Papalotl, las alas de Dayami

“La ofrenda sería el vaso comunicante, abriría los caminos para encontrar respuestas más allá de si; un sitio inhóspito deja de serlo hasta que logras palparlo y ser parte de él”

El Mensajero

Por Ariadne Gallardo Figueroa

No había mucho que explicar, Erandi se dirigió hacia el lugar donde el caudal llevaría el mensaje preciso y necesario hacia ella, solamente tendría que ser paciente y esperar el momento; tomó sus enseres y emprendió el camino donde lograría entender de donde provenía el mensaje que tenía que darle sentido a una realidad que ella desconocía.

Observó de lejos el tocado de plumas de su amado que la miró desde lo alto de aquella fortificada estructura donde se honraba a la Diosa Coyolxauhqui y recordó con alegría sus palabras:

El nombre proviene del náhuatl, de Papalotl, «mariposa», y apan, «lugar de», cuyo significado es «en el río de las mariposas».

<Amada Erandi te esperaré contaré las lunaciones para reconocer el tiempo que te lleve encontrar el lugar donde habita el canto de las mariposas, sea tu ofrenda un valioso mensaje en la voz del viento y sea tu ritual el que cobije todos los misterios>

Erandi sabía perfectamente que hay certezas que se llevan en el alma y en ellas puede crecer la esperanza y reconocer la realidad por desoladora que esta sea.

Nosotros sabemos que como todos los tejidos del organismo la sangre cumple múltiples funciones necesarias para la vida como la defensa ante infecciones, los intercambios gaseosos y la distribución de nutrientes. Para los aztecas y otros pueblos de la humanidad en la antigüedad constituía el fluído donde la vida fluye y donde, al igual que la savia de una planta, nos revitaliza y nos permite la vida.

Erandi no actuaba bajo los designios de nadie, su intuición le concedía ir a la búsqueda de los caminos que su corazón le dictaba, la voz de aquel río caudaloso que atravesaba como si fuera un hilo de plata montañas y valles hasta llegar a la desembocadura del mar, sería su aliado, su mensajero y la sangre de Dayami su herramienta.

A diferencia del Maestro que veía en las semillas de los árboles una ofrenda viva, los aztecas, de forma literal observaban a los humanos como una semilla, abrirla extraer su esencia e incluso exponerla al fuego, formaba parte de algunos de sus rituales: Los hombres del maíz era sin duda un término mágico y certero en la época prehispánica y más lejos aún.

No es difícil suponer que la semilla del cacao, al contener sus frutos dentro de una gran semilla que necesitaba ser abierta, llegó a tener el poder de moneda de intercambio  en sus comercios; y la bebida de Xocolatl, una delicia cuya  ingesta estaba reservada a los nobles.

Durante el camino Erandi reflexionaba sobre la imposibilidad de tomar en sus manos la vida de todas las doncellas para que la recrearán, ese regalo especial no tendría que ser arrebatado. Aferrada a la vasija de barro donde llevaba la sangre de la doncella se dijo para sí:

<Que sea el lugar del vuelo de mariposas el sitio de tu descanso, que en sus alas los mágicos mensajeros te lleven río adentro hasta el lugar donde podrás mostrarme aquello de lo cual he sido advertida y ante lo que no tengo defensa, tampoco mi pueblo.

Nunca pienses que hay alguien tan desolado que incluso más allá de su muerte no sea capaz de lidiar con lo que necesita entender y hacerlo saber a los que confían en su legado, a todos aquellos que esperan el hechizo envuelto en las vastedades del inmenso mar, ahí te encomiendo mi tarea, aquella donde eres mis ojos y mi oídos, sabré que lo has logrado en cuando tu esencia me lo haga saber>

A veces basta el sonido de una voz para entender lo que pocos saben, pero también para darnos cuenta de mucho más que solo eso.

Fotografía: Ubicación del río Papaloapan Fuente: EOZyoCC BY-SA 3.0, via Wikimedia Commons