde ella ya no mira, se hunde en las arenas del desierto egipcio, ambas reconocen que los ocho símbolos los protege un mundo de penumbra:  “Sólo en la oscuridad brillan las estrellas”

¡Serás una sierpe de otra estirpe! Le grita su custodia desde lo alto!

Mudar de piel y dejarla a la vista, como testimonio, sólo entonces seguir el camino de las sombras donde se revela lo certero, pero será inundado, arrasado, descubrir y darse cuenta de esto es complejo. Nos sorprende la muerte libertaria, que esparce semillas en los campos, ahí el influjo valioso del agua que cura y fortalece lo nuevo.

El ascenso de la espiga, su evolución surge entre los suburbios de un mundo que no se percibe en lo superficial, lo iluminado del vasto espacio, a lo largo de la historia  todos observarán la naturaleza y las pasiones mundanas para reconocerse en el espejo de su humanidad, me abandono al agónico comienzo de un nuevo conocimiento donde la conciencia se protege bajo el fuego.

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