La Muralla Silenciosa

Por Ariadne Gallardo Figueroa

Así que cada uno de los hombres presentes en esa reunión se quedaron meditando sobre lo relevante de sus investigaciones, de ellos dependía que sus grupos de trabajo considerarán sus pesquisas como algo de importancia para avanzar y por sobre todas las cosas invertir de nueva cuenta con millonarias sumas para que al final todo se viniera abajo y la gente ya estaba desconfiada y al mismo tiempo con actitud depresiva ante la impotencia, ya que todo cerebro inteligente  que se encontraba en la tierra no servía para nada en ese aspecto.

Entonces vuelve a tomar la palabra Yinrú-Ha, ese era el nombre del personaje chino que pertenecía a la legendaria estirpe de los Yin-rú, obviamente era el más exacerbado y ansioso porque recordaba el pasado de un sitio que para su cultura era de vital importancia y exclamó:

-La Muralla Silenciosa, es el monumento que nos acerca al pasado profundo a cada uno de mis antepasados, pero al momento que nos paramos sobre ella percibimos el dolor y el sufrimiento de miles de hermanos que pasaron su vida construyendo, ahora el cielo nos ha mostrado un presagio nada halagador:

“No importa lo que te ha llevado tiempo hacer algo, en segundos puede convertirse en nada y al final del camino incluso lo que heredamos de otros será olvidado para siempre.”

Todos ellos guardaron silencio ante las palabras sentidas y profundas de su compañero, científico e investigador.

El japonés no supo qué contestar pero entendió perfectamente que la materia que se encontraba vibrando en la muralla pudo ser fundamental en el proceso que se dio en aquel sitio en el pasado, pero considerando polémico su comentario prefirió callar.

Fue en ese momento que el hombre hindú, se decidió a hablar con el grupo y extrajo de su maletín un pequeño cuenco tibetano, todos se quedaron algo sorprendidos pero sabían que de ahí nadie se iba a ir sin agotar sus argumentos para dar respuesta a las grandes inquietudes que los aquejan.

Su nombre es Ammar, significa «vivo, inmortal»; con gran sutileza comenzó a hacer vibrar su cuenco al mismo tiempo observó el cambio en los rostros de cada uno de los presentes en aquel lugar, pasados unos minutos se detuvo y les solicitó que le dieran sus impresiones a lo que habían percibido en el momento de escuchar el cuenco:

El chino Yinrú-Ha agradeció complacido que ese sonido tranquilizara su ánimo y el desaliento que siempre sentía al recordar la monumental Muralla China.

Por su parte Daiki, el japonés cuyo nombre significaba ser de gran valor y coraje señaló con gran seguridad:

-El universo vibra aproximadamente con una frecuencia de 432 hertz, la sincronicidad nos permite envolvernos en un ambiente pacífico e igualar nuestras energías, muchas gracias Ammar.

Entonces el colega de Arabia, cuyo nombre es Assim, que significa “el que  garantiza y protege, que puede ser abordado por la adversidad y el mal”,  consternado pregunta: 

-Aún no me queda claro lo que intentas demostrar, pero es evidente que hay dos extremos en cada proceso, el sutil y el denso y grave, el que construye y el que destroza.

Al mencionar estas palabras Daiki, Yinrú-ha, el propio Assim y Ammar, escuchan que alguien golpea la puerta del salón y si esperar el permiso de entrada abre con el servicio de té y bizcochos, es una dama diligente y menuda que al dejar la charola pregunta si puede servirles el té, todos  ellos mueven la cabeza negando y ella con una sonrisa se retira.

Assim resuelto continúa la conversación señalando que la dama del servicio era precisamente un claro ejemplo de meteorito, su irrupción se anuncia pero no pide permiso, simplemente se posiciona.

En ese momento toma la palabra Daiki y señala energía:

-Ahora comprenden que es cierto, la materia vibra a una determinada frecuencia de onda para romper un cristal se necesitan por lo menos 105 decibeles, 556 Hertz.

Le doy toda la razón a Ammar, de la misma forma que pueden ser curativa, la forma en que se emite un sonido, puede llegar a ser la potencia más destructora, como lo ha señalado Assim; el detalle más importante es que estamos hablando de roca sólida, cuya velocidad es impresionante y su arrastre de una fuerza de impacto inconmensurable, ¿Entienden a qué me refiero?

Cada uno de los hombres se quedó meditando sobre la estructura capaz de combatir algo de gran magnitud con una emisión de sonido, pero algo no les resultaba del todo viable, igualmente reconocieron que cualquier innovación requeriría de miles de solars-euros en inversiones a capital perdido.

El único que sonrió con satisfacción fue Ammar quien solicitó un pizarrón táctil para elaborar un dibujo que para todos sería muy especial…

Continuará…

Notas:

Dibujo de la autora: «El Cristal Roto»