El Tiempo Observa

“Todo aquello que puedes palpar te convierte en dueño de diversas creaciones, una buena parte de ellas no te pertenecen, recuerda que la tierra que eres no es la que pisas, sino la que trabajas siempre pensando en un lugar que no habita tu tiempo”

El Mensajero

Por Ariadne Gallardo Figueroa

Hubo un tiempo en que el mundo no era lo que es ahora, no se regía por las reglas y las fronteras que nos custodian  hoy; sus límites eran otros y todos esperamos que en el futuro ésto siga cambiando.

Es bueno hacer una revisión de lo plantea la historia, cuyo fin último es llegar a lo que ya abordamos, esos años entre el 2800 y 3000  que reconocemos como parte del calendario gregoriano.

Cada personaje nos acerca a lo que recordamos y sus raíces se han convertido en una red de conexiones que no son infranqueables, sino maleables y flexibles, son la urdimbre y trama de algo que no hemos vivido aún y que muchos deseamos; vamos bajo la mirada del trueno a dejar flashazos entre algunas de la páginas que ya se han escrito:

Recordemos por ejemplo aquel desgarrador momento cuando el Maestro tumbado en la cubierta de su pequeña embarcación vikinga sufre y lamenta la muerte de su entrañable tutora Sol y grita entre sollozos bajo la tormenta:

“No  volveré  a embarrarme de tierra el corazón”

Él es consciente de que no pisara de nuevo la tierra que lo vio crecer y eso le provoca un inmenso dolor, pero tiempo después se fortalece creando un sólido espacio en tierras de Dinamarca al lado de Ellinor, la audaz mujer que lo acompañará hasta su final en esta vida.

Así puedo ir señalando a cada uno de los personajes de la historia y su camino hacia el futuro, podemos notar que son muy pocos los que realmente se han de quedar en el sitio donde han nacido porque a donde vayan serán diseminadores  de grandes ideas y se fortalecerán en la distancia reconociendo que la tierra en la cual  trabajen será aquella que los ha de reafirmar más allá de las fronteras como fuertes seres iluminados por una luz que no se ha de apagar.

Si acaso la mayor fortuna de cada uno de ellos reside en saber comunicarse, no es con todos que lograrán ese beneficio, no todos los leerán de la misma forma han de suceder cosas que vistas ante la mirada del presente podrían sorprendernos pero la raíz  de un árbol se comunica de formas insospechadas, por decirlo de alguna manera.

Atiendan de forma especial este pasaje:

Al otro día de los sucedido en las cavernas de Cacahuamilpa, Zila se comunicó con Dayami para contarle la forma como él obtuvo ese nombre, un vocablo letón que significa azul.

Recordemos que el Zila del siglo que aún no vivimos, el XXX, de acuerdo a la abuela y la bisabuela lo consideran finlandés, y no sabemos si la rama de su historia surge allá o en Letonia, pero en aquella época las marcas fronterizas no eran las mismas, tampoco sabemos si en realidad él tiene una raíz generacional directa de los  llegados a Terranova; o de aquellos que habitaron por un tiempo las costas de Portugal.

Sin embargo, por raíz generacional directa o no en el profesor Zila se cumple la promesa de que varias generaciones de hombres llevarían ese nombre. Independientemente de esta reflexión, escuchen con claridad lo que le pregunta a Zila la deidad del río Dayami:

Háblame del río que más recuerdes o más aprecies en las tierras que te vieron nacer”

Zila le responde:

-Recuerdo con aprecio el rio Aura, en ese lugar un recolector de moras y fresas silvestres observó algo que lo mantuvo cautivado;  durante toda su vida no olvidó y lo que te voy a relatar no es algo que se de por hecho, en realidad muchos lo consideraron loco.

Dayami, escucha, esto ahora lo creo y puedo dejar de verlo como una leyenda o la visión de un demente. Con todo con lo que ahora estoy viviendo siento que ese hombre decía la verdad, hay situaciones que parecen no tener explicación racional y deben sin duda ser vistas a través de la magia.

Aquel varón observó a una mujer de piel muy blanca con un vestido vaporoso en medio de la nieve, un vestido blanco, le acompañaba un zorro de pelaje rojo con quien ella hablaba y de un momento a otro el zorro dando vueltas hizo que de su cuerpo se desprendieron luces de diversos colores como si fuera un bello arcoiris.

Esa es la causa por la cual le nombraron Valvo, que significa mirar; muchos lo hicieron a manera de burla, fueron incrédulos, de alguna forma él lo contaba con total seguridad y yo le creí.

Ante este relato Dayami le dijo:

Puedo comunicarme de una forma mágica con los ríos y sé que ellos en algún momento formarán parte de lo que somos y de aquello que pretendemos. Hay furiosas batallas en esta época querido Zila, pero en el futuro habrá otro tipo de batallas que no necesariamente iniciarán los hombres, nuestra labor no termina y cuando sepa de la mujer del vestido blanco y su amigo zorro te lo haré saber.

¿Ahora entienden lo que el tiempo observa y lo que ellos tejerán para el futuro?

Toda experiencia viva que obedezca a razones que van más allá de los rituales rutinarios de la vida, entraña algo que te ha de sorprender y deberás estar atento.

Notas de la autora:

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