Tláloc el dador de las tormentas

“El cielo se verá marcado con la señal de un símbolo que no entenderás hasta que sea demasiado tarde, agudiza tus sentidos porque todos los hombres que llegarán por el mar lo sostendrán como un valor de gran importancia para ellos” 

El Mensajero

Por Ariadne Gallardo Figueroa 

Se acercaba el momento esperado  por Erandi, ella con cuidado colocó la vasija de barro con la sangre de la adolescente, que había sido sacrificada en las festividades del Fuego Nuevo y comenzó su ritual para recibir la fuerza de una deidad cuyo poder sostenía la vida y las cosechas Tláloc; de esta forma se colocó en medio de la vasija de barro, levantó los brazos y señaló al cielo:

“ Señor de todas las tormentas, quien alimenta y fortalece los frutos de la tierra, gobierna el cauce de los ríos y conoce el misterio de los cielos cubiertos de nubes. Que sea mi ofrenda  bien recibida en tus dominios y ella responda a mi clamor y necesidad de conocer lo que no puedo entender, permite que su paso por tu piel traslúcida sea constante hasta llegar a los sitios donde todo abismo guarda secretos, ilumíname con el poder el rayo para que pueda entender lo que me sea revelado con el símbolo oportuno y certero”

Tláloc respondió con una copiosa lluvia

El cielo no tardó en responder a la poderosa hechicera y sacerdotisa del templo de Ometeotl, el cauce del río se agitó por el torrente de lluvia que derramó el poder del dador de todas las tormentas y un estruendo marcó el cielo ante la sorpresa de Erandi.

Reconocer el poder de ese símbolo no quedaba claro para ella, pero la advertencia estaba hecha, los que llegarán por mar, para bien o para mal, sostendrán la cruz como su poder supremo, cuerpos bañados de sal y arena que marcarían la sangre y el destino de un pueblo.

El relámpago marcó la señal de la cual Erandi no entendió su significado y poder

Erandi se puso su rodillas en la tierra y sostuvo la vasija de barro, su cuerpo bañado por la lluvia que reconocía su esfuerzo, cuando ella derramó la sangre exclamó:

“Tonacayototl, señor del sustento, quien se apoya en la fuerza de Tláloc, y habita los cielos, los mares, ríos y la tierra, Dayami representa a partir de ahora a la Diosa del río, dale cabida en tus dominios, permite que su sangre fluya en todo espacio que le sea necesario y alimente la curiosidad de mi alma, debo alentar  su mensaje con la fuerza de todos ustedes, con el estruendo y el viento, con el calor y el fuego, y esperaré que las nubes del mar lejano me traigan respuestas.”

Por último observó la sangre diluirse en el río y con fuerza en la voz gritó en todo lo alto bajo el torrente de lluvia y relámpagos:

“Dayami, la semilla de tu  ser ha sido abierta, para nutrir el porvenir y la esperanza, Dayami: ¡Ayúdame a entender la marca de fuego que Tláloc nos ha concedido, que sea tu sangre mis sentidos y tu cauce mi entendimiento.”

El ritual fue decretado el momento de un nuevo amanecer  se convirtió en mucho más que eso, la visión despierta de Erandi formaba parte de un reto ante el advenimiento de la más profunda de las tragedias que jamás podría entenderse; pero la voracidad no se limita y todos lo sabemos.

Fuerzas oscuras estaban delante del mundo conocido, pero nadie era capaz de saberlo.

Nota de la autora: El nombre Tláloc deriva de tlālli («tierra») y octli («pulque»), es decir: «el pulque de la tierra»

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