¿Quién se atreve a invocarme?

“Muy pocos saben tu nombre secreto, eres la persona que puede mirar detrás del espejo, sin ser vista o escuchada”

El Mensajero

Por Ariadne Gallardo Figueroa

“Sí acaso supiéramos de qué se trata todo esto de pasar inadvertidos y lograr penetrar bajo las sombras para que las cosas sucedan, nadie nos creería que de hecho es posible.

Pero aquellos que lo puedan intuir no lo dirán, resulta demasiado fantasioso para ser creíble y los que han dado un seguimiento a todo ésto, saben que toda teoría conspirativa resulta absurda y que lo único certero es que formamos parte de una red de conexiones que son inmanentes a cada uno de los seres que han logrado vincularse de  formas únicas.”

Con éstas reflexiones Dayami se acerca hasta una cueva profunda en la inmensidad de aquellos espacios donde su seguridad flaqueaba, se había retirado del río para adentrarse en terreno desconocido y dirigirse sin ser vista al dominio que  pertenecía a un ser cuya fortaleza y energía tenía el poder de destruir lo que tuviera a su paso.

Cual rémora sigilosa lo observó de cerca, dormitaba y en cada exhalación surgían miles de burbujas de agua marina de sus fauces, no se atrevió a tocarlo como había hecho con los ocho iluminados, se detuvo lo más cerca que le fue posible y concentró su energía para llegar a su mente…

De pronto un remolino comenzó a levantarse desde lo hondo de la cueva subterránea y Dayami se ocultó detrás de los peñascos resbalosos por los líquenes adheridos que suavemente comenzaron a mecerse ante el embate de la deidad marina:

El mar embrabecido se muestra ante Dayami

Dayami permaneció inmóvil esperando que la intuición de quien estaba siendo despertado, hablara. Así fue, con voz profunda y ronca desde la hoquedad de aquella cavidad subterránea se escuchó:

-¿Quién eres que no te muestras con tu verdadero rostro, cómo te atreves a llegar a mis dominios, qué razones te traen hasta mi para invocarme?

Dayami con tristeza afirmó:

-Mi rostro ya no existe, se ha desvanecido en el de otros, podrías ser el único capaz de verme de la forma que en verdad poseo; del sitio que vengo guerreros y navegantes que has iniciado en sus esfuerzos llegarán para saquear lo que somos e imponerse con lo que son; hay un hombre que te conoce y cuya sangre puedo mostrarte, él y su grupo están destinados a una tarea que se aleja del poder y la conquista, de la muerte y la enfermedad, son aprendices de la luz.

La deidad le miró con sus profundos ojos y exclamó:

-Mujer o deidad podrías ser una hechicera que intenta hacerme caer en sus argucias

A lo cual Dayami suplicó:

-Reconozco que estoy como intrusa en terreno desconocido, Bormanicus, necesito de tu alianza para llevarlos a buen puerto; no son artimañas lo que digo, la única forma que tengo para que me creas es acercándome a ti para mostrarte lo que sólo tú podrías entender. Mi nombre es Dayami, deidad del río en lengua náhuatl, comprendo castizo gracias a Zila, el que me ha traído hasta aquí.

La deidad celta guardó silencio, se arremolino en sus dominios y exclamó:

-Ese al que nombras es tu salvoconducto, acércate y muéstrame…

Dayami se acercó a las heladas profundidades hasta el rugoso cuerpo cubierto de percebes y le mostró al grupo de iniciados en una de sus charlas en torno a la fogata, decidiendo unidos trabajar juntos para construir su propia embarcación; de igual forma le mostró el rostro de Zila al momento que cayó herido de muerte de un costado y la forma en que Dayami con su sangre lo encontró.

Bormanicus

Por último le mostró a Javier realizando un conjuro para nombrarlo como el hombre que mira el cielo azul y el momento en que Jacobo tocó la caracola cuando el propio Bormanicus embravecido removió los mares.

La deidad celta se estremeció en su cueva y dijo:

-Mujer, Dayami serás recordada por tu osadía y valiente empresa, lo que me has mostrado me basta, dispondré lo que esté a mi alcance, recuerda que yo protejo la casa de mi gente, mi encomienda no es como la tuya que libre navegas sin ser reconocida.

Dayami agradeció la gentileza de aquel portento que le brindaría su apoyo y finalmente reconoció que aún faltaba un buen tiempo para que la nave estuviera en las aguas costeras de Portugal y él lo sabría.

Atreverse es mirar con esperanza lo que te espera, reconocer que el más fiero y portentoso puede ser tu mejor aliado y que nada de lo hagas tiene limites para llegar al objetivo.

Notas de la autora:

Composiciones fotográficas de la autora con filtro libre de PicsArt