Los 13 símbolos de la Luna Nueva

“Uno deja de estar cuando se olvida de todos aquellos que no lo supieron recordar y  permanece donde la imagen y los recuerdos son cultivados en todo momento”

El Mensajero

Es importante iniciar este relato con una reflexión, imaginen que tienen la oportunidad de viajar al pasado y explicarle a alguien lo que en su tiempo se escribió sobre historia y darse cuenta que el relato no coincide con lo que te dice ese individuo, porque la ruta de las especies inició como una hazaña de locos y posteriormente se convirtió en un comercio establecido.

En tu cabeza descubrirás que el derrumbe que había sido previsto en un sitio, terminó por darse en otro lugar y que los movimientos que lo provocaron no eran los que la historia que aprendes en las universidades fue, sin embargo todo comienzo es así, hasta que tus historias ya son la estructura que todos los demás siguen, sin sorpresas y sin sobresaltos.

La mayoría de los pueblos ya logro sistemas para preservarse, al momento son parte del status quo, vigilan sus instituciones, esas que no existian hace más de dos mil años y que costaron vidas, tragedia  y dolor para muchos pobladores hasta establecer el proceso.

Hoy vamos a los centros ceremoniales y nos sentimos felices de visitarlos, pero Hoy vamos a los centros ceremoniales y nos sentimos felices de visitarlos, pero muchos de ellos eran sitios de sacrificios humanos, no centros de turismo, ahora son fortalezas preservadas y dejan millones en visitas de turistas y esto pasa alrededor del mundo. Su encanto sensorial se pierde entre el ruido de los vendedores, los que relatan la historia oficial y los que cobran para que lleves una réplica del lugar.

Ahora acompáñenme, hasta el templo de Coyolxauhqui en esa época perdida en la historia que es parte de mi relato envuelto en el velo de la ficción y salpicado por destellos de la historia que conocemos:

Coyolxauhqui

Aquella noche la escalinata lucía cubierta en ambos lados por  antorchas, vestida de blanco Erandi se dispone con el báculo en la mano a ascender hasta la plataforma central del templo, detrás de ella su pareja lleva en brazos a la hija de ambos con pocas semanas de vida; ellos no suben, Erandi necesita espacio para invocar a las fuerzas de la luz y las sombras.

La ceremonia entraña dos vertientes, la que todo el pueblo conoce como parte de una celebración de la luna nueva, es aquella que solicita a las fuerzas que visten la imagen de la madre de Huitzilopochtli para que le entregue de nueva cuenta el fuego que la ilumine y  la haga lucir ante el mundo conocido y por conocer.

La parte oculta solo conocida por  el círculo cerrado de Erandi, se celebra  para que  ella sepa cuántos de los los hombres que rodean al varón que dobló su vara necesitan ser visitados por Dayami para completar el círculo.

Al llegar a la explanada la custodia del templo de Ometeotl y Sacerdotisa del templo de la Luna levanta su vara en recuerdo de ese momento que la hizo poner su atención hacia el Mar por donde sale el Sol.

Para Erandi el Este era un punto cubierto bajo los velos del misterio, al igual que el Sur al que los nahuas consideraban la casa del Sol, por donde viajaba Painani, básicamente eran las rutas vitales por donde se movían sus emisarias, sitios alejados de su visión pero no de su percepción.

Bajo la protección de una luna oculta al rostro de su hijo el guerrero Hutizilopochtli resultaba más fácil que ella, Coyolxahqui se expresara y le llevará a Erandi todo mensaje solicitado.

Erandi exclamó con fuerza las palabras de alabanza y de petición especial a quien estaba siendo iluminada por las antorchas ceremoniales, ante los ojos del pueblo ese era el único ritual a celebrar, todos deberían hacer una pausa de silencio ante el retumbar de tambores.

Al momento que la Sacerdotisa del Templo golpeara una vez con su báculo sobre la explanada, los tambores deberían cesar y esperar…

En ese preciso momento Erandi pronuncia palabras sin ser escuchada por todos, espera que una fuerza sensorial se apodere de su ser para dejar por un momento de ser ella y convertirse en el mensaje que ha de conocer el círculo de ascendidos presentes en la ceremonia.

El silencio es impresionante, la espera se prolonga, todos se encuentran a la expectativa…

Dayami lo sabe, la corriente oceánica golpea con fuerza las vertientes portuguesas hasta irrumpir con frenética energía hacia los ríos que bañan aquella región. Entonces el espíritu de la deidad del río envía el mensaje:

<Son dos los hombres que necesitan saber de mi para llegar al tercero, aquel  que  dobló tu vara, lo han nombrado Zila> 

Erandi y su báculo ceremonial

Hasta el momento no sabemos si Erandi escucha cada palabra de Dayami, lo que sí es claro es que ella se encuentra en trance y posiblemente al regresar de ese momento no recuerde nada, algo es perceptible y visible para todos en ese momento, cuando ella golpea el báculo en la explanada: Una, dos, hace una pausa y finalmente afirma el báculo al golpearlo por tercera vez.

La confirmación ha sido hecha, son 10 hombres, Dayami, Erandi y el fuego, trece elementos que son mucho más que un símbolo. Se renuevan las esperanzas cuando nace en  el sitio donde aparece el Sol un nuevo grupo de iluminados ante las llamas de una fogata.

La fuerza de los puntos cardinales no reside en ubicarnos en el planeta, sino en convertirnos en fuerzas magnéticas, conocedoras de su esencia.

Notas de la autora:

Fotografía de la autora con filtro libre de PicsArt: “El báculo ceremonial de Erandi