Nuestro tiempo es distinto al de ellos

Capítulo 1° “La red sónica”

Por Ariadne Gallardo Figueroa 

Hacer una reflexión sobre lo que ha de presentarse en los albores del siglo XXX nos lleva al momento que en estas fechas se encuentra en estado embrionario y es interesante la reflexión.

Durante el trayecto de la travesía que he descrito hemos visto a pueblos mezclar sus creencias y compartir historias; conducirse bajo el esquema de la dominación y el adoctrinamiento, establecer pactos de poder y doblegar a todo aquel que no apoya sus reglas y creencias.

La diferencia que se percibe con más claridad en el siglo XXIII es que poco a poco muchas creencias van dejando atrás ese concepto de convertirse en nichos de poder, los humanos buscan una mejor forma de compartir la esencia de cada pueblo y nación, sobre todo evitando el enfrentamiento. 

Recordamos en el libro tercero “ El puente y los inicios” lo que terminó sucediendo con las guerras entre naciones, se evalúo el costo beneficio y el decreto mundial que dictó: “Por cada huérfano de la guerra un hogar, esa es la tregua”.

Ahí terminaron cayendo en cuenta de lo incapaces que eran para cumplir con dicho decreto y las guerras se derogan de forma definitiva; por otra parte evitar el paternalismo institucional, el proteccionismo  ideológico y comercial, parecen ser pasos consecuentes en la mirada y tareas de los hombres de esa época.

Uno de ellos es el combativo Morati que aboga por combatir a la élite del conocimiento, su reclamo se fue extendiendo con el paso del tiempo y fue conocido por personas de territorios distantes que acogieron sus ideales como propios gracias a que contaba con los medios para difundir sus razonamientos.

Luz del conocimiento

Su demanda más sonada era: “Conocer es una necesidad del alma en hombres y mujeres, seres con capacidades que en el pasado dejaron de instruirse por no contar con los medios para lograrlo”

En los albores del siglo XXX los módulos universitarios como aquel donde daba clases el profesor Zila, se esparcieron por el planeta entero para instruir no sólo al mundo asgardiano.

Otra de las luchas de Morati y de varias generaciones que le siguieron después fue que la instrucción no dependiera de otras creencias, en el pasado bien sabemos que precisamente el clero contaba con los recursos para instruir al pueblo que aceptara su doctrina.

Por poner un ejemplo, muchos mexicanos saben que Sor Juana Inés de la Cruz no hubiera sido monja, entró al convento por ser el único sitio que le iba a permitir instruirse.

Otro de los datos vertidos en el libro tercero de la serie nos muestra que el Vaticano termina convertido en un centro de investigación y un fascinante museo, pero aún estamos lejos de eso, ahora nos encontramos en el siglo XXIII un periodo de transición que impide sostener ideas concretas por periodos largos, la ebullición en la mente de hombres y mujeres que desean un cambio y el freno de las instituciones en las que se ven inmersos y para la cuales trabajan.

Paradójicamente la motivación más alentadora para el gran cambio se asomaba en el rostro feroz y monstruoso de la extinción planetaria, asunto que por muchos siglos atrás fue tarea de titanes, ellos elaboraron un plan bien estructurado y del cual la humanidad entera era inconsciente.

Pero ahora ante cambios drásticos estaban perdiendo luz y con ella la oportunidad de ser los aliados de la vida y la preservación del proceso evolutivo; sin embargo es bueno destacar que precisamente en el proceso evolutivo  estaba más involucrado en esto de lo que todos ellos pudieran pensar.

¿Quiénes son? ¿A dónde mirar para reconocerlos?

Lo sabemos sí hemos seguido la secuencia y es precisamente un diálogo entre ellos el que nos abre un nuevo panorama:

Itzmin, observa con detenimiento lo que hace Morati y lo expresa a su acompañante:

-Señora, todo iluminado cambia la realidad apoyándose en su propia cultura.

-Así es y no de otra forma, escucha con atención lo que te voy a decir, sí necesitas crear un mundo fantástico para resolver los grandes dilemas de la humanidad, estarás perdido anhelando lo que no puedes contener en la realidad.

Itzmin, observa con esa mirada que ya no es la de un humano que es la vaporosa presencia de una estrella, recordemos que él habita Mintaka, y señala:

-Somos la formación de un ADN que nutre la vida, somos la esencia y conciencia; dentro del todo el conocimiento es uno  y se vale de cualquier artilugio para llegar a donde debe llegar.

Quien habita Alnitak, responde con fortaleza:

-¡Ha llegado el momento de transformar esa realidad! Pero llevará un buen puñado de lustros y otro tanto de décadas, el resultado aún no lo sabemos.

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