La recepción privada

“¿Cuál será esa forma sutil de darte a conocer y qué harás en caso de no recibir la reacción esperada? Lo mejor de todo este que estarás entre amigos y lo demás se dará por añadidura”

El Mensajero

Por Ariadne Gallardo Figueroa

En breve llegaría el mediodía a la hermosa Tenochtitlán, los hombres avanzaron hasta el pie de las escalinatas del Templo de La Luna, desde lo alto del templo los observaba con serenidad Erandi, la comitiva les solicitó a cada uno de ellos que permanecieran con la mirada hacia abajo, en demostración de respeto, les advirtieron que no era una petición de la sacerdotisa, sino una regla social que sería observada por todo el pueblo incluso por Huey Tlatoani, quien estaría muy interesado en vigilar cada detalle, por mínimo que fuera con la intención de desacreditarlos.

Erandi acompañada del báculo ceremonial descendió de la escalinata para reunirse finalmente con los Señores de la Luz; descendió y faltando 8 escalinatas para finalizar su descenso, se detuvo para manifestar con beneplácito la bienvenida a los recién llegados:

“Sea la luz entre cada uno de ustedes la portadora de nuevas enseñanzas, la voz que unifique el camino que nos hemos propuesto andar juntos; sea ella, la luz, con su poder y energía quien nos indique el cómo y cuándo cambiar el rumbo.

En todos ustedes percibo que el aprendizaje está cumpliendo un objetivo y para cada uno de ustedes ha sido un reto difícil de afrontar, el dolor y el gozo de la vida nos impone difíciles pruebas cada día.

Sin penetrar profundamente en las sombras es imposible emerger a la luz para entender el proceso de todo aprendizaje”

Dicho ésto golpeó cada escalón por el que fue descendiendo, cada peldaño recibió un golpe hasta completar los 8 que la separaban del suelo firme donde se encontraban los Señores de la Luz.

Les fue solicitado por la comitiva que se colocaran 4 de un lado y cuatro del otro para que Erandi pasara entre ellos, posteriormente a una distancia prudente, la siguieron siempre con las cabezas agachadas.

Ya en el recinto, tanto la comitiva como los invitados entablaron una fascinante 

conversación sin ser molestados por miradas curiosas.

Huey Tlatoani observó en la distancia con desconfianza la forma como fue custodiada por la comitiva la entrada del recinto de Ometeotl, Erandi señaló:

-Señores veamos de frente nuestros rostros, el respeto ante la luz nos iguala a todos, deben tener muchas preguntas, no se en realidad si todas ellas podrán ser atendidas o comprendidas. Hay cansancio y sed en sus rostros, yo prefiero que sea de esa forma que se expresan, la necesidad del cuerpo muestra las verdades de una forma única. La información será nuestro primer alimento. 

Dicho ésto extendió sus manos cediendo la palabra a los iluminados; Evaristo fue el primero en tomar la palabra:

-A nombre de todos mis compañeros no puedo hablar, pero se que ellos han sentido una profunda alegría por toda la ayuda que nos ha ofrecido y entender que la vara doblada nos ha traído hasta este lugar es fabuloso.

Erandi lo miró con una sonrisa y expresó:

-No se brinda ayuda al que la pide, sino a todo el que logra ser cubierto por la sabiduría, ser un seguidor en este camino nos orienta y todo el que busca aliados, sincroniza sus intenciones para encontrarlos. Esa es la realidad, estamos en este lugar porque era necesario que fuera de esa y no de otra forma.

Zila se animó a expresar sus sentimientos con éstas palabras:

-Sacerdotisa, si a mi me hubieran dicho que en mis más profundos sentimientos de angustia alguien en la distancia los hubiera escuchado, me hubiera sido muy complicado creerlo, vivirlo me ha marcado con esa grandiosa certeza.

Erandi se acercó a él y tomando su mano advirtió:

-Joven Zila el camino es largo, ustedes lo han de cubrir de los colores y las estructuras que nos son necesarias, sea visto como una acto de reciprocidad lo que nos acercó los unos a los otros.

Patricio pronunció con energía sus palabras al ser visto con fijeza por la mirada de Erandi:

-Sacerdotisa del Templo de Ometeotl, me han nombrado constructor y usted lo ha dicho compartiremos lo que sabemos y lo que ustedes nos enseñan con entusiasmo.

Por su parte Jacobo con asombro señaló:

-Estimada Erandi el tiempo que nos ha llevado llegar a este lugar no ha dejado de ser un constante aprendizaje, un entrenamiento para la vida que ahora se nos ha mostrado, ninguno hemos hecho preguntas, todos nosotros estamos expectantes ante esta nueva realidad.

Erandi con un movimiento afirmativo de su cabeza, simplemente sonrió al sincero y agradable hombre que tenía enfrente, posteriormente se movió unos pasos para ver el rostro de Timoteo:

-Así es señora Erandi, hemos sufrido, hemos dejado la piel y los recuerdos en esa sorprendente cueva, hemos reconocido en Dayami una fortaleza sin igual y como dijo Zila si nos hubieran dicho que nuestra vida sería de esta forma, ninguno lo hubiéramos creído.

Diego fue el siguiente en aquel círculo que habían formado, primero miró en silencio a Erandi  y finalmente señaló:

-Es algo muy extraño, pero he de confesarle que siento como si al compartir con Dayami todo este tiempo, ella de alguna forma nos hubiera ayudado a sentir un especial afecto por usted, en ella vimos lo que la magia transformadora logró y todo lo que ella nos transmitió.

Erandi reconoció que fue muy difícil saber si ella lograría avanzar en esa tremenda crisis a la que fue expuesta, pero su espíritu y entrega a un propósito superior a ella la llenó de fuerza para concretar su labor.

Javier tomó la palabra y su emoción fue evidente cuando dijo:

-Aún me pregunto qué hubiera sido de nosotros de haber elegido otro rumbo, de haber muerto en aquel navío, pero el universo pacta cuando pone su mirada en el futuro, no podría entenderlo de otra forma.

Erandi solamente lo tomó por el brazo y con una cálida mirada asintió para decirle:

-Estimado Javier, hay caminos que deben ser recorridos, hay visionarios que los reconocen de inmediato y ustedes lo han comprendido.

Por último Santiago quien cerraba el círculo de los iluminados pronunció estas palabras:

-Sacerdotisa del Templo de la Luna y de Ometeotl, nos fue explicado el significado de diferentes símbolos y encuentro que sin ellos, nuestra tarea será complicada, vi la forma como honró nuestra llegada señalando las ocho escalinatas, entiendo que hay mucho que aprender y como dijo Iztli, muchas otras cosas las debemos desaprender; lo único que puedo decir a todo ésto es que estoy asombrado y se que cada día será una nueva y grata sorpresa en estas tierras.

Erandi asintió y les pidió que se sentarán, pues había llegado el momento de disfrutar de comida y bebida, los hombres se miraron unos a otros sin saber quienes servirían los alimentos, con cierta mirada de complicidad suspiraron esperando que fueran las doncellas cuyos rostros podrían al fin conocer.

La vida es un recorrido que no todos vivimos igual, a veces tenemos la oportunidad de entender que hemos llegado a un lugar por el simple hecho de que algo importante nos será revelado, entonces basta esperar que suceda con actitud positiva. 

Notas de la autora:

Fotografía del Templo de la Luna de archivo