Los Centros Neurálgicos

“El Valor del Concepto”

Capítulo 2° 

Por Ariadne Gallardo Figueroa 

Uno de ellos estaba ubicado en Toronto, Canadá, recordemos de acuerdo a lo que ya se ha escrito en el tercer libro, -este es el quinto de la serie- ese detalle es que América se había convertido en un continente entero de norte a  sur la separación se establecía por los trópicos el de Cáncer y Capricornio.

En los tiempos que aún no se unificaban las fronteras éstos sitios se ubican en cuatro sitios específicos:

Esta información la conocía Morati Agu,  se le anunció  que uno de los reportes que él realizaría debían ser enviados al núcleo 1 y  durante el desayuno Yinrú-Ha lo asistió y le señaló de forma concreta lo que se esperaba lograr en el primer nivel de preparación de la denominada Muralla Sónica.

Aquella misma mañana su hermana le envió un video donde se veía el estante de su apartamento vacíos, en esa época las casa ya no eran grandes terrenos, los únicos que conservaban extensiones de tierra de grandes dimensiones eran los agricultores e industriales, mientras menores fueran los espacio, igualmente los costos lo eran, así que nadie tenía interés en gastar en un suelo cuando su mejor inversión estaba en los costos de tecnología y servicios que eran captados por las celdas fotoeléctricas que unían las casas habitación.

De esta forma un trabajador no recibía dinero, recibía energía voltaica para el uso de sus servicios y pagaba con ésta los bienes perecederos; de esta forma la hermana de Morati subió en el transporte comunitario los enseres de su hermano y los llevó a la casa donde vivían sus dos hijos y esposo.

Después del desayuno se dirigieron al salón de conferencias donde estaba ese letrero sin firma que le había cautivado a Morati y le preguntó a Daiki:

-¿Quién tuvo esa ingeniosa idea?

Daiki lo miró con seriedad y señaló:

-Una pionera asgardiana, solamente el manuscrito en papel  tiene la firma de ella y se conserva en el museo del centro neurálgico al que usted ha de enviar los reportes el que se ubica en Toronto; es posible que el decano Willtheyard, le pueda explicar más detalles al respecto, se conserva como una curiosidad pero las indicaciones de ella fueron que su nombre permaneciera en secreto, quería que los jóvenes hiciern suya la frase.

Ninguno de ellos sabía que en el futuro habría un hombre que al iniciar sus clases exclamaría: “Hagamos magia señores”, pero para Willtheyard era bien conocido el modo en que la decana iniciaba sus clases, su frase era y seguía siendo válida, él mismo la usaba y era ésta:

 “Hagamos historia asgardianos”