Todas las historias son semilas

“A veces nos contamos la historia más alegre, precisamente cuando ya nadie puede llegar a echarla a perder”

El Mensajero

Por Ariadne Gallardo Figueroa

No todos somos capaces de cambiar nuestras historias, a veces los monstruos regresan y se colocan en tus sueños para estorbar y opacar el proceso, entonces hay dos caminos reconocerlos y dejarlos donde no puedan volver a hacerte daño…

Painani escuchaba con atención a Hora cuando explicaba todo esto, de pronto le puso la mano en los labios para silenciarlo y preguntar:

-Hora, no siempre son monstruos, en muchas ocasiones son entidades fascinantes que dejan una estela brillante en tu vida, te dan enseñanzas y te ayudan a disfrutar el trayecto de la vida. ¿Crees que existen entidades brillantes envueltas en velos que se confunden con monstruos?

Hora reflexivo contestó con seriedad:

-La vida es diversa, no todos viven lo mismo, ni son capaces de entender que debajo de un velo puede existir otra entidad. Entonces se aíslan y pueden dañar algo que pudo ser apreciado en sus vidas, también pueden orientar al monstruo a otro camino y quedar libres, no lo sabemos.

Algo es importante hablando de los sembradores de ideas, somos eso y en el mundo nos dirigimos a los demás de esa forma, con el propósito de cambiar sus sentimientos hacia algo.

Recuerdo perfectamente que en el momento que un grupo de humanos me señaló como profeta en ese preciso instante entendí que mi vida iluminada por el Rayo serviría a una causa mucho mayor que yo y ahora tengo a alguien a quien comunicárselo y me siento feliz por ello.

Painani se quedó meditativa y con cierta preocupación, de nuevo preguntó:

-Amado, ¿Puedes asegurar que todas las historias son semillas?

Con una franca sonrisa Hora admitió:

-Por supuesto que puedo hacerlo, lo que no puedo asegurar es que todas caigan en tierra fértil, mucho menos que éstas semillas al alimentar a un grupo, todos entiendan de  igual forma  el significado de sus frutos.

Pero te voy a platicar algo mágico que me sucedió en la trampa del jaguar, tuve un sueño que me permitía ver la tierra como que fuera algo transparente, como si en lugar de un pozo hecho en la tierra fuera una sitio en el fondo de una laguna, lo que yo pude observar con claridad fueron las raíces de los árboles, se daban apoyo para mover la savia, algunos más fuertes que otros y algunos agrupados, comprendiendo que solo entre mangles podían sobrevivir, pude ver algunos cedros rojos haciendo lo mismo y si te das cuenta todos ellos fueron semillas.

Lo que te quiero decir es que el grupo de iluminados encontrará la forma de permanecer unidos y de conectar con los que fortalezcan su savia y los otros grupos que son gregarios harán lo propio y eso no se puede evitar, por ejemplo el mangle arrastra mucha agua a la savia, eso no es bueno para todos, pero a ellos los fortalece.

No temas amada mía, hay historias que sabrán conectar con quienes las merecen y no podrán los monstruos y tampoco los depredadores aniquilarlas, si logro que prevalezca mi espiritu de profeta se quedará por mucho tiempo alimentando el espíritu de los tiempos, hoy aprendo de tí y tú de mi, lo que construiremos se finca en las pocas certezas con las cuales avanzamos, sí acaso la raíz penetra de forma profunda en la tierra que habitamos, ella se encargará del resto.

Painani sonriente exclamó:

-Cada árbol es un mensajero que ilumina el camino del que sabe reconocerlo… Ambos se besaron con apasionada alegría para disfrutar de ese regalo que los mantenía unidos.

Con el tiempo ambos serán un símbolo, la vida cambia constantemente pero las raices  de los árboles son milenarias y en ellas debemos confiar.

Notas de la autora:

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