Zenit, Nadir y horizonte son tus instrumentos

“Llegará un momento que el zenit coincida con tu medio cielo y podrás triangular la posición de los aliados y entonces, solo en ese preciso momento, lograrás reconocerlos”

El Mensajero

Por Ariadne Gallardo Figueroa

Faltaban pocos días para la Luna Llena, Erandi espera noticias de la mujer que fue enviada a las tierras otomíes, se dispone a elaborar un delicado conjuro que dará luz a las sombras y formará un pacto con todo aliado conocido y por conocer.

Erandi al despuntar el alba, junto a su vara ceremonial y su bastón de mando inicia un conjuro que le ha de permitir observar a sus enviadas en los puntos geográficos que ellas se encuentren, cercanas, como Metztli, lejanas como Painani y la etérea fortaleza de Dayami.

Erandi y Metztli en México; Painani en Costa Rica y Dayami en Portugal

Cada momento descrito en los místicos escritos y dibujos de Erandi quedará como una crónica con las descripciones de un ser que de forma pragmática y con la ayuda de su intuición fue cubriendo pasajes del tiempo que más adelante llegaron a manos de los iluminados y posiblemente serían del conocimiento de un español temeroso de la santa inquisición que al descubrir la magia de este legado trató de ocultarlo al ser obligado a quemar todo recuerdo de la historia del pueblo azteca por ser considerados el anatema del nuevo mundo.

Pero esa época aún es distante y lo que podemos apreciar con claridad es el recorrido de cada uno de ellos al cumplir con una tarea impresionante donde la adversidad y los peligros son una constante y al mismo tiempo una oportunidad única para maravillarse de los descubrimientos y paisajes majestuosos que encontraron a su paso, al igual que la gente que sin ser conocida y tampoco hablar la misma lengua, pudo convertirse en apoyo y sostén en los momentos necesarios.

Ahora sabemos que Timoteo entraría en desesperación al descubrir que la vida que se presentaba para ellos como una oportunidad en aquel distante lugar que confunden con las Indias, estaba plagado del misterio de las sombras y la muerte.

Lo único luminoso y vibrante para cada uno de ellos es la imagen llena de esperanza y fe en el futuro de Erandi, a quien solo conocen como la Dama que custodia a la Luna.

Al llegar la noche se encendió la fogata de los ocho iluminados y en tierras aztecas se desplegaba el mediodía con la fuerza del Sol en la explanada del templo de la Luna, donde se encontraba en trance Erandi desde muy temprano; viajando mentalmente hasta el sitio donde Painani atravesaba la selva de lo que hoy conocemos como Costa Rica, en un claro de la densa selva le mostró la imagen de lo que ella podía apreciar al otro lado del ancho mar; de esta forma Painani pudo observar a cada uno de los hombres iluminados por la fogata entregados a las palabras emotivas de Timoteo que explicaba su encuentro con la deidad del río.

Metztli, observó en su trayecto a Dayami, frágil en apariencia pero fortalecida por el cauce de un río desconocido para ella; percibió y sintió el sudoroso cuerpo de Painani en un sitio de vegetación exuberante y observó el momento preciso en que Timoteo lanzó a la fogata un puño de tierra para hacerla vibrar.

En la explanada Erandi celebra el pacto y el encuentro con su báculo ceremonial lo alza para hacerlo coincidir con el zenit que cae directo en su cabeza y exclama:

“Somos uno, somos el todo en el camino y conocemos los unos y los otros el destino que nos espera y jamás nos ha de separar; somos uno, somos el todo en el cielo, somos uno y somos el todo en el ancho mar… Sean convocadas las  fuerzas desconocidas y por conocer para lograr la tarea que nos hemos propuesto, donde no se ha de separar la tierra del cielo y el ancho mar”

En ese preciso momento Timoteo señaló al grupo:

-La deidad del río me comunicó que buscaría aliados en el mar para ayudarnos en esta tarea, ella no sabe si podremos llegar antes, pero hará todo lo que esté en su magia para que nosotros logremos lo que aparenta ser imposible.

El viento en esa zona de Europa comenzó a rugir con fuerza y sin que ninguno de los hombres pudiera percatarse, un monstruoso huracán se arremolino en las aguas cercanas a las islas de lo que hoy se conoce como Canarias; alguien ha sido despertado de su calma, en las profundidades del mar, donde Dayami no se encuentra para explicarle algo, para tratar de entenderse con el portento de una deidad cuya fiereza es inmensa.

Jacobo en un impulso que desconoce de donde llega hacia él, junta sus manos y sopla como si lo hiciera a través de una caracola, en medio de esa noche que comienza a sacudir con rabia cada árbol y apaga su fogata en ese lugar de paz donde ellos conversan y hacen planes para el futuro.

De pronto, el viento cesa y la escuálida brasa de su hoguera, reaviva el fuego ante la mirada atónita de cada uno de ellos. Zila conmovido exclamó:

-Sólo falto yo por conocer a la dama que me dará su nombre y que deberá ser resguardado con celo por cada uno de nosotros, más allá de toda intuición, estamos respondiendo al llamado, somos parte de algo más grande que nosotros mismos.

Los hombres sonrieron, Painani, Metztli, Dayami y Erandi se reconocen en la intuición con la cual han dotado a los ocho iluminados y sin duda la furia que vive en las profundidades de un mar tan solo conocido por Dayami, ha recibido el llamado, ha de esperar el momento en que su fuerza se convierta en aliento y ayuda para todos y cada uno de ellos.

Si acaso dudas de tu poder, obsérvate en el espejo que son para ti los otros y en ellos entenderás que la vida es una sucesión de aprendizajes donde todo puede suceder si te lo propones.

Notas de la autora:

Composición fotográfica de la autora: “La ruta que marca el zenit”

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