El pacto con el rayo

“Puedes amar tu creación al grado de hacer un pacto con quien se opone a tus propósitos pero siempre te preguntarás si valía la pena, eso lo harás después; de momento dirás: Por supuesto que lo vale”

El Mensajero

Por Ariadne Gallardo Figueroa.

Hacer honor a su nuevo nombre fue algo divertido y fructífero para el hombre que ahora se llamaba Hora, el valle le ofrecía una grandiosa oportunidad de dialogar con el firmamento y entender que la Luna que él conocía no era la misma, su rostro había cambiado, él lo sentía pese a no sangrar como las mujeres cada 28 días, se daba cuenta que cuando la luna estaba llena su deseo de plantar los campos era mayor, enterrar semillas diversas por las laderas y esperar que dieran sus frutos.

El cuarto menguante que para él se asemejaba a una mujer recostada y sonriendo, no era igual desde ese punto del planeta, tenía que esperar a la luna creciente para imaginarse a esa dama coqueta que le sonreía recostada de lado.

Sin embargo la luna llena llegaba puntual en ambos hemisferios y el sentía en su cuerpo ese cosquilleo bajo su influjo que le intensificaban los deseos de cantar y cosechar los frutos que había sembrado bajo el influjo de la dama sonriente.

La savia de sus frutos se gestaba  en luna nueva y con la luna llena se concentraba en sus tallos, los fortalecía para que la planta rindiera honores al Sol; el cuarto menguante permitía que la savia circulara de los tallos a la raíz, ya que el cuarto creciente había permitido que subiera la savia hacia arriba, las hojas y tallos tenían fortaleza gracias a las fases de la luna y el hombre que medía el tiempo sin duda alguna era el nombrado Hora, quien satisfacía sus deseos en su dialogo con la coquetería de la Luna.

El sabía con certeza que la luna le hablaba y cuando su forma era similar a un cuenco, era la clara advertencia de que se esperan chubascos o lloviznas; de lo que no le advirtió con claridad fue de las pavorosas tormentas que orquestaba el rayo y su poder destructivo.

Aquella noche se asomó estruendoso en una de las esquinas de su siembra, crepitó entre llamas y para Hora fue como un llanto lastimero y terrible de todos sus hijos verdes. Sin pensarlo dos veces salió al encuentro del rayo y gritó:

¡Hagamos un pacto, tú dejas mi siembra y yo te rendiré honores, deja en paz a mis creaciones!

El pacto de Hora con el Rayo que a la larga lo cambiaría todo

En ese momento cimbró un relámpago en el firmamento y después todo fue calma; el hombre regresó a su pequeño recinto y ofrendó su mejor fruto al poder del rayo, ese pacto le daría una nueva forma de preparar la tierra y al mismo tiempo una marca de la cual él no sería consciente hasta muchos años después, pero aún es demasiado pronto para hablar de esto.

Painani por su parte se acercaba a una tierra de hombres sabios que cambiarían algunos de sus conceptos del mundo y compartirán por un tiempo ideas y observaciones estelares, ella era consciente de su propósito en el mundo y pudo compartir con algunos de ellos su experiencia y sus conocimientos, ambos grupos reconocieron que lo que para ella era Tláloc, para ellos era Chaac deidad  Maya de la lluvia, el trueno y los puntos cardenales.

Painani tuvo especial cuidado en observar un trueno que atravesó de Norte a Sur, desde el observatorio maya le fue explicado el concepto y alcance del trueno, para ella en especial ese relámpago le atemorizó y asombró sin saber las razones exactas de su poder. Ahora nosotros sabemos que ese relámpago fue el que hizo un trato con el hombre del Sur.

Chaac, era una deidad bondadosa asociada con la creación y la vida, la de mayor ascendencia popular, el pueblo la invoca para obtener buenas cosechas. claro también sacrificaba jóvenes lanzándolos a los cenotes. cuentan que todo aquel que lograra nadar y salvarse, significaba que había adquirido el poder de dominar los secretos de la deidad. en realidad parece que a algunos les constaba, lo consideraban cierto.

El mundo nos invita a reconocernos en él y ser parte de sus maravillosos portentos, hay pactos que no son necesarios pero que surgen de lo más profundo de nuestro ser, como humanos nos resistimos a perder lo que amamos, al final nos damos cuenta que la vida fluye de la misma forma que muere.

Para los mayas vendrían momentos trágicos de grandes sequías y muchos de ellos se habrán preguntado si todos aquellos sacrificios humanos fueron en vano, algo similar pasará con el hombre del sur, pero aún no es tiempo de contarlo.

Que tu mejor arma sea la razón para doblegar al deseo no es válido en todos los momentos pero al final es lo que aprendemos, no todos de la misma forma y no todos habrán de contarlo.

Notas de la autora:

Fotografías: El Pacto con el rayo y los frutos de la tierra de la autora

Fotografías de los espacios mayas: https://pueblosoriginarios.com/meso/maya/maya/chaac.html