¿De qué infierno me hablas?

“Donde todo puede ser y no será, donde la lluvia puede ceder pero no lo hará. Hay un lugar en tu mente que permanece inerte, ¡Haz que renazca!”

El Mensajero

Por Ariadne Gallardo Figueroa.

Tocaba el lugar al séptimo de los amigos en su travesía, me refiero a Timoteo, el hombre de creencias católicas, cuya fé sería puesta a prueba; entrar el el territorio mental de Timoteo el católico, era algo muy parecido a mirar el mundo bajo los designios del Destino Manifiesto, muy similar a un credo que surgiría siglos después y que se extendería o al menos pretende hacerlo por todos los confines del amplio mundo.

Para Timoteo la fe cristiana era una herencia divina, de aquellos elegidos para mostrar el camino, la verdad y la vida a los otros; como creyente tenía fe de que la palabra del señor se extendería por toda la tierra conocida y por conocer, él justificaba, de la misma forma que lo harían otros en el futuro la expansión de su credo.

Sin embargo, su creencia sería puesta a prueba, por sus compañeros de viaje y por la propia Dayami que estaba a punto de aparecer en sus sueños. Tomemos en cuenta algunos detalles; sí acaso un pueblo prefiere construir una iglesia en tierras extranjeras con afán de adoctrinar e invalida la fuerza de las creencias del lugar por considerarlo asunto del diablo todo lo referente a los sacrificios humanos ceremoniales, pero es capaz de organizar matanzas masivas en nombre de su Dios, ¿Qué demonio y cuál infierno vives? 

Este sería el contexto al que Dayami se enfrentaría al tratar de penetrar en la mente de un ser cuyo credo deformado siglos atrás lo colocaba en un sitio vulnerable. recordemos el origen de su nombre: Timoteo, era uno de los creyentes del grupo de los 8 náufragos, su nombre de origen griego, Τιμόθεος, “timáo-theós”, cuyo  significado es “Aquel que siente amor o adoración a Dios”.

Recordemos que en aquellas fogatas antes de la vista de Dayami en los sueños de todos ellos fue precisamente Timoteo el que contó el relato del anciano:

El anciano dijo con humildad:

-Gracias, queridos todos, que su fe los envuelva en el milagro de compartir esta noche, se que muchos no creen y otros son parte de la fe del Señor.

Ciertamente el milagro fue que por amistad al anciano todos, creyentes y ateos, se reunieron juntos ese día en una agradable convivencia.

Con el paso de los años la iglesia se hizo vieja y tuvieron que demolerla, los párrocos más antiguos recordaron con alegría la fe de aquel humilde anciano y en honor a su fe y su alegría por compartir, decidieron que la nueva parroquia se edificará en lo que había sido la casa del buen cristinano que creía en los milagros.

La realidad era muy diferente cuando el poder de los que sostenían una fe implicaba al poder político y económico de un Rey y sus territorios sostenerla. Fue así que Dayami esa noche enfrentaría la barrera mental de un hombre que al igual que sus amigos enfrentaría el dolor y la pérdida de todos aquellos a los que amo y se enfrentaría a la más terrible de las contradicciones.

Timoteo era un hombre fuerte, musculoso, de cabellos rojizos y mirada suave, cada noche oraba por sus compañeros y pedía paz y bendiciones para todos ellos, recordaba con dolor el día que ante la más cruel injusticia se enardeció y golpeó a un guardia y tres de ellos se abalanzaron sobre él golpeándolo con crueldad y a patadas le fracturaron una costilla.

Sabía que el mundo no era ese sitio donde era fácil poner la otra mejilla y hacer recapacitar al adversario pero creía en la amistad de sus amigos y respetaba sus creencias ya que ninguno de ellos la imponía al otro.

Entonces la deidad del río le habló entre sueños de esta forma:

“Timoteo, todo lo que crees, pertenece a un mundo que no es de esta época, un lugar alejado en el tiempo; podrás luchar por buscar ese equilibrio donde la gente podrá saber si lo que cree puede compararlo con lo que sabe, donde la lengua de aquel que muestra sus creencias la conozcas y te sea permitido formar parte o libremente retirarte de su templo en paz”

Timoteo asombrado contestó:

-Señora ese sentimiento es el mismo que mi fe reconoce, es la paz bendita del señor.

Dayami acercó su cuerpo etéreo al de Timoteo y colocó su manos en su cabeza, recorriendo su ancho cuello, su barba, ojos, nariz y frente. Timoteo esperó sus palabras con esperanza y gran expectación:

-Deidad del río. ¿Qué es lo que encuentras en mis pensamientos que me espera en esta aventura donde el futuro no lo tenemos claro ninguno de nosotros?

Por toda respuesta Dayami le mostró una escena dolorosa, un hombre desarmado atravesado por la lanza de otro montando a caballo, con la  mirada furiosa el atacante le grita:

<¡Maldito hijo del demonio, lárgate al infierno!>

Después habló la deidad a Timoteo:

Recuerda Timoteo que aquel que no conoce el infierno, jamás entenderá la rabia del que lo ha vivido, tampoco entenderá que ese lugar exista más allá de la muerte que el atacante le impone”

El hombre se estremece ante la visión que le ha sido mostrada: Un humano de talla pequeña con ropas blancas parecidas a las que describió uno de sus compañeros portaba Erandi y la piel del tono acanelado, tal como en el pasado en la visión comentada por Santiago les había sido anunciada. 

Timoteo, entonces con desaliento y angustia contestó:

-Señora, debemos advertirles, tenemos que llegar antes..

“No está en mis manos esa decisión, lo único que he logrado ver es que en la historia de Jacobo habita un hombre con cola de pez; si logro hacer una alianza con él podré ayudarlos cuando se encuentren  en camino. tu amor por la vida es muy grande Timoteo y esa es tu fuerza”

La dama se desvaneció de sus sueños, el robusto varón se sorprendió a sí mismo sollozando entre la vigilia y el sueño; entonces reconoció que más allá de toda creencia el valor y respeto por la vida es y será  fundamental.

Todo ser vivo merece respeto, no importa si lo conoces o no, lo único que no entenderás jamás es que quiera imponerte sus creencias y te imponga respetarlas por encima de las tuyas.

Notas de la autora:

Composición fotográfica de la autora: “La Caracola de Jacobo”