Ha llegado la hora de clavar mi cuchillo en la tierra

“Llegará el día en que todo tu esfuerzo y dolor busque recompensa; cada retribución tendrá un costo y también beneficios”

El Mensajero

Por Ariadne Gallardo Figueroa.

El hombre del Sur después de haber atravesado un tramo montañoso con grandes dificultades, recordaba lo que algunos aldeanos le habían dicho acerca del color de sus ojos, en esas tierras serían vistos como un mal presagio; sintió que la misma montaña nevada le advertía dejando su visión en algunos momentos borrosa, desde aquel momento se acostumbró a untar con lodo el contorno de sus ojos y la frente para aminorar los efectos del impactante brillo de la nieve.

En las alturas dejó de sentir la presencia del Cóndor pero una ave igualmente grande le seguía en la distancia, su intuición le decía que podría tratarse de una águila, notó con tristeza que la agudeza visual sin duda había mermado, así que mantuvo un perfil bajo al momento de intentar cazar algo, para que la rapaz no intentara arrebatarle. Pese a todo no era mucho lo que se podía conseguir entre la nieve de aquel grupo montañoso. 

Se había resbalado por algunas laderas y eso le daba idea que su momento de lograr tocar tierra firme estaría cerca y ese modo, se dio cuenta,  cuando la frazada que le habían regalado y por la cual tuvo que luchar para conservar, terminó cubriendo su cabeza y no su friolento cuerpo:

El momento de dejar raíces había llegado

En ese instante fue cuando recibió ante sus cansados ojos y adolorido cuerpo la visión más impresionante que jamás hubiera logrado imaginar, un pájaro de medianas dimensiones se acercó hasta él, era alguna clase de perico que alegre giró a su alrededor cuando el hombre exclamó altivo y orgulloso de ser un sobreviviente:

“Ha llegado la hora de clavar mi cuchillo en la tierra”

El perico batiendo sus alas gritó “¡Hora., Hora!”, esta fue la forma como el varón de los ojos cubiertos de lodo decidió nombrarse en tierras extrañas, un sitio donde por un tiempo recibió los dones de todo aquello que anhelaba: Un tierra para  cultivar y la compañía de un amigo que le había dado un nuevo nombre dentro de un  bucólico paisaje.

Su necesidad de ser un viajero constante y atrevido había cedido ante la riqueza pacífica de aquel valle donde pudo cultivar y admirar a los seres del hábitat y reconocer sus costumbres, de esa forma aprendió de las ardillas que no es bueno dejar la cosecha a la intemperie; del zorro, que la lealtad en una cualidad que se gana respetando al otro; de las hormigas, que nunca es bueno sentarse desnudo cerca de ellas; de las aves, que si llegas a tener pareja debes mantener el nido vigilado y los críos alimentados.

La felicidad está en lo que tienes y no en lo que deseas, se dijo el hombre del Sur

Este último detalle le recordó a aquel ángel que pudo observar en sueños, aquella figura que flotaba en lugar de caminar y sus pies eran veloces como el viento, entonces preguntó:

<¿Será posible encontrar a una belleza como ella en medio de mi soledad?>

Reconoció que la felicidad es lo que que tienes y no lo que deseas, de vez en cuando observaba a la pareja de zorros que se acercaban a sus sembrados y de igual forma entendía que la persona que tal vez algún día pudiera amarlo tendría que ser similar a él y no un ángel con poderes como aquella ensoñación que admiraba en sueños.

Un ser dispuesto a verlo envejecer como la zorra al zorro y seguir a su lado con fidelidad y ternura, alguien que quisiera tener un crío con él, de la misma forma que las aves que alimentaban en las copas de los árboles a los suyos hasta impulsarlos al vuelo.

Aquella noche suspiró y miró a su amigo el perico que repetidamente le dijo:

-¡Hora, Hora!

A lo que él le contestó:

– Si amigo ya es hora.

Se acurrucó con alivio y dijo para sí:

<Desear lo que no se tiene es un peligro, por algo mi destino es éste y no otro>

Nadie sabe las vueltas de la vida y tampoco si el destino es lo que se tiene en frente o lo que llega hasta tí, pero por ahora el hombre del Sur llamado Hora, es feliz y vive en paz.

El mundo que vives  es un instante y cada detalle compartes un universo, todo lo que te rodea es una forma distinta de vida y en cada sitio donde ésta fluye, encontrarás una enseñanza.

Fotografías de la autora con filtro gratuito de PicsArt: “El hombre que llama a las horas” y “Los frutos de la tierra”

Publicado por

Ariadne Gallardo Figueroa

Escribir es una de las actividades creativas más fascinantes que existe, indagar lo caminos de diferentes versiones, encontrar motivos para acrecentar el cauce de un relato y motivar a la lectura, es agradable para todo el que escribe