El agua curativa

“Vas de la superficie al fondo oscuro de todos tus miedos, en el tercer nivel hacia el Mictlán, sabrás lo difícil que es escapar de lo que duele, de todo lo que no tuvo solución”

El Mensajero

Por Ariadne Gallardo Figueroa

Pasaron un día tranquilos meditando en lo que les había solicitado Dayami, pensar en todos esos grandes amores, la gente que se cruzó en sus vidas para dejarles una enseñanza y de las que no volvieron a saber jamás.

La mayoría de los iluminados fue consciente de que el dolor no resuelto lo habían apagado con aguamiel o cerveza para olvidarse de la tristeza o de todo lo que no habían logrado resolver en sus vidas, para eludir o justificar su conducta agresiva o depresiva, para olvidarse y seguir como fuera en esas  situaciones que les rompieron el alma, embriagarse había sido una buena  solución.

A su memoria llegaron los actos desastrosos que ellos protagonizaron, las aberraciones que observaron en un mundo regido por el poder de la lanza, a los hombres que mataron a sangre fría por no ser del clan o para poder robarles comida.

La muerte de sus familias en aldeas encendidas entre las llamas de las cuales tuvieron que escapar heridos y sanarse como fuera, recordaron a sus amores violados en batalla, atravesados por lanzas en territorio invadido por los que impidieron que ellos pudieran regresar para darles la despedida digna de un humano dentro de sus rituales y tradiciones.

En la tarde después de los largos silencios que ese día vivieron, ya que la indicación era recordar pero no compartir los recuerdos, sino guardarlos, tenerlos presentes en su mente para descender al tercer nivel del Mictlán. Estaban ansiosos por el anuncio de la llegada de la deidad del río.

Puntual como las otras ocasiones llegó Dayami a la mente de Zila quien les solicitó unir sus manos de nuevo en un círculo y preguntó a cada uno de ellos:

“¿Qué desearon más en los momentos  donde recordaron tanto dolor?”

Sin grandes diferencias la mayoría había tenido un deseo tremendo de embriagarse, de embrutecer la mente para no pensar en todo eso que les provocaba rabia y los hacía sentir inútiles, impotentes ante una realidad que no deseaban y que a fuerza tuvieron que vivir.

Dayami les recordó los momentos que vivieron en las costas de Portugal, cuando empezaron a beber agua de aquellos riachuelos y les preguntó si acaso entendían la forma como dejaron atrás sus deseos de olvidar y  las ansias de embriagarse.

Todos lo atribuyeron a la paz del paisaje, al compañerismo que habían logrado, además no tenían forma de producir su propia cerveza de otra forma tal vez Evaristo lo habría hecho para compartirla, pero no fue así.

Evaristo con un destello en la mente exclamó:

-¡El agua estaba habitada por la sustancia mágica de Dayami!

A lo que ella les contestó:

-Aún sin proponermelo yo estaba intentando por todos los medios reconocerlos, entenderlos, ver en sus mentes aquello que los hacia diferentes, es posible, pudo suceder de esa forma, desde luego y prosiguió Bien, ahora no es agua pero logré que durmieran evocando un sonido que todos percibieron.

Ahora bajemos al tercer círculo del Mictlán, veremos cada uno de nosotros aquello que perdimos, incluso yo; el inmenso dolor de mi muerte, en mi caso el momento en que fui colocada en la piedra de los sacrificios.

Entonces veamos todo ese dolor con la mirada que no está en los ojos de la realidad e intentemos  despojarnos de lo que hemos sido hasta donde sea posible, busquen ese sonido que estará flotando para todos y reconstruyan de otra forma el pasado doloroso.

El desear debe obedecer a la voluntad de cada uno de ustedes,  para lograr que algo suceda debemos desearlo como algo real. Todos hemos perdido la forma de llegar a alguien que nos importaba, lo que nos queda de ellos son los detalles que compartieron con nosotros, todas esas cosas simples que estuvieron frente a nosotros.

Hay dos caminos: Dejarlas intactas o envolverlas en delicados regalos para lanzarlos al futuro, todos ellos pueden ser enseñanzas vivas, entrenamiento para otros iluminados, recuerden que el camino a la luz está formado de tinieblas.

Fue en ese momento que todos sintieron sus cuerpos en arenas densas, se hundían sin remedio en pesados pensamientos de desaliento y su tarea para seguir el sonido de Dayami fue complicado y tortuoso, aunque ella no dijo nada también sufrió el trayecto con profundo dolor.

No todos respondemos igual al dolor de una perdida, pero sabemos que por alguna razón nos quedamos en el mundo y depende de nosotros y nuestra voluntad hacer del mundo un mejor lugar para vivir.

Notas de la autora:

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