La vida gira y no se detiene para nadie

“En tus planes está seguir adelante, acompañar en la aventura a todos y cada uno de tus seres queridos, la vida tiene su propia dinámica y podrá sorprenderte cuando menos lo esperas”

El Mensajero

Por Ariadne Gallardo Figueroa

Pasadas unas noches y después que Diego les contara a sus compañeros de viaje lo que había sucedido, llegada la noche se miraron con una sonrisa picara como esperando reconocer al que tocaba su turno con la deidad del río y así conocer lo que tuviera para decirle.

Hasta el momento el aliento de Dayami los llenaba de entusiasmo y  se había convertido en parte de las conversaciones donde los planes fluían en una vida que aún no vivían, pero que cada uno de ellos disfrutaba con solo imaginarla.

Aquella noche era húmeda y Javier se fue a dormir después de tomarse una infusión de esas que Evaristo preparaba con diligencia para ayudarlos en el trayecto, sus huesos le dolían, pese a hacerse el valiente, como bien sabemos era el más viejo de todos, aún cuando él no se rendía y no quería demostrarlo.

Pasada la medianoche la luna menguante lucía espléndida, todos la miraban antes de irse a dormir pues presentían que Diego encontraría con la llegada de la luna nueva algo especial, tal como se lo había señalado la deidad del río; pero las cosas jamás son puntuales y sus inicios tampoco, ellos con el tiempo entenderían que una fecha cubre un periodo y no es un solo día que su acontecimiento marca algo definitivo.

Solo hay algo que llega puntual y rompe el marco de referencia de lo que conocemos y de esto se enteraría aquella noche el viejo Javier, en sueños recibió un llamado especial por parte de Dayami y como un valiente entendió.

En su sueño lo llevó a un sitio que él recordaba de forma recurrente, un espacio en calma donde siendo apenas un pequeño su madre le preparaba un pan de masa que había sido fermentada y él se divertía viendo crecer la bola de aquella harina con agua al doblar  su volumen tapada bajo una olla de arcilla, su madre le decía que le había puesto magia para que ella hiciera eso y él pudiera comer algo delicioso cuyo sabor jamás olvidó.

Ese sueño no terminaba de forma feliz, fueron pocos los momentos en que su madre pudo agasajar a Javier con tan delicado pan horneado, la enfermedad se la arrebató de forma brusca y dramática. entonces Dayami hizo lo que acostumbraba con cada uno de ellos, tocarlo de la cabeza y el rostro antes de hablar, Javier la miró con ternura entre esa bruma que ella apareció y exclamó:

<Mujer, has puesto en mi mente un recuerdo que llevo presente cada día de mi vida, un momento doloroso en mi azarosa existencia. Tal vez sea cierto que podré volver a verla, pero no se si eso es lo que vienes a decirme>

Dayami le permitió escuchar el arrullo del río antes de contestar:

<Javier, en mi caso la muerte me alejó de todo lo conocido y posiblemente a nadie de los que amé podré volver a encontrar, tal vez solo sea por mi condición bajo el influjo de la magia. En tu caso tienes dos opciones: Morir para el pasado y vivir para lo eterno, como me ha sucedido a mi; lo sabrás en su debido momento.>

Javier quedó impactado por las palabras de la deidad del río y no supo qué responder, sin embargo intuyó el mensaje con lo que sucedió a continuación, Dayami le brindó una visión de un sitio que nunca imaginó y que en vida no vería: La presencia de varios hombres y mujeres reunidos en un círculo convocando místicas energías y conectándose con los seres ascendidos, él en lo personal no entendió nada pero se percató que había un mundo donde sólo la fuerza de un espíritu valiente como el suyo podría ser convocada.

A la mañana siguiente les dijo a todos que la vida era un regalo donde podrían cada uno de ellos aprovechar sus enseñanzas y pese a lo que sucediera más adelante deberían confiar en algo superior a ellos.

Todos quedaron convencidos que la noche alrededor de la fogata sería muy especial y lo que compartiría Javier con ellos les daría la oportunidad de debatir sobre lo que les había relatado con enorme entusiasmo al despertar esa mañana.

La vida es hoy, pero en ella preparamos algo que  nos nutrirá más allá de nosotros mismos, basta saber cómo y de qué forma, tal vez cada uno de nosotros sabremos ésto en su debido momento. 

Notas de la autora:

Fotografía de Luna en cuarto creciente de archivo