El Círculo de los Iluminados

“El mundo que tendrán frente a ustedes no les dará lo que piden, querrá negociar, atacar, destruir sus ideas; busquen sin anunciarse, cada tarea revelada, impactará en los otros, incidir sin destruir es la tarea más difícil”

El Mensajero

Por Ariadne Gallardo Figueroa

Tal como fue dicho al levantarse el alba cada uno de los ocho, ahora autonombrados iluminados, emprendieron una labor distinta; como ya era costumbre preguntaron si a alguno de ellos se les había presentado en sueños la dama cuya muerte violenta la convirtió en deidad del río, pero la respuesta fue negativa.

Mientras Evaristo colocaba el cuenco para preparar sus infusiones, asó un pichón y le dijo a Javier con entusiasmo:

-¡Hermano, si la gente te deja unas monedas ahora que vas de pordiosero al mercado, compra sal, así podremos conservar mejor la carne de algún conejo o pichón! Las picarazas han anunciado que debemos preservar la comida y yo les creo.

Por respuesta Javier le dio unas palmadas en la espalda y observó a Santiago acercarse para prevenirlo:

-Javier, se cauto, si alguien se acerca a ti muy zalamero, cuidado ese querrá sacarte información, los pordioseros son gente habitual, conocidos en los pueblos, algo así como parte del decorado alguno te verá distinto, ten cuidado.

Entre todos intercambiaron ropas para dejarle las más raídas a Javier y Diego comentó al grupo:

-La mayoría ha de hablar caló, ¿Te sabes palabras o frases de gitanos? -Javier no pronunció palabra, solamente afirmo con la cabeza- “Hecho el trato no lo iban a echar a atrás por hablar o no, lo más importante era descubrir si la gente estaba alerta o se preocupaba por algo.”

Finalmente los siete amigos lo vieron alejarse hasta perderse colina abajo y esperaron…

Al caer la tarde lo vieron subir colina arriba, entusiasmados corrieron hasta él y Javier estiró su mano para entregarle un paquete con sal a Evaristo, la recibió con una sonrisa.

Patricio se acercó y le preguntó si solo había llevado sal, le reclamó por qué no había llevado una hogaza de pan; dentro del raído pantalón Javier mostró a todos que en efecto, ahí estaba la hogaza.

Todos sonrieron y se dieron cuenta que Javier era astuto, casi al unísono preguntaron si había escuchado algo que les sirviera de algo:

Javier se sentó y compartió el pan entre sus compañeros y comenzó a describir lo que observó y escuchó:

-Había hombres azules (blamenn), pero no parecían esclavos, otros del lugar, los que llevaban pescado mencionaron el Puerto de Palos, parece que hay algarabía con un hombre que consiguió doblones de oro para marcharse a las Indias.

Jacinto intervino para señalar:

-Ese debe estar con los poderosos, ¿Dónde queda eso de las Indias?

Todos se miraron con  desconcierto y Diego levantó las manos para responder como si algo le hubiera iluminado:

-Debemos preguntar a la deidad del río si sus tierras están en ese lugar si en las Indias hay un templo a la Luna.

Zila observó a todos y con enorme preocupación preguntó:

-¿Cómo es el lugar al que debemos llegar, cómo es  la mujer que describes Santiago?

Santiago los miró y apuntó con seguridad:

-Ella tiene la piel del color de la canela, esa especie que los galeones llevan y traen desde un exótico lugar (Sri Lanka), yo habría llegado a ese lugar como esclavo de no ser por Diego que tuvo la grandiosa idea de que era mejor huir y después los conocí a todos en aquella mazmorra donde después fuimos liberados por ese hombre que nos llevaría al infierno.

Todos recordaron con claridad aquellos momentos, nunca supieron a qué se refería ese hombre cuando les dijo que irían al infierno pero el viaje terminó en naufragio y eso les cambió la vida a los ahora ocho iluminados.

Los azarosos momentos que pudieron cambiar sus vidas, estaban a punto de hacerlo en verdad y para siempre.

Notas de la autora:

Entre paréntesis aparecen dos términos que posiblemente entre ellos no todos conocían conocían.

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