El emisario del trueno y el caminante del valle

“Nadie colapsa al grado de reducirse a nada, si tuvieras la posibilidad de saberlo te bastaría con un destello en medio de la absoluta oscuridad”

El Mensajero

Por Ariadne Gallardo Figueroa

Una luz roja, distante, tenue, le dio a entender que sería imposible escapar de algo que se acercaba lentamente hacia él y Duplo. Los extraños sucesos que vendrían acompañados de esa extraña luz se darían en corto tiempo y él lo sabía y debía estar preparado para lo que fuera.

Por lo pronto Hora,  solamente tocó con cuidado el hocico de su perro y le pidió permanecer en silencio hasta tener la certeza de que lo que venía hacia ellos no les causaría daño alguno.

Era una procesión de varios sujetos que bajaron por la ladera y se acercaron hasta el valle sembrado y cuidado por el hombre del Sur; a lo lejos observó que uno de ellos se asombró de la visión de aquel sitio resguardado y pleno de alimentos y belleza natural. Les acompañaba un varón maduro que viajaba en una silla cuidadosamente custodiada por cuatro jóvenes robustos y musculosos, en su cabeza lucía un ornamento de plumas vistosas y bien ordenadas.

Hora se dio cuenta que era momento de emular a ese hombre, tal parecía que era el patriarca del grupo y con agilidad cortó un trozo de cuerda y se la ató a la cabeza, y a falta de plumas colocó hojas de maíz en su ornamento. Manchó de lodo suave el contorno de sus ojos y se dispuso a esperar que los visitantes se acercaran hasta su puerta.

Un hombre se adelantó resguardando a la figura del patriarca y con elocuencia inició una serie de semblanzas y palabras que no eran comprendidas del todo por Hora que lo veía desde lejos, levantaba los brazos y lanzaba elocuentes expresiones dirigidas a cada uno de los hijos verdes de Hora.

Hora sintió temor y desconfianza pensando que los extraños no alaban y bendicen tierras extrañas al menos que vean en ellas una ganancia o beneficios que se les puedan otorgar e imagino la malicia en todo eso. Continúo observando a los hombres que se acercaban, intuyó que serían los enviados de un grupo mayor, ya que no había niños y tampoco mujeres entre ellos; finalmente se colocaron delante de su puerta y aquel que cantaba alabanzas a sus territorios dejó un ato de flores rojas en la puerta y esperó.

Hora se dio cuenta que no podía hacer otra cosa, salir y observar sus reacciones era lo adecuado, miró a Duplo, el perro abrió sus ojos y gimió al descubrir en aquel humano la incertidumbre y el drástico cambio de imagen que había logrado.

Ambos se aproximaron a la puerta y agradecieron el obsequio de los visitantes con mímica el grupo se sintió complacido y los musculosos varones dejaron su pesada carga para que descendiera de su silla el varón al que Hora calificó de patriarca.

El hombre se acercó a él y le extendió la mano a manera de saludo y con voz pausada le dijo:

-Hombre de mirada como el mar que has hecho de esta tierra un paraíso, somos nómadas y vamos a las tierras que tú has abandonado, queremos saber cuál fue la causa y si nuestro viaje vale la pena.

Hora mucho más sorprendido al reconocer en el anciano que conocía su lengua contestó:

-Nadie puede saber si el destino del otro es el mejor, no me he ido de ahí por miedo o sufrimiento, lo hice por una necesidad interior, no pensaba detenerme pero el lugar y mi agotado cuerpo buscó resguardo. Ya que han llegado hasta mi puerta les invito a pasar a la sombra de mi humilde recinto pero me gustaría saber su nombre gentil patriarca.

-Así es soy el patriarca del grupo, mi nombre el Inka viajo con los más fuertes en busca de la protección de los vientos y el encuentro de amigos sinceros de poder lograrlo nuestra dicha será total, mi traductor y custodio se llama Sayri, es quien ha alabado su siembra y obsequiado las flores frescas. Ahora dime ¿Quién es tu protector en el valle y cuál es tu nombre?

-Mi protector es el rayo, mi nombre es Hora y el de mi amigo Duplo.

-Agradecemos su sincera y cálida hospitalidad, le pedimos unos días para reponernos del camino y como Patriarca del grupo compartiré los secretos de estos territorios con usted y al mismo tiempo le pediré que nos muestre aquellos peligros y mejores caminos para cuando sigamos el viaje.

-Con gusto – señaló con una franca sonrisa Hora- será agradable poder conversar con ustedes, hablar con otros humanos siempre es bienvenido cuando la oportunidad se presenta.

Para Hora la visita de aquel grupo al que de momento había temido, se convirtió en una halago para su alma solitaria, cada uno de los temas que abordaron estuvieron acompañados de la luz del rayo y también de la propia experiencia que ambos tenían en sus propias vidas.

Aprendieron los unos de los otros de forma pacífica y amistosa

Compartieron humitas con choclo y aprendieron palabras del guaraní, charrúa y chanae al igual que del quechua; el descubrimiento de sus formas de cazar y el nombre de algunas aves canoras. Un encuentro cultural fabuloso y pacífico que alegró y enriqueció el alma de estos hombres en un momento perdido en la historia.

El amigo respetuoso compartirá de forma igualitaria su riqueza material y cultural contigo, aprenderá de tu forma de ser y se sorprenderá de tus argumentos, enriquecerá tu vida.

Notas de la autora:

Inka significa señor, jefe o rey en quechua

Sayri, significa quien siempre ayuda a quien lo pide en quechua

Dibujo de la autora con filtro gratuito de PisArt “Humitas de choclo