El vínculo que has mirado podría cambiar para siempre

“En la forma que intuyes las cosas puede haber una parte de verdad y otro de ilusión, quédate con ambas para que la vida se enriquezca de forma especial y si nunca conoces la verdad es porque a veces es mejor no reconocerla”

El Mensajero

Por Ariadne Gallardo Figueroa

Volvamos al espacio que ocupa Dayami en aquel inmenso océano, para cualquier observador simplemente resultaría indescriptible; para Erandi, sin embargo, constituía un lazo magnético que las mantenía unidas evitando el vacío aparente, por tanto había algo entre ellas que nadie podría atreverse a considera hueco o sin sentido.

De esta forma fluía una corriente sutil entre ambas, mostrando imágenes y sensaciones en el preconciente de Erandi, precisamente en esa zona de tránsito que va de la ensoñación a la conciencia y transforma todo aquello que ella pudo plasmar en los lienzos, cada trazo creativo dejaría constancia en las futuras generaciones de lo que a ella le fue entregado como un don.

Así fue que en medio de aquel convulso momento donde flotando sobre la piel del mar dos navíos se atacaban, un cuerpo cayó y al hundirse una mancha de sangre de su costado se cruzó con la de Dayami, dándole una sensación de embriaguez, sangre densa de un varón rudo acostumbrado a beber, herido, cayendo sin remedio y sin esperanza al fondo del mar.

Erandi se encontraba bajo la sombra de uno de los árboles que proyectaban más que una agradable sombra, emanaba hacia los sentidos de Erandi un sigiloso riego de savia a través de sus raíces, que le permitían conjugar fuerzas con él para magnificar sus visiones.

Erandi contenía la respiración con una mano en el pincel y la otra en el tronco de su amado árbol suspirante.

Fue como un golpe al corazón de la sacerdotisa del templo de Ometeotl, entonces ella comprendió que se había perdido en medio del mar turbulento y siniestro aquel hombre que había doblado su vara y con el pincel de pelo de conejo dibujó:

<El varón que fue arrancado de otro espacio ahora lucha por su vida>

La corriente del agua oscilaba y se mecía entre las manchas de sangre que se expandían enmedio del  más desolador de los escenarios; Erandi contenía la respiración con una mano en el pincel y la otra en el tronco de su amado árbol suspirante.

Dayami se recuperó de aquella sangre densa y etílica que la invadió cuando de pronto el cuerpo del Al-Majus inconsciente es rescatado por otro hombre, esto no lo ve nadie, pero la sangre que subía abandonando un cuerpo, ahora bajaba y se expandía cada vez menos, tocando de nuevo el etéreo velo de vida de Dayami.

La sangre es identidad y es común a todo ser humano, se diferencia por los reactivos que la forman, sin embargo para una hechicera es mucho más que eso, es la esencia misma del alma de una vida.

No podemos hacer una distinción exacta de lo que era entre los nahuas la formación especial de Erandi, si bien la podemos identificar en los Tlaciuhqui, que era la forma como se nombraba a los observadores del cielo, es decir astrólogos o miradores de estrellas, había algo más en ella que no daba lugar en las descripciones de los traductores que llegarían con ideas medievales y creencias distintas.

Sin embargo el término Tlahuica cuyo significado es “buscar las cosas”, “apresurar el conocimiento de los acontecimientos futuros”, y tlaciuhque es el que a esto se dedica, el adivino. El sustantivo que indica la acción del verbo, tlacibuiztli, puede traducirse como “mensaje adivinatorio”.

Mi camino nos lleva al árbol genealógico que pervive y le da sustancia y esencia a mi travesía, para ello, solo basta poner una dosis de realismo mágico y otra de acontecimientos históricos que pudieron ser y sin embargo a nadie nos consta.

Sea la esencia misma el camino y el momento que nos deje mirar en la otredad toda su magia, de esa forma como humanidad podremos entender lo que nos forma y nos distingue. 

Notas de la autora:

Fotografía del “Árbol Suspirante”

Información del libro CUARENTA CLASES DE MAGOS DEL MUNDO NÁHUATL Por ALFREDO LÓPEZ AUSTIN:

LOS TLACIUHQUE Tlaciuhqui, según Molina, significa “astrólogo, estrellero”,10 versión que corresponde a la facultad adivinatoria de este personaje, pero que se desvía del verdadero sentido semántico y puede dar una falsa apreciación del contexto cultural en el que se desenvolvía. Para Molina, como es natural, el auténtico adivino es el que busca los secretos en el curso de los cielos, idea medieval europea aún con bastante fuerza en su época; pero en la etimología náhuatl nada hay que haga referencia a los astros como portadores del mensaje deseado. El verbo cihuía, según Siméon, significa “buscar, pretender, perseguir, excitar”. 

Publicado por

Ariadne Gallardo Figueroa

Escribir es una de las actividades creativas más fascinantes que existe, indagar lo caminos de diferentes versiones, encontrar motivos para acrecentar el cauce de un relato y motivar a la lectura, es agradable para todo el que escribe