La unidad brinda frutos

“Podrás conocer gente ajena a tus interés, tal vez sea complejo que logren entenderse; será necesario que comprendan lo que eres en esencia, eso lleva tiempo o ellos ya se encuentran en tu camino, debes analizarlo con detenimiento”

El Mensajero

Por Ariadne Gallardo Figueroa

Aquella noche los iluminados permanecieron despiertos en torno a una fogata hasta altas horas de la madrugada, Yaocihuatl fue la única que en brazos de Erandi dormía disfrutando de ese especial momento.

La dosis de excitación de todos ellos no era de extrañarse, cada detalle vivido era impresionante y especial, sabían perfectamente que estaban ante el umbral de un mundo cuyas circunstancias a ninguno de ellos les sería favorable, sin embargo con ahínco y sin tregua darían todo por lograr su objetivo. Cada uno de ellos mantenía su mente brillando en la esperanza de su nueva unidad.

Entonces Evaristo se decidió a formalizar con un ritual esa unidad especial, cuando ante la mirada de sus compañeros y del brillo de las estrellas dijo de forma contundente:

Quetzalli, delante de todos mis entrañables amigos quiero que conozcan una costumbre que es tradicional entre algunos pueblos que hemos recorrido y por medio de ella hago votos a favor de una larga vida juntos, dicho esto se levantó y le ofreció su mano a la dama que lo había elegido, quien con una amplia sonrisa exclamó:

-Somos 20 los presentes en este sitio rodeando la hoguera ceremonial, 20 son los días del Xiuhpohualli que con 18 cempohuallapohualli (meses) nos brinda la visión del tiempo del calendario Solar; de igual forma en el Calendario Ceremonial Tonalpohualli, podemos recorrer 20 meses de 13 días cada uno de ellos, han de ser testigos del registro de nuestro andar por la vida donde haremos visible nuestra unidad como pareja y como grupo.

Evaristo emocionado y ante la gran dificultad para repetir con exactitud las palabras pronunciadas por su pareja, se  expresó su beneplácito de esta forma:

-¡Sean los días que recorramos juntos muchos y muy provechosos!

Zila, maravillado ante la propuesta de su amigo se animó a ser el segundo en tomar la palabra, poniéndose de pie ante la hoguera invitó a su pareja a unirse a los votos:

Tonalli, que el sol ilumine tus pasos a mi lado.

La doncella, feliz y sonriente apuntó:

-El calor del Sol nos brinda frutos y nos muestra la forma de compartirlos.

Todos observaron a Javier quien se encontraba muy motivado y al emular a sus compañeros dijo con voz nerviosa y entrecortada:

-Amada Xochitl, que en esta vida y aquella que la luz nos conceda, nuestra felicidad y encomienda sea completa.

La joven se puso de pie y con una sincera y amable sonrisa agregó:

-Amado Javier, que toda regla y costumbre que nosotros pongamos al servicio de otros, nos brinde alegría y en las sombras de la incomprensión nos ayude a seguir confiados y unidos.

Hoy le hemos dicho al mundo que las reglas y costumbres las hacemos a nuestra manera con la mirada puesta en las estrellas para que nos iluminen.

Diego fue el siguiente quien extendiendo su mano a Aztlán, señaló:

-Este suelo que pisamos nos ha recibido como parte de la luz, somos gratos en los logros que juntos hemos aprendido de forma peculiar…

Aztlán acarició su mano y recalcó:

-Nada es tan importante para una vida plena, que siendo discípula de la luz, sea un iluminado mi par. La vida nos ha regalado algo valioso para proteger y cuidar que va más allá de nosotros mismos, ¡Sea siempre de esa forma!

Los votos continuarán por supuesto, por ahora les dejo esta reflexión y les invitó a seguirme cada día en este relato que nos acerca a una forma de pensamiento que si bien se antoja cercano a los cuentos de hadas, todo ser humano en su vida ha soñado con utopías y ellas bien pueden serle la visión premonitoria que el mundo necesita y por supuesto, no menos valiosas por ello.

Cada herramienta elegida trabaja entre nosotros y enlaza con el universo, así que  todo lo que hagas analiza si es realmente lo que deseas hacer y no lo dejes a medias, pon tu pasión en cada detalle.

Notas de la autora:

Imagen del códice Durán donde se encuentran los 20 días del calendario ceremonial