Adiós para siempre entrañable tierra de gitanos

“Dejarás atrás lo que ya te enseñó un camino, te dio alas para crear algo nuevo y mirar con esperanza lo que se presenta ante ti como un misterio; esperanza y asombro cobijan los días de cada uno de ustedes”

El Mensajero

Por Ariadne Gallardo Figueroa

Aquella noche ninguno de los ochos entrañables y solidarios compañeros durmió, tampoco celebraron su acostumbrada tertulia ante la fogata, les esperaba un largo camino desde aquella boscosa ladera para bajar a la costa con su barcaza, cuatro hombres con cuerdas por delante y cuatro detrás para equilibrar la ruta de su nave.

Nostálgicos y al mismo tiempo esperanzados, pusieron manos a la obra y Evaristo interrogó al grupo en lo que ataban las cuerdas de arrastre:

-¿Qué nombre le daremos a nuestro barco?

Todos se miraron con sorpresa y se dieron cuenta que bien merecía un nombre que les exaltara la aventura y con el cual fueran recordados por la historia, aquella que ellos nutrían que no sería jamás la historia oficial sino la que alimenta el alma de los aventureros, iluminados, pioneros y constructores de sueños.

Hubo un momento de silencio y Javier dijo con seriedad:

-Al momento de tocar el agua será bautizado el navío.

Levantando sus brazos los ocho varones aclamaron la idea y afirmaron:

“Así sea, la aventura comienza, hasta aquí  llegamos acabados, nos vamos enteros” 

Esto sería parte de un canto que entre ellos se recordaría, cuando las vueltas de la vida los colocara en situaciones de las que posteriormente saldrían airosos y triunfantes.

Definitivamente ésto era verdad, Zila llegó mortalmente herido y ahora sería el comandante al frente del navío, asesorado por Dayami, Patricio vio cómo sus sueños de constructor se fortificaron en un vehículo que los pondría en aras de una nueva ilusión por vivir; Evaristo descubre que sería útil con sus conocimientos de remedios y enfrentaría a  la muerte con destreza para espantarla de todo sitio al que habría de llegar; Jacobo gracias a su conexión con la caracola contaría con la ayuda de las deidades marinas para orientar a sus compañeros y salvarlos en la zozobra; Santiago entendería las señales del cielo y los tonos del mar para descubrir lo que fuera necesario, desde un banco de peces, hasta el descubrimiento de peligrosos momentos; Diego se convertiría en un pescador de almas y de peces,  alimentaría el alma de sus seguidores con inteligencia y con peces los estómagos de sus compañeros; Timoteo, inspiraría con palabras de aliento y esperanza a cada uno de sus amigos en los momentos más desesperantes y desde luego Javier con su experiencia cada una de sus palabras será tomada en cuenta y dara ejemplo al grupo de unidad y tenacidad.

El alba iluminó sus rostros cuando al fin se encontraron en las orillas de la playa de aquella entrañable tierra de gitanos a la que decían adiós para siempre y al tocar su nave las aguas costeras todos meditaron con serenidad el nombre que merecía su humilde e útil navío.

La decisión fue unánime al entrar en contacto con el agua el cielo se nubló y el rugir del trueno los sorprendió a todos, ya que no esperaban un mar turbulento, sin embargo fue la forma como anunció su presencia Bormanicus.

Cuando miraron a la playa con nostalgia para despedirse de aquel sitio que cambió sus expectativas y esperanzas un rayo encendió la hojarasca y reconocieron que la propia naturaleza les regaló la última visión de su fogata ceremonial, entonces Javier exclamó:

-Un trozo de nuestra alma queda alrededor de esa fogata, es la visión más entrañable que quedará en nuestra memoria para siempre de este paraje que nos acogió, alimentó y alentó a vivir de otra forma. Por tanto hermanos declaró que nuestro navío sea nombrado “Rayo de Esperanza”

Todos estuvieron de acuerdo, subieron y tomaron posiciones estratégicas en la embarcación, levantaron sus brazos y gritaron a todo pulmón:

“¡Rayo de Esperanza, la travesía de una nueva aventura ha comenzado, vámonos!” 

Descubrir en cada señal el momento para hacer lo impensable, para atreverse a ir al sitio que desconoces donde la esperanza es tu escudo, ha de suceder y se presenta cuando menos lo imaginas.

Notas de la autora:

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