No puedes compararte con una fuerza superior a ti

“Aquel que inició el camino viendo a sus deidades a su imagen y semejanza, rompió para siempre la realidad de aquello que lo representa, esa fuerza que es indiferente a sus necesidades. Ninguna deidad es tu igual, tampoco se compara contigo, reconocete en tu arrogancia y se humilde”

El Mensajero

Por Ariadne Gallardo Figueroa

Painani observó a todos aquellos pobladores, felices analizando la mejor forma de alabar a las fuerzas de su deidad, antes de partir el más anciano de la población, aquel que le había obsequiado una bella planta de colores rojizos le preguntó:

-Mujer de pies ágiles como el viento ¿Puedes decirme como es tu Dios?

Painani lo observó y con mirada reflexiva le dijo:

-Mi Dios es el suyo estimado monarca, pero muchos han deseado atraparlo y darle la fuerza y la fiereza de un humano, le han dotado de destrezas que le corresponden a los humanos y no a los dioses, han buscado en algunos nobles cualidades que se comparen con él, en su arrogancia se han comparado con lo intangible de su fuerza y le han puesto herramientas de guerra y tocados.

El hombre con atención escuchó a Painani y respondió:

-Ahora entiendo tu labor Painani y comprendo que tu recorrido lleva la estela brillante de su fuerza, donde tu mensaje tocará a algunos pero a otros les será difícil. Quiero que sepas que hay un poder desconocido en cada humano, algunos de ellos vendrán sin paz y con esas herramientas que me señalas, ha sucedido en algunas ocasiones. Yo soy el hombre de la cueva y en ella puedo quedarme con mi gente cuando los tiempos son malos, pero lo que está a ras de piso necesita paciencia y tiempo.

Painani entendió claramente lo que quiso decirle y respondió:

– Toda deidad es indiferente a lo que cada humano necesita, los que ya vivieron varios soles y lunas saben que nada es eterno, llegarán los que busquen colocar el poder en los hijos de sus hijos y apoderarse de fuerzas que nos les corresponden; voracidad y poder son dos palabras que no necesitan explicarse pero que deben temerse.

Ambos sonrieron y entendieron que los unía un valor superior a sus fuerzas como seres vivos, Painani se despidió del hombre con una reverencia y le prometió que la planta que le fue obsequiada ocuparía un lugar en su recorrido.

El monarca reconoció que ella sabría en qué sitio sería adecuado plantarla y le recordó:

-Para cada poblador de la zona maya el mundo dará una nueva vuelta energética, ha de ser la semilla y sus frutos lo que rige este ciclo, como sembradora de ideas en este sitio has aportado algo vital e importante, conservare tu mensaje entre todos aquellos capaces de entenderlo y convertirlo en semillas para los tiempos que se avecinan.

Tu camino al Sur lleva una luz y tu tarea ha comenzado desde el momento que hemos logrado conectar con ideas que ambos compartimos y haremos lo que sea posible en nuestras vidas para preservarlas.

Painani echó a sus espaldas los víveres y los recuerdos y agradeció a cada uno de los pobladores su hospitalidad y la voluntad de entendimiento, de la misma forma que le había sido entregado un salvoconducto en las tierras de los observadores del cielo, los pobladores de esa región sureña de lo que hoy reconocemos como Guatemala también le entregaron uno. 

Por último sonrió al darse cuenta que ya contaba con dos salvoconductos y un horizonte por descubrir, con paso ágil fue tomando fuerza hasta desaparecer de la mirada de cada uno de los hombres, mujeres y niños que compartieron un momento de sus vidas con ella.

Cada rincón del mundo tiene algo que enseñarnos y algo podemos aportarle, más allá de un salvoconducto lo que somos hablará por nosotros.

Notas de la autora:

Fotografía de Ariadne Gallardo Figueroa: “Hay una fuerza con la que no te puedes comparar”