Práctica y experiencia

“Aquel que busca no debe hacerlo solamente en el mar y el cielo, los que descubran cómo interpretar lo que les digo entenderán que cada símbolo y experiencia les abrirá un nuevo recorrido, no todo depende de ustedes pero los tropiezos son parte de la enseñanza”

El Mensajero

Por Ariadne Gallardo Figueroa

Aquella mañana hubo trino de pájaros diversos, no solo las urracas les acompañaron luego de despuntar el alba, así que todos y cada uno de ellos se percataron que Evaristo al notar con claridad que aquellas a las que él nombraba picarazas habían llamado su atención, comprendieron algo peculiar.

No quisieron esperar al anochecer para saber qué le había dicho la deidad a Santiago, intuyeron que en su parquedad lo mandaría al olvido pero se llevaron una sorpresa cuando él les digo:

-No sean ansiosos, hemos sido convocados para darle su lugar en el mundo al círculo de la fogata o como le vayamos a nombrar, todo símbolo cuenta y han de esperar a la noche para que todo lo que me dijo la deidad del río sea dicho.

En su travesía meditaron que de verdad deberían darle un nombre a sus reuniones ante la fogata y pasaron de ser  los hombres en torno al  fuego, hasta considerarse los ocho iluminados y finalmente decidieron nombrarse “El Círculo de los Iluminados” tomando en cuenta lo que le había sido revelado a uno de ellos, que habría en el futuro razones de peso para que ésto se repitiera en el tiempo que ellos ya no conocerán.

Los ocho hombres reunidos ante el fuego, junto a la deidad del río y Erandi que llevan el fuego a otro nivel

De igual forma se pusieron de acuerdo para que uno de ellos aparentando ser un pordiosero se acercara a una comarca cuando celebraran vendimia y de esa forma tuvieran información de lo que sucedía escuchando lo que los lugareños conversan entre ellos.

Todos deseaban con ansias que llegara la noche para escuchar a Santiago y  les revelara lo que había dicho Dayami, por supuesto no conocían sí ella tenía nombre y a ninguno de ellos se le había ocurrido preguntarlo.

A la mañana siguiente sería enviado Javier como un pordiosero a la vendimia de un poblado, siendo más fácil perderse entre los que compran y venden que en una población sin actividad popular.

La noche convocó de nuevo al recién nombrado Círculo de los iluminados y haciendo honor a la tradición, Santiago hizo chisporrotear la fogata al momento que todos sonrieron con alegría, notando en el más reservado de sus integrantes una apertura amigable hacia ellos.

Lo primero que les dijo a sus compañeros fue las razones por las cuales la deidad les tocaba el rostro y de igual forma les hizo notar que era gracias a Zila que ella había logrado establecer contacto con los demás, siendo la causa por la que ella conocía el castizo y también los nombres de todos ellos.

Esto los sorprendió sobremanera y mucho más que Santiago hubiera sido el que rescató a Zila, ya que de no haberlo hecho todos ellos habrían perdido una oportunidad impresionante; Santiago se acomodó y le dio unos sorbos a la infusión de hierbas curativas que les preparaba cada noche Evaristo para exclamar:

-¡Lo más impresionante fue cuando me mostró la silueta de la mujer que protege a la Luna! Ella es a quien debo darle un nombre y será una especia de permiso para que yo tenga un trabajo entre los alfareros de ese sitio que no conocemos.

Todos se miraron con extrañeza y le preguntaron si se había aprendido cada palabra que ella pronunció, más allá de considerarlo un artesano, por alguna razón él iba a estar entre muchos de ellos, entonces Santiago, afirmativamente apuntó, esto fue lo que ella me dijo:

<Santiago, vas a descifrar un código y eso te llevará a otros, vas a ver donde otros no entienden qué sucede, no serás seducido por nadie, eso te ayudará a descubrir la verdad,  te hará fuerte y temido, cuida lo que muestras a quien no conoces; de entre tu grupo cada uno de ellos  son capaces de dar la vida el uno por el otro, reconocelo>

Evaristo fue el primero en interrogar a los demás sobre el significado de los códigos, recordando a la dama que le relató aquella historia del ladrón de almas y levantando su dedo índice preguntó:

-¿Será qué todo lo que le pertenece a un grupo para protegerse y reconocerse sea un código? ¿Recuerdan a aquella mujer que me relató por qué es necesario en su cultura cubrirse el rostro ante los otros?

Entonces Javier advirtió:

-En tal caso yo voy a ser un código al hacerme pasar por pordiosero para no ser visto en un pueblo, pero siempre habrá códigos, lo que no entiendo es qué clase de todos ellos nos van  a identificar.

Timoteo se levantó y estiró sus brazos para dirigirse al grupo:

-¿Se dan cuenta que algo nos ha cambiado, que no somos los mismos; hablamos de códigos y hemos nombrado a una fogata con un nombre como esos de los lugares donde están los que guardan rollos de papiros y cosas asi, esto es diferente, todos sabemos que somos hombres de las mazmorras, bebedores de aguardiente, ladrones y algunos de nosotros asesinos por necesidad, pero también por rabia nos hemos llevado a punta de espada a mas de uno. hizo una pausa y recordó aquel momento que para él, siendo católico fue terrible:

-Recuerdo con arrepentimiento que el dolor de tripas por hambre me hizo golpear a alguien que me siguió gritando que me agarraran por ladrón, recuerdo que me golpeó y no dude en sacar mi puñal y hundirlo en el estómago de aquel que me perseguía porque en verdad yo estaba robando. Me persigne al sacarle mi daga y limpiar su sangre en sus propias ropas.

Ahora no tengo hambre, tampoco rabia y estoy con un grupo de amigos que aprecio, me han cambiado la vida, pero estamos solos no nos hemos mezclado con los que sacan lo peor de todos nosotros.

Fue entonces que Zila reconfortado, volvió a agradecer a todos que lo salvaran de la muerte y en especial a Santiago, quien no  tuvo temor en lanzarse al agua hasta llegar a él. Hizo un pausa y se agarró las barbas que ahora no eran largas y trenzadas y exclamó:

-¡Capaz no somos solo un circulo de iluminados, somos los que le dieron vida con una caracola a algo más grande que todos nosotros!

Diego asintió con la cabeza y su intuición lo llevó a algo que agradó a todos los demás:

-Ya no podemos temer al mezclarnos con otros, ahora somos ocho para pensar en que nos conviene hacer, además un espíritu y una mujer, nos han nombrado para algo que no es solo de la tierra, tampoco de los mares.

Fue entonces que Santiago señaló con alegría:

-Ella, la deidad me dijo algo más, escuchen cada palabra, ella nos conoce porque nosotros nos estamos conociendo, ella me dijo esto:

<Santiago, tu camino es diferente al de todos ellos, solitario como la luna que ahora sientes pero no puedes ver, te marca la desconfianza, todo aquello por lo que darías la vida, sabes que no vale la pena y en ello reside tu más grande escudo para no ser presa de engaños>

Jacobo quien había estado en silencio escuchando a sus amigos argumentó:

-¿Recuerdan que ella me nombró la luz? Bien Santiago ha de ser el que ve en las sombras los peligros y nos salvará de ellos -En ese momento dirigió su mirada a Zila- de la misma forma que pudo ver en las profundidades del mar a nuestro amigo Zila.

Todos sonrieron con alegría y sintieron que su mundo ya no sería nunca más el mismo de antes, algo dentro de ellos los estaba cambiando, aun cuando ellos no sabían que era.

Habrá dioses, espíritus, demonios, todo aquello que puedas imaginar en las tradiciones, al final esta la intuición para entender, de que forma todo eso te detendrá o te hará mejor.

Notas de la Autora:

Dibujo de la autora con filtro libre de PicsArt: “El Círculo de los iluminados”