El Valor del Concepto

Capítulo 2° 

Por Ariadne Gallardo Figueroa 

Para Morati Agu permanecer en Astaná, capital de Kazajistán era un encuentro con una cultura fascinante, cada detalle lo hacía sentir en una tierra con tradición efervescente, explosiva y diversa, estaba cautivado pero sus días y horas vitales las mantendría en el centro de investigaciones espaciales, así que no se distrajo mucho en hacer turismo y se dirigió al sitio donde ya lo esperaban.

Al llegar lo recibió Annia Garasimov, una dama diligente de mirada dulce, ojos color miel, enfundada en un overol de material reciclado con el escudo asgardiano del lado izquierdo:

-Estimado señor Agu, agradecemos que haya aceptado la oferta, le esperan en verificación, por favor acompáñeme…

Agu notó que había una sala de estar de lo más especial el amueblado parecía industrial y se leía en el umbral:

“Los materiales de esta sala recibidor,  han sido realizados con residuos espaciales rescatados por obreros asgardianos bajo la certificación de cero radiación”

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Annia notó la mirada sorprendida del escritor y posteriormente se dirigió a él:

-Por favor señor Agu, tome asiento en breve será llamado en la segunda puerta de la derecha, me retiro y le deseo una confortable estancia en nuestras instalaciones.

Morati agradeció el gesto y tomó asiento en aquellos sillones y se dijo para sí:

<Me he sentado en los fragmentos de un cacharro que estuvo deambulando la órbita por no sé cuánto tiempo, ¡Esto es fascinante!>

Un hombre apareció en la puerta que le habían señalado y le invitó con cordialidad y una franca sonrisa a pasar, una vez dentro le ofreció una taza de café, ponderando que a las instalaciones llegaba una buena cosecha de Kenia para el servicio de los científicos que agradecían 30 mililitros en el desayuno de la codiciada bebida.

Desafortunadamente el siglo XXIII ya no era tan fácil tomar varias tazas de café al día, los recursos y el agua se dosificaron en algunas áreas por razones ecológicas, sobre todo el comercio alentaba que ciertos productos no escasearan y eran consumidos en cantidades adecuadas.

El señor que lo recibió se identificó como Nicolai y le advirtió que el motivo de la verificación era para conocer algunas de sus costumbres y a partir de ellas poder evaluar su potencial en el trabajo, así que comenzó con un cuestionario verbal:

-Primeramente me gustaría saber si consume frituras, azúcar o alcohol y si tiene tendencia a fumar.

Morati sin preguntar las razones de tan peculiar interrogatorio negó con la cabeza y señaló:

-Son cosas de las que puedo prescindir y no soy fumador.

Nicolai anotó en su libreta digital  y prosiguió:

-El comentario señor Agu se debe a que algunos científicos o invitados especiales se vuelven irritables sin ese tipo de productos, en consecuencia su concentración baja y su salud merma de forma evidente, me alegra conocer su respuesta.

Le serán entregados tres overoles, los días de Saturno se lavan en el espacio común que se encuentra en el sotano, si acostumbra usar ropa interior puede lavarla en sus habitaciones, el baño está acondicionado para que pueda secarlas.

¿Tiene alguna pregunta o requerimiento especial?

Morati permaneció pensativo por unos segundos e interrogó:

-¿Me puede explicar las restricciones para el uso de internet?

-Claro, internet libre para las horas de trabajo, si usted trabaja en sus habitaciones se apaga la red a la una de la madrugada y se enciende a las 6, cuenta con un monitor propio en las habitaciones donde se le enviará la agenda diaria, las entrevistas y las actividades y sus secuencias. 

Tambien las notificaciones en los cambios de servicio de comedor en caso de que ésto suceda ya que todos comen en horarios fijos preestablecidos solo cuando hay sobrecarga de trabajo son modificados.

Morati con una amplia sonrisa agradeció a Nicolai, su ayuda, ambos se dirigieron al piso donde estaban sus habitaciones, al despedirse Nicolai señaló:

-Estimado Morati, la aventura esta por comenzar y usted es parte de ella, bienvenido. 

Fotografía de Astaná, capital de Kazajistán