La Gran Celebración

“En alguien has colocado tu inmortalidad, tú la ofreciste, por tanto, eres parte del obsequio al consagrar tu talento a la travesía”

El Mensajero

Por Ariadne Gallardo Figueroa

El aroma de las rosas sigue al apuesto y decidido Hora por el camino que lo lleva al arrullo de las olas del mar en las costas de lo que hoy conocemos como Venezuela; su ánimo al saberse portador de un aliento mágico lo renueva y alegra en los días que lo acercan a cumplir una nueva década en el planeta que lo ha visto compartir sus talentos y sus enseñanzas sin pedir nada a cambio, entregando dicha y felicidad a los lugareños y mostrando sus habilidades activas gracias al rayo que lo ha dotado de un ingenio para ser distinto.

Si ya se que todos se estarán preguntando qué hace una flor de origen babilónico o griego en territorio del continente sudamericano en fechas perdidas en el tiempo y antes de la llegada de los conquistadores…

Existe una historia que se remonta a un poblado muy alejado del sitio que hoy pisamos en la travesía que recorre Hora, pongan atención, no puedo evitar este detalle para que sea entendida perfectamente la procedencia del rosal y del hombre que nos ha cautivado con su ingenio en este relato:

En la ciudad alemana de Hildesheim está situada en el estado de Baja Sajonia un poblado en el cual años después se construyó un monasterio, es el sitio donde fue cultivado el rosal más antiguo del mundo y la raíz paterna de Hora está ligada a esa historia; no me pregunten de qué forma, pero igual que pudo hacer un pacto con el rayo, tener los ojos azules que cuando se enojaba cambiaban a verdosos, su vida y sus misterios fueron conocidos aquellos que compartieron su vida de cerca y puedo asegurarles que  fueron muy pocas personas.

Una vez entendido este pasaje sabemos que Hora poseía una magia que no precisamente lo convertía en inmortal, pero alguien le había dotado de ciertos destellos electrizantes para que su vida lo fuera.

Desde pequeño el mejor elogio que él hacía para celebrar su cumpleaños era correr desnudo, alegre y dichoso, conforme fue creciendo este anhelo en cada festejo se fue limitando al patio de la casa materna en torno al rosal que cultivaba su madre sin ser mostrado a nadie, solo para el deleite de su padre, su hijo y ella.

Es la razón por lo cual el rosal repartió  con él sus secretos y su aroma; ahora que estaba alejado de todo lo conocido, en un sitio donde el idioma no le era fácil de entender y completamente solo, sin Duplo y tampoco el loro que lo bautizó con un nuevo nombre, el varón que está por celebrar su fiesta onomástica, decidió guardar bajo tierra todos sus enseres y ropas para correr sin freno y desnudo por la extensa playa que tenía a su disposición, ésto lo haría por el resto de sus días, estuviere donde fuera, sin importar nada, sintiendo la fuerza del viento en sus cabellos y su piel desnuda acariciada por los rayos del sol.

Sea este pasaje un homenaje a Hora el hombre que supo hacer en su vida el pacto con un rosal y con el poder del rayo.

 ¡Feliz entrada a una nueva década de fructíferos descubrimientos que serán recordados por todo el que se cruzó en tu camino!

Notas de la autora:

El Rosal más antiguo del Mundo

Composiciones fotográficas de la autora con filtro libre de PicsArt