La cabra y el caballo

“Dayami has recorrido la vertiente de ese río que no es conocido por tu gente, has explorado lo que los otros dicen, tu trabajo no se limita a mostrar la luz del entendimiento a los 8 futuros ascendidos que hoy han sido iluminados por la fogata; has descubierto que tu trabajo de retorno necesita aliados”

El Mensajero

Por Ariadne Gallardo Figueroa

Aquella noche como tantas otras los hombres cortaron leña y acomodaron sus enseres para pasar la noche esperanzados ante la posible visita a uno de ellos de la deidad del río.

Para cada uno de los  hombres la esperanza de conocer el sitio donde las especias formaban parte de un comercio, empezó a convertirse en una señal, un reto y la mira del futuro hacia el encuentro con la dama que custodia a la Luna, sin embargo las cosas estaban a punto de cambiar de forma drástica y la incertidumbre tomaría un lugar protagónico. Esa noche Dayami hizo su aparición con Evaristo.

El sonido del río y sus afluentes se escucharon con claridad en los sueños de Evaristo, dentro de un remolino apareció la figura de la dama con un anuncio especial para Evaristo, quien sorprendido, la vio emerger de éste, la figura de aquella mujer difícil de definir, apenas una silueta rosácea y vibrante como el fluir acuoso del río, le habló:

“Evaristo, eres el que es y eso no va a cambiar, detallista y observador, conocedor de todos los mensajes de la naturaleza y sus señales, de alerta y alegrías; puedes curar y conoces el peligro y dotes de cada elemento del bosque y la pradera”

Evaristo alertado y sorprendido ante la sútil aparición suspiró cuando el tacto etéreo de la deidad del río se posó en su rostro y lo recorrió con suavidad de la cabeza al cuello. Entonces él le preguntó:

-Señora, ¿Puedo conocer tu nombre?

“Solo me está permitido decirlo al que me hizo llegar hasta este lugar y él será el que guardará mi nombre bajo promesa de que si lo llegase a compartir con ustedes, ninguno deberá nombrarme en estas tierras”

-Señora, ¿Qué has encontrado dentro de mi que me haga diferente para merecer formar parte de este grupo?

“Tu destino será puesto a prueba para salvarle la vida a los que han de continuar el viaje, atiende bien a lo que te digo: Ni cabras, ni caballos son conocidos en el sitio al que pertenezco. He recorrido la vertiente del río para descubrir que el hambre de poder pondrá en movimiento a muchos, todos sueñan con un lugar  de riquezas enormes pero en medio del remolino ustedes entenderán lo equivocados que están, confía en tu instinto”

En sueños la deidad le mostró una espantosa escena y le dijo:

“Serás el que conozca esta tragedia  y sabrás cómo defender a los aliados;  en tu cuerpo está la enfermedad y también la cura” 

Hueyzahuatl, La enfermedad que permitió la conquista en 1520

Evaristo comprendió que sus habilidades de curandero o hierbero lo convertirían en un hábil sanador de humanos y que se enfrentaría junto a sus hermanos al infierno del que les había hablado aquel hombre, aun cuando pensó que el infierno al que se refería  el celador de aquella espantosa mazmorra era a la crudeza de una vida sin el derecho a la libertad y puestos en manos de sanguinarios que verían primero por ellos y después por los demás.

Intuyo que la deidad no los abandonaría y que si en el futuro un remolino apareciera en su camino, sabrían que ella estaría al mando de  la ruta para cumplir su tarea. Un lugar sin caballos y tampoco cabras resultaba difícil de entender, pero Evaristo ha comenzado un viaje donde el mundo al que abrió los ojos a la vida jamás sería el mismo.

Cuando tus planes se aventuran en terrenos desconocidos, solamente la luz del entendimiento puede llevarte a donde otros jamás lo harán.

Notas de la autora:

Tal como es señalado forma parte esta lámina del códice florentino; hueyzahuatl, vocablo náhuatl que se traduce como “la lepra grande”, o “la de granos mayores”