Tu voz interior siempre te ha de hablar de frente

“El cauce del río fluye en él, Sol y Luna iluminan el sendero donde se nutre la voz más profunda de tu intuición”

El Mensajero

Por Ariadne Gallardo Figueroa

¿Sería posible que tan solo con la sangre de Dayami ella creara una conexión fluida o esclarecedora para Erandi? La magia tiene recursos que la razón no comprende y a lo largo del camino la propia Erandi fue testigo que toda Deidad comprometida en ese pacto no dejaría sin la información que ella necesitaba.

Cada amoxtli, sería conservado tanto en cueros de venado, como en papel hecho a base de fibras vegetales, el amatl, hecho con la fibra del amacuahuitl o del maguey; pero había algo más, sus textos serían únicos y no tendría ayuda de ningún escriba del templo, la palabra debería ser conservada de forma secreta hasta el momento que la certeza de sus descubrimientos tuviera que ser revelada. Fue por eso que los primeros lienzos se escribieron en piel de venado:

La voz interior le dictó con claridad, bajo la luz intuitiva de la Luna:

“Todo antecedente debe ser escrito en la piel de un ser cuyo corazón ha palpitado igual que el de la diosa del río”

Cada tinte tenía un motivo ceremonial y era cuidadosamente elegido:

El tlille o color oscuro usado para escribir se obtenía del nacazcólotl, así como del humo de las teas y lo llamaban tlilliócotl. El color blanco se extraía de la piedra chimaltizcatl, o de tierra amasada como lodo que al fuego adquiere un tono blanco El azul fino o matlalli y el azul claro, llamado texotli, se hacían de flores azules; el azul oscuro procedía de la flor del xiuhquilitl. Al amarillo fino se le nombraba xochipali, surgía de las flores del mismo color; el amarillo claro zacatlaxcalli, “quiere decir, pan de hierba que se amasa de unas hierbas amarillas, que son muy delgadas; son como tortillas delgadas, y usan de ellas para teñir o pintar”

El rojo, uno de los colores más importantes, era realizado en varias tonalidades y de diversas fuentes. La grana o nocheztli significa sangre de tunas, “porque en cierto género de tunas se crían unos gusanos que llaman cochinillas, apegados a las hojas, y aquellos gusanos tienen una sangre muy colorada; ésta es la grana fina” La grana cenicienta era la llamada tlapalnextli. El rojo blanquecino era llamado chíotl, hecho de flores molidas; si se le agregaba un ungüento de nombre axin se hacía el color bermellón. De las mezclas de estos colores básicos surgían el yapolli (verde), el morado o el leonado.

Para fijar mejor los colores usaban el jugo del tzauhtli y del aceite de chia. Como pinceles se utilizan pelos de conejo de distintos grosores. Además, existían cantidad de utensilios para dibujarlos tales como gomas, esponjas, raspadores, reglas, escuadras, secantes, tinteros, depósitos para conservar los pigmentos; lo que nos habla del grado de especialización en el ejercicio de escritura prehispánica.

Lo más importante era esperar que el flujo del río acercara al mar la energía que en esos momentos Dayami sostenía; sí algo había aprendido Erandi era a tener paciencia y saber escuchar cada detalle y todos los momentos disponibles para entender la magia de una idea. La naturaleza estaba dispuesta de tal forma que sus conexiones con el mundo interior le permitirían encender el preciso instante donde la inspiración no es falsa, no es producto de su necesidad de conocer lo que no es posible ver.

Coyolxauhqui cambiará de forma pero siempre hablará frente al Templo, y nunca en su luz ocultará el momento donde los detalles son vitales, fue por ello que la sacerdotisa del templo donde residía Ometeotl, con todos los instrumentos de escritura dispuestos habló con ella:

“Señora que has logrado detener la muerte para darnos el mensaje necesario en todo momento y ante cualquier siniestro, Coyolxauhqui dadora de vida y luz que defendió su vocación por la intuición, deja que mi tinta siga el camino de Dayami cuyo corazón palpita en el cantar del río, sea la compañía de Papalotl el hábil vuelo de su canto que no se pierda en lo incierto y toque la punta de mi tinta para descifrar misterios”

Pirámide de la Luna, templo de Coyolxauhqui

Nada llega a convertirse en algo mágico y formar parte de tu voz y canto  si no ha sido deseado, las palabras de  Erandi tendrían respuestas y cada una de ellas  formaría un sendero que por ahora solamente ella y su intuición conocerían, ni siquiera al Tlatoani que  moraba en el templo y era poseedor de su alma y corazón, le sería revelado el mensaje, de esta forma el pacto no se rompería y cada glifo dispuesto en el amoxtli completaría un relato revelador, cada pausa en el tiempo sería para la sacerdotisa del templo un trayecto descrito y valorado.

Puntual a su cita la Luna formaría parte de un ciclo donde cada predicción estaría ligada a algo mayor, ese universo de reciprocidades sutiles daría por resultado una certeza de la cual sería imposible escapar. Algo era evidente y no admitía discusión para llegar a esas conclusiones debemos esperar y tener tanta o más paciencia que la propia Erandi.

La ciencia siempre busca adelantarse a los hechos pero antes de que esta existiera ya había individuos capaces de crear hipótesis y descifrar misterios. Analizar la intuición, ponerla a prueba y tomar en cuenta su valor siempre ha sido importante.

Amoxtli Texto en náhuatl Información de la escritura y materiales de los códices: https://masdemx.com/2016/08/materiales-formas-y-colores-de-los-codices-prehispanicos/ Recopilación de Sofia Gómez Sánchez Fotografía de la pirámide de la luna: https://culturizando.com/la-camara-del-inframundo-en-la-piramide-de-la-luna/

Publicado por

Ariadne Gallardo Figueroa

Escribir es una de las actividades creativas más fascinantes que existe, indagar lo caminos de diferentes versiones, encontrar motivos para acrecentar el cauce de un relato y motivar a la lectura, es agradable para todo el que escribe