La insignia de poder

“Despojate de todo atuendo, tus heridas serán tu insignia; has de recordar  en tu cuerpo el sitio donde fuiste marcado al nacer o por el arma del enemigo, incluso aquellas heridas que te infringiste por ignorancia. De esta forma la luz ha de mostrarte tu símbolo personal, ese que será tu escudo de poder”

El Mensajero

Por Ariadne Gallardo Figueroa

Dayami entre todos ellos no se consideraba en absoluto como una autoridad  de alto rango, sino por el contrario un ser que había aprendido de sus heridas a sanar y ayudar a otros, tampoco era alguien de quien se esperara escuchar aquello que ellos deseaban, posiblemente lo que ella deseaba era ser vista como un guía, solamente eso.

Así que llegado el momento les solicitó a cada uno de ellos que se despojaran  de sus ropas antes de tomarse de las manos y formar el círculo de los iluminados.

El primero en oponerse fue Patricio, se negó de forma rotunda a ser visto por una doncella y analizado en sus dimensiones poco dotadas por sus compañeros, a lo cual Dayami contestó:

-Por tu carácter tus compañeros te conocen, por mi percepción yo te conozco por dentro y por fuera, aun sin tener ojos humanos para verte y el ritual lo pide la luz de quien soy emisora en este momento.

Al escuchar estas palabras los otros si acaso tenían alguna objeción de inmediato la hicieron a un lado, en silencio se despojaron de sus ropas para iniciar con el siguiente trayecto y descender hacia el 6 nivel del Mictlán.

Volvió a hablarles Dayami:

“Pongan en su mente la herida y recuerden cómo fue creada, la luz debe reconocerla y sólo así será transformada. El orden lo elige la luz, ella les entregará su insignia, cuando necesiten protección invoquen cada uno de ustedes  su símbolo, ese que será su escudo”

Algunos podrán atraer al símbolo de otros, será un nudo empático indivisible, pero lo sabremos en el trayecto.

¡Ahora concéntrese!

En medio de aquella formación calcárea de las grutas de Cacahuamilpa, apareció en el centro del círculo que habían formado los ocho hombres una luz blanca apenas perceptible que fue aumentando en tamaño y brillo conforme cada uno de ellos recordaba sus propias heridas.

Zila desde luego lo primero que recordó fue la enorme herida en el costado que casi le cuesta la vida cuando se defendió de un lancero solo con las manos en aquella embarcación.

Diego recordó aquella pesca siendo aún joven cuando el anzuelo fue a parar a su propio cuerpo y el pez escapó.

Evaristo, tenía una enorme herida en la pierna, una herida de flecha cuando trataba de huir de un poblado en guerra.

Javier siempre se había sentido menos por la piel dañada a causa de la varicela, una marca imposible de ocultar de su rostro.

Patricio en el antebrazo tenía una profunda herida que se hizo en un pleito por dinero en una taberna.

Santiago aparentemente no tenía heridas visibles, pero la más profunda estaba en su corazón, él había creado un escudo de desconfianza que había fortalecido ante los desengaños de amor y las traiciones que vivió.

Timoteo el rasguño de una flecha que pasó rozando sus espaldas en batalla.

Jacobo sufrió una caída violenta que le había dejado una marca en la rodilla  y un poco de cojera que se acentuaba cuando había humedad o frío.

Al reunir todas las heridas sucedió algo sorprendente

Tal como lo advirtió Dayami algunos de ellos podrían vincular su símbolo al de otros por empatía, pero jamás imaginaron que todos y cada uno de ellos formarían un escudo de poder, la sincronicidad de sus ideales, la empatía que sentían el uno por el otro era única y diferente a todo lo que hubieran podido imaginar.

Al momento que vieron en medio de su círculo de iluminados que la luz reunió cada una de sus heridas en una especie de sigilo portentoso, sintieron que su compañerismo y hermandad estaba reflejada en ese símbolo, juntos proyectaron su unidad al mundo de esta y no de otra forma.

Dayami exclamó con energía:

“Cuando logras compenetrar en la amistad de un grupo tus valores y esencia  y tu desnudez va más allá del cuerpo, verás tu alma ante el otro en plena y rotunda sinceridad. Los destellos rojos son mi sangre, soy ahora una con ustedes”

El sello de poder ha decretado una insignia inquebrantable

Los ocho hombres y Dayami descubrieron ese día que todo lo que los había dañado, ahora formaba parte de una transformación esperanzadora, y sonrieron alegres, desnudos y fortalecidos con el llamado de la luz.

Cuando en la vida te deprimas por que sientes que lo que has hecho te ha perjudicado y no puedes saltar de ese sentimiento, analiza cuánto de todo lo que has vivido te ha dejado una clara y fortalecida enseñanza.

Notas de la autora:

Dibujos propios con filtro libre de PicsArt