Dayami, el mundo espera

“Lo sabes, lo reconoces hace mucho tiempo; es la sangre un poder vital, tu huella y tu raíz se han nutrido de ella”

El Mensajero

Por Ariadne Gallardo Figueroa

Erandi miró al cielo y exclamó:

<No hay verdades eternas, así como el cielo nunca muestra las mismas estrellas, tampoco puedes pensar que todo es como es y será. ¡Qué se enciendan las estrellas y mi paso sea seguro al transitar por donde habita Coyotl, él observa y acecha! No todo puedo tenerlo, pero lo que soy me importa para seguir adelante, en mi mente vive el hechizo del ser que confía en mí, de su alma a la mía hay un umbral que es posible conectar con solo desearlo.>

En aquella ocasión cuando conoció a quien amaba  aprendió que si alguien marca tu alma con un haz de luz, podrás saberlo siempre, será indeleble y parte de tus retos creativos, su vida no era fácil, era criticada por el grupo que los conocía, la libertad que tenía Erandi no era lo que se esperaba de una sacerdotisa del templo, pero ella hacía caso omiso en la mayoría de la ocasiones cuando resultaba para ella necesario disponer de tiempo extra para sus propios asuntos.

La obediencia no era uno de los rasgos más notables, de hecho brillaba por su ausencia, de otra forma no hubiera rescatado la vida de muchas mujeres destinadas a la muerte temprana.

La palabra chapulín viene del náhuatl chapolin, formado de chapa (rebotar) y ulli (hule, caucho), por la habilidad de este bichito de rebotar como si fuera una pelota de goma chapoltin es el plural de la palabra

La noche caía en tierras aztecas, en sus linderos el paso cauteloso de Erandi escuchaba el canto de los insectos, los chapoltin orquestaban una bella y rítmica sinfonía que animaba la noche y el camino de Erandi.

Coyotl podía ser un nahual y de igual forma ella lo sabría, pero no había que confiarse de información que no se nos muestra de frente y es importante decidir a tiempo al intuir lo que no se puede entender con claridad; la cautela es una defensa extra que era necesario saber usar.

Ella pensó en Painani y su paso por rumbos desconocidos donde la vida tendría la luz del Sol dando señales nuevas y diferentes en cada momento. Por azares del destino ahora ambas estaban solas en caminos distintos y con tareas nuevas que completar en su momento.

Para el hombre que viajaba de Sur a Norte el viento imponía un reto, calaba y la humedad helada empezó a ser más cruda y difícil de afrontar, un grupo le ofreció abrigo y una  frazada que  se convirtió en su refugio en medio de los más inhóspitos parajes, por esa misma frazada tuvo que pelear con alguien que mostró una filosa herramienta y de no ser por su habilidad, sin arma alguna, no hubiera logrado seguir adelante. Por un buen tiempo recordaría con dolor aquel pasaje siniestro donde algunos le ofrecerían cobijo y otros matarían por arrebatárselo.

Aquel hombre de quien aún nos sabemos su nombre, de poco necesitaba, valiéndose en medio del camino de sus propias fuerzas y resistiendo lo que para otros hubiera sido imposible, la distancia mostraría oportunidades para clavar su daga y olvidarse del viaje, pero el viaje era lo que sostenía su esperanza y en él estaba encomendado todo su destino. Aquella arma del atacante ahora él la poseía y de algo serviría, no para matar a un semejante, tal vez a un ser que le proveyera de alimento.

Cuando logras que en tu vida un motivación te muestre el camino, se volverá tu esperanza y meta en todo el espacio que pises y tal vez la gloria que decore tus futuros días. Sea entonces el viaje lo que nutra la vida de cada uno de los personajes de esta historia.

Fotografía del Chapulín

Publicado por

Ariadne Gallardo Figueroa

Escribir es una de las actividades creativas más fascinantes que existe, indagar lo caminos de diferentes versiones, encontrar motivos para acrecentar el cauce de un relato y motivar a la lectura, es agradable para todo el que escribe