El cruce de caminos después de la muerte

“Nadie puede saber la fuerza que conlleva la voz del silencio de alguien que ha muerto pero tú lo sabes perfectamente, has penetrado el mensaje enviado por aquel que tiene abiertos los sentidos para comprender que jamás hay verdadero silencio”

El Mensajero

Por Ariadne Gallardo Figueroa

Absolutamente nadie de forma espontánea va a aparecer de la nada para convertirse en tu todo, tampoco de la nada se va a comprometer en tus sueños. Hay una idea clara cuando estás dispuesto a que algo suceda, hay que trabajar buscando alternativas para tus fines, alguien te va a lanzar al compromiso o te dejará solo.

Hay ofrecimientos afortunados toda travesía los necesita, no siempre aparecen, lo que sí suele suceder es que puedes identificar a los personajes que pueden incidir en ello, los hay analíticos y aquellos que toman decisiones basadas en lo que saben.

Todo ofrecimiento puede generar resultados inesperados, intempestivos, incluso  alocados de gente que no mide sus palabras o definitivamente encontrarás lo opuesto, gente tan cautelosa que se atemoriza ante el riesgo. No todos disfrutan de la cosecha de lo que han sembrado, la dejan dispuesta para los que vienen detrás, también están los que esperan ver resultados que a ellos les favorezcan.

Erandi sabía perfectamente esto cuando eligió a Dayami para surcar ese atrevido trayecto, donde mucho de lo que sucedería era desconocido para ambas. Ahora ella regresa de nuevo a su tierra con la clara esperanza de haber cumplido una tarea dolorosa y al mismo tiempo predictiva, no fue fácil entender lo que ella era en un mundo hecho para los vivos, tampoco reconocer lo que la impulsaba a seguir con esa energía y sin embargo lo hizo y estaba satisfecha de lograr vivir entre la vida y la muerte.

Observó la pequeña bifurcación que le mostraba el trayecto del mar hacia el río, es importante aclarar que observó, tal vez no sea la palabra, en realidad lo intuyó como todo o casi todo lo que logró palpar en la realidad circundante. Con un suspiro, si acaso se le pudiera llamar de esa forma, exclamó:

-No se lo que será de mi pueblo, entretenido en tradiciones y rituales, desconociendo lo que he percibido, ajeno al dolor y la muerte, pensando que siempre habrá una salida digna ante lo desconocido.

Me pregunto si en algún momento lograré encontrar a otro Anxaá para compartir momentos, tendría que ser alguien con mi determinación o terquedad para llegar hasta donde es difícil hacerlo…

Tal vez sea más fácil ser un espíritu que enfrentar a los vivos, por eso me alegro de haber encontrado a los ocho custodios de la luz, ellos no refutaron a nada de lo que les diga, van de frente sin temor a caerse, a equivocarse,  no los detiene una estructura a la que le daban veneración, saben que  las cosas se hacen o se dejan de hacer, no esperan ser glorificados por nadie, su intuición los guía y a ella se deben.

La propia historia podría olvidarlos, pero saben que su grupo, el que ha de continuar jamás lo hará, querrán etiquetarlos, algunos zalameros querrán ser complacientes con ellos, pero ellos saben que por nada cambiarán lo que ahora son.

Eso percibo, soy Dayami la deidad del río y no se si mis certezas serán tal como las he pensado, pero algo me dice que nunca hay certeza, solo un trayecto donde avanzas con lo que eres y alejas lo que ya no va contigo.

La más profunda soledad puede instarnos a encuentros diversos, al final lo que se queda a tu lado es lo que eres y sí ese algo es tu reflejo, bienvenido sea.

Notas de la autora:

Dibujo “Alegoría de Dayami” dibujo de la autora con filtro libre de PicsArt

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