No todos los espacios que habitamos nos pertenecen

“Cuando te das cuenta que tu mundo se ha puesto en manos de otros, pueden pasar dos cosas: Das tu consejo o lo impones, pero ten cuidado sobre todo si la decisión no depende de lo que tu digas, sino de aquello que obedece a una fuerza superior a ti”

El Mensajero

Por Ariadne Gallardo Figueroa

Painani llegó hasta una aldea donde la gente necesitaba tomar decisiones para elegir si reconstruir el templo o hacer otro, como ella al llegar se presentó como una persona que había recorrido imperios y aldeas, les surgió a los pobladores la inquietud de conocer qué era lo mejor para ellos, ya que ella tenía experiencia en como lo habían hecho otros.

La primera pregunta que ella les dijo fue:

-¿Para tomar decisiones ustedes han solicitado consejo en otros momentos de gente de afuera?

Uno de los hombres que estaba en la reunión señaló:

-No, jamás, pero ahora tenemos la oportunidad de decidir y cuando la gente vea el nuevo templo podremos decir que hubo quien nos habló de lo original que es el nuestro porque no se puede comparar con ningún otro.

Painani con mucha curiosidad le preguntó:

-¿Para quién es el templo que se ha caído?

-Es para alabar al Sol, respondió una persona del grupo

La mujer con la fuerza de Paynal que para muchos no era otro que el Mensajero de Huitzilopochtli, no podía hablarle de sus deidades, sino respetar la de ellos, entonces respondió de forma categórica:

-No soy la que debe decidir es la deidad la que tiene la palabra.

-Painani, pero el sol no habla, nosotros debemos decidir por él.

La mujer de los pies ágiles se quedó mirando a la gente de aquella población y de nuevo respondió:

-Ustedes se deben a la deidad y a ella responden.

Entonces se acercó el más anciano del lugar y le ofreció una planta de hermosas hojas rojas con una reverencia y la invitó a acompañarlos en la madrugada a la espera del momento que en el Este asomara la deidad a la que le ofrecerán una celebración especial.

Agradecidos reconocieron en la mujer de los pies ágiles que su conocimiento de lo que debe ser y  los llenó de alegría, le dieron un trato especial y para ellos quedó claro que la celebración haría que el sol hablara.

Al aparecer el sol por el horizonte los pobladores de aquella pequeña aldea comprendieron que el Sol señaló de forma especial el sitio donde debía edificarse el templo, posteriormente les indicó los materiales que deberían ser usados y al final expresó el tamaño y dimensiones que debía ocupar aquel santuario donde festejaron sus bondades.

Agradecidos le prepararon víveres y una jícara de agua fresca a la dama que los ayudó a decidir la ubicación del tempo, Painani agradecida les dijo:

-El sol es mi deidad y a ella me debo voy en busca del sitio donde nace en el Sur y hoy he aprendido que mi paso por este lugar me ha permitido darle voz en otro horizonte a quien yo llamo Huitzilopochtli, representado bajo el quinto sol con el rostro de Tonatiuh; sean ustedes los pobladores que hoy y en sus términos le invocan y respetan.

Painani reuniría sus instrumentos y se encaminará hacia un nuevo espacio donde la vida le brindara una nueva experiencia que atesorar y compartir.

Nunca dejes a los otros que te vean como una ser que se impone, sus razones para vivir o decidir sus vidas en ciertos términos no son los tuyos y no lo serán jamás. Pero cada uno de ellos te ha de enseñar algo que nutrirá a ambos.

Notas de la autora:

Fotografía de la Dra. Nissem Abdeljelil “la Planta y el rocío”