Lo que le cuentas a los otros

“Existe la historia que contamos ante el dolor, aquella que es real y objetiva, pero también está esa que no somos capaces de reconocer hasta que el tiempo la revela o descongela”

El Mensajero

Por Ariadne Gallardo Figueroa

Hora se encontró con un grupo de gente que le dijo que tan al norte en realidad estaba de lo que él se había imaginado, él sabía que los otros hablan de lo que conocen y también de todo aquello que inventan para distraerte.

Eran 17 entre hombres, mujeres y niños, todos ellos muy unidos, al verlo al lado de su perro Duplo y un cazo de lata que le colgaba del costado, entendieron que no era alguien de temer y lo invitaron a su fogata.

Uno de los hombres de más edad le explicó que se iban al sur porque las tierras de labranza estaban siendo ocupadas por gente de otros lugares y necesitaban encontrarse con mejores espacios donde la gente no impusiera reglas que ellos no entendían.

Hora no les entendía casi nada su lengua y la de él no eran las mismas, así que se dio a la tarea de hacer lo que había visto en sus sueños, explicarse con una vara para contarles su historia: 

De esa forma con ayuda de una vara le fue posible explicarles el poder del rayo y al mismo tiempo el mensaje secreto que le había dado el Cometa y las causas que para él eran importantes al seguir el camino que el cielo le había señalado.

Los congregados a escucharlo muy sorprendidos le seguían cada uno de sus gestos, en realidad su mímica era divertida y los ladridos de Duplo de igual forma eran celebrados por ese grupo.

Uno de ellos se animó a darle a conocer sus ideas y sus preocupaciones de la misma forma ya que entendieron que su sistema para el diálogo con la vara y el cuerpo eran de lo más interesantes.

Hora logró entender lo que imaginó, y pudo describirlo des pués así: 

Los nuevos comienzos la ambición y la energía siempre van juntas, todos en sus convivencias habían logrado vida plena pero abrupta con esfuerzos, obstáculos y dificultades. Algunos de ellos habían sido acusados y maltratados, habiendo dado todo lo que tenían, ahora su futuro se tornaba incierto y todos ellos deseaban recibir el coraje para afrontar lo que se les presentará en el camino.

Dicho esto el emisario del Rayo tomó su vara y convocó a las  fuerzas de su poder para que beneficiará el camino de cada uno de los hombres, mujeres y niños que al igual que él emprendía un camino azaroso y pleno de peligros hacia un rumbo nuevo y desconocido.

Cada uno de ellos fue tocado por su vara y a partir de ese momento el hombre al que todos conocemos como Hora fue destacado de entre los demás como El dador del Rayo y profeta del valle perdido.

¿Cuántos valles más  habría que abandonar por necesidad, por agresión, por desamor? No lo sabemos, lo que sí es cierto es que el hombre al que llamamos Hora fue un sembrador que en todo sitio que no volvió a pisar dejó una semilla cuyo ingenio para fortalecerse, daría de qué hablar. Entre todas aquellas semillas, en su tierra materna, creció un esplendoroso rosal, cuya magia se extendió de forma extraordinaria, aún cuando él por mucho tiempo no fue consciente del poder que tenía y de lo que era capaz.

Pero recordemos que muchos recuerdos se reviven gracias al olfato y esto forma parte de un relato aparte del que sabrán en su momento, aún es demasiado pronto para contarlo.

Cuando pienses que tu vida es inútil y que en ellas no estás viviendo lo que mereces, solamente recuerda olores, recuerda rostros y con ellos los intercambios que tuviste, analizalo.

Notas de la autora:

Dibujo de la autora: “La enseñanza del profeta”