El Código en el Barro

¿Cuál es la arcilla que cada humano moldea y las historias que guarda en cada una de sus obras, cuáles sensaciones provoca y que relatos o secretos nos cuentan?

El Mensajero

Por Ariadne Gallardo Figueroa

Erandi decidió esconder en vasijas de barro parte de los códigos secretos, descubrió que era posible camuflarlos y de esa forma el mayor secreto de todos se encontraría en los diseños de las vasijas de uso cotidiano que habrían de repetirse una y otra vez con el paso del tiempo.

Aún sin que ella estuviera, en caso de que desapareciera o simplemente su hora de morir llegará, cada uno de esos  diseños transmitirá al grupo de elegidos por ella y a todos sus descendientes aquello que no debía ser olvidado: La fascinante historia de Dayami al emprender la travesía hasta tierras ignotas.

Cada diseño constituyó un código celosamente guardado por quienes más adelante con el paso de los siglos serían considerados maestros ascendidos; la escuela de Erandi se formó de la herencia de sangre y la que entrelaza a cada uno de los hábiles seguidores, ellos supieron antes que nadie la verdad y los motivos de algunos grupos de invasores, tuvieron en cierta forma la capacidad de reconocer a los aliados, tanto de su región como de poblaciones distantes, personas que les tendían la mano para escapar cuando era preciso y ocultar ante los ojos de los invasores lo que solo ellos comprenden.

Se dice que más adelante en las historia debajo de las figuras de estuco de los santos, muchos indígenas guardaban las imágenes de sus deidades pero había algo más que no obedecía a ese burdo e ingenuo ocultamiento, cada greca o círculo en las vasijas de barro de uso común permitía al conocedor entender el mensaje especial y transmitirlo a la persona indicada.

Bastaba con llevar atole a la casa de alguien o pulque en una jarra a la festividad de un lugar y cada uno de los elegidos reconocería el mensaje de forma explícita y segura; Erandi habilitó una red de comunicaciones cuya dinámica fue de gran utilidad.

Sin lugar para contradicciones, tanto vasijas de uso común como de carácter ceremonial, contaban con este sofisticado método que sólo a la sacerdotisa del templo de Ometeotl, se le pudo haber ocurrido, al albergar la dualidad su perspectiva era única y especial.

Desde luego a nadie le consta, solo aquellos que no se limitaron a ver la apariencia, que hicieron de sus dibujos y textos alarde de “No darse Cuenta” les fue permitido ir más lejos y con mayor firmeza de su labor mística y constante en medio de un mundo que no daba tregua para el engaño y que tampoco estaba preparado para aquellos que de frente mostraran su afrenta o su verdad.

En algunas poblaciones se les llamó con el paso del tiempo “ladinos” es decir personas que actuaban con disimulo para conseguir lo que quisieran o que renegaba de las costumbres de su comunidad indígena, cuando en realidad eran personas que no se habían adoctrinado a las creencias que les fueron impuestas.

Es importante recordar que uno elige ser quien es y no lo que otros decidan o quieran que seas, al caso recordemos las palabras de Erandi dichas a su grupo de seguidores:

“Nuestra vida pudo ser otra pero nosotros tejimos los intrincados lazos del destino para que fuera lo que tenía que ser”

Cada historia que se teje con un objetivo, termina siendo la ruta y la vertiente de un cauce que no detienes cuando muchos han decidido que es lo que tiene que ser y no lo que otros consideran que debe ser 

Notas de al autora:

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