El hombre y el estanque de peces

“Analizar a los otros  te puede llevar por escenarios distintos, enriquecer tu visión e intentar valorarlos a veces en su justa medida, pero nunca olvides que cada ser vivo del planeta es un universo propio al que te puedes acercar, no siempre identificar”

El Mensajero

Por Ariadne Gallardo Figueroa

El hombre del valle en sus tardes después de sus largas faenas de trabajo en sus sembrados y arboledas, seguía meditando sobre los hombres que lo habían visitado, analizaba detalles que se le hubieran escapado en la conducta de todos ellos.

Recordó la forma embriagadora con la cual el hombre de las palabras elocuentes, miraba sus campo, alabandolos de forma cautivadora, meditó que de no haber sido por esa forma como logró adormecer sus sentidos, tal vez él hubiera empuñado alguna vara para recibirlos con agresividad, pero no fue posible, ese varón de manos delicadas y disposición especial para decir las palabras, lo distrajo y de alguna manera paralizó su instinto en proteger sus campos.

Recordó que cada palabra de ese personaje era muy similar a las burbujas que forman algunos peces en los estanques que al subir a la superficie desaparecen; en ningún momento él se ensució las manos cultivando la tierra como lo hicieron los otros, no se movilizó para atender alguna actividad, era ante todo un observador de los actos de todos los demás.

Los hombres que llevaban en una silla ornamentada al Patriarca, eran fuertes y ayudaron a cortar frutos para llevarlos a la cocina, después se acompañaron de los otros para reponer lo que habían comido colocando en surcos nuevos brotes y semillas de los alimentos que compartieron con el hombre del valle, le enseñaron sus destrezas en el arte de cocinar y confeccionar herramientas y sombreros.

Hora miró con aprecio a Duplo y le dijo:

<Querido amigo, el hombre de las palabras elocuentes es un leal servidor del Patriarca al igual que tú, no fabrica nada, pero cuida a su manera de lo que su amo sustenta, al igual que tú ese hombre es un guardian comedido.

Ahora me pregunto si acaso tú me seguirías por valles y montañas como ese hombre o te quedarías al resguardo de una manada en tus propias tierras; tal vez llegue el día que tengamos que dejar lo que hemos construido y huir a otros lugares de la misma forma que aquellos varones, pero no lo se amigo, tampoco se si tendremos nuevos visitantes y si todos serán tan amables y trabajadores como los anteriores.>

Duplo lo observaba con atención, el hombre del valle, gracias a Rayo, sabía perfectamente que su perro entendía cada una de las palabras que él decía, por lo cual Hora siguió comentando detalles de sus observaciones a su guardian amigo cuando le dijo:

<Duplo, algo que me agradó mucho de la charla con el Patriarca del plumaje espléndido  fue cuando me relató el pasaje del hombre que le había pedido tierras y bienes y él le contestó furioso que jamás haría eso, jamás entregaría sus posesiones a alguien que simplemente las pide sin haber demostrado que puede trabajarlas.

Debe ser terrible para él reconocer que ahora esas tierras no le pertenecen más y que tampoco le consta que los que ahora las habitan sean gente que cultive lo que él ya había sembrado.>

Hora se levantó de su aposento y con mirada desconfiada exclamó:

¡Por lo que dijeron los otros, eran hombres con costumbres distintas y deidades desconocidas…  Duplo, debemos estar alertas y pensar que vamos a hacer en caso de tener que huir!

Se volvió a sentar con tristeza y dijo: 

Los hijos verdes pueden alimentar a cualquiera que desee comer de ellos, sin importar sus creencias y sus deidades, es alimento, es vida y todo humano merece ser alimentado, todo ser vivo merece la vida.

Los hijos verdes pueden alimentar a cualquiera que desee comer de ellos

De pronto se volvió a levantar enardecido desde su aposento y gritó:

¡Lo que no voy a permitir es que arrasen mis sembrados en mi presencia y quieran imponerme sus creencias, por eso Duplo mañana recorreremos los bordes montañosos y al primer aviso de caminantes diferentes nos vamos para siempre del valle!

Al escuchar aquellos gritos, Duplo levantó las orejas  y salió corriendo a toda prisa.

Hora recordó de nuevo las palabras de aquel sabio Patriarca al momento que le dijo:

“Muchacho, hay preguntas que la gente no debe hacer de las forma en que las hace, nos provocan rabia y desconcierto ¿Sabes por qué sucede? Simplemente porque nosotros sabemos la clase de pregunta que en realidad importa y que ellos no son capaces de hacer”

Aquella noche le fue difícil conciliar el sueño y al despuntar el alba se encaminó hacia las montañas al lado de Duplo, su vida cambiaría para siempre pero eso es aún muy pronto para contarlo.

Cuando llega hasta ti la presencia de un sabio y te dice lo que ha vivido, recuerda en que momento eres su reflejo y atiende a sus consejos de una forma especial, nunca sabes cuando tendrás que hacer de ellos tu propia práctica.

Fotografía de la autora con filtro gratuito de PicsArt “Los frutos de la tierra”

Publicado por

Ariadne Gallardo Figueroa

Escribir es una de las actividades creativas más fascinantes que existe, indagar lo caminos de diferentes versiones, encontrar motivos para acrecentar el cauce de un relato y motivar a la lectura, es agradable para todo el que escribe