La inspiración sin freno de un aventurero

“Podrás elegir un camino pero si todos los que te acompañan se van, tu paso se vuelve ligero y tu decides que hacer en cada tramo de la aventura vivida”

El Mensajero

Por Ariadne Gallardo Figueroa

Es fácil arriesgarse al vacío cuando otros te impulsan a hacerlo, lo difícil es que todos los que aceptaron realmente lo hagan y dejen todo por un sueño; algo parecido le sucedió al hombre que hoy conocemos como Hora, su vida dió un vuelco cuando la fortuna le dio la espalda y se vio en medio de la nada con el deseo de emprender el vuelo.

Bajo estas circunstancias sólo dejó sus viejas sandalias en la puerta, ellas fueron el mensaje dado a los que olvidó en el pasado, el mensaje fue claro para todo aquel que lo había nombrado de otra forma y que solamente pudo observar un par de chinelas viejas con el polvo del lugar al que dejó de pertenecer y al que no volvería a pisar.

Ahora podemos observar el trayecto que recorrió hasta el momento de la historia que nos ocupa y mantiene expectantes de sus aventuras, sobre todo después del aviso del Cometa en quien el hombre confió y quien le hizo cambiar el rumbo de su destino.

El Cometa lo hizo cambiar el rumbo 

Su primer impulso había sido olvidarse de la costa  que bañaba tierra conocida y buscar aquella donde  otro mar y distintos vientos lo acogieran, el Cometa decidió y Rayo determinó.

Aquella primera noche lejos del espacio que había creado con esmero, no resultó del todo satisfactorio, extrañaba las comodidades a las que se había acostumbrado y en silencio se dijo:

<Dos veces he perdido fortuna, las dos bajo distintas circunstancias, lo mejor de todo es que ninguna de ellas me ha vencido, porque he aprendido que el destino no es anclarse, sino crear un camino>

Duplo se acurrucó a él y con alegría el hombre le dijo:

-¡Querido Duplo, hoy me abrazas como a un único y gran amigo, en el futuro me dejarás por la hembra que te acepte a su lado!

Duplo solo levantó una oreja y se rindió al profundo sueño, ese que tienen los perros, donde alcanzamos a imaginar en lo que sueñan pero en realidad no sabemos nada de ellos.

Hora por su parte soñó, esa clase de sueños premonitorios de los cuales muchos supieron después, dentro del sueño su vida daba un giro extraordinario, ocupando un sitio especial del que nunca le habían hablado o que él se hubiera imaginado.

En el sueño estaba rodeado de niños y todos escuchaban con atención sus relatos, con una vara sobre la arena dibujaba detalles de tiempos vividos y de otros que estaba por vivir; Hora pensaba en el mismo sueño si acaso se convertiría en alguien parecido a un profeta, se sintió enamorado de la idea ya que para él todo profeta representaba  a un sabio y todo tiempo en la historia debía contar con varios de ellos.

Toda interpretación de indicios se la debía al Rayo con el cual había hecho un pacto, él podía encontrar señales claras donde otros no las verían. No sabemos que más le pediría el rayo pero con él su vida era diferente y su camino luminoso.

Volvió a mirar el cielo estrellado y preguntarse cuántos humanos estarían viendo la misma agrupación de estrellas que él miraba, eso siempre le agrada, imaginar los rostros de otros curiosos tratando de entender el brillo titilante de algunos luceros y sus designios.

Buscó a la luna que coqueta se entendía con sus pensamientos y aquel cuarto creciente se dispuso a contarle un secreto que le sería revelado si tenía paciencia para esperar, Hora solamente le sonrió entre la vigilia y el sueño, lo que ella le contara siempre sería bienvenido.

Si tienes el universo en tus manos, ningún bien material del que te hayan despojado podrá invalidar tu alegría ante la más inmensa felicidad de tu libertad.