El futuro se reinventa si es lo que realmente deseas

“Nada surge en soledad, todos los caminos nos llevan a otros seres que convergen con tus ideales y sueños”

El Mensajero

Por Ariadne Gallardo Figueroa

En el momento que el hombre del sur entendió que su paso por el mundo necesitaba ser parte de algo mayor su vida se transformó, él visualizó en aquella figura que volaba a ras de suelo al mensajero de algo que no entendía…

Hay ocasiones que necesitamos aislarnos para entender la veracidad de lo que nos rodea, o desentendernos en medio del engaño, miró en lo alto y se dio cuenta que seguía sus pasos el enorme ave de alas sombreadas en la inmensidad del cielo, alentando al varón a continuar hacia una escarpada visión de montañas que con solo mirarlas le causaban temor y estupor.

Nada es más feroz en el inmenso cielo que la vida que se muestra ante tus ojos con toda la magia de lo desconocido, en ella puedes encontrarte con profundos abismos de desconcierto y al mismo tiempo con la fabulosa realidad de todos tus sueños.

Pasaron las horas y la tarde se extendió abrasadora en la inmensidad de aquellas vastedades, las cúspides montañosas tenían tonalidades blancas como intentando imitar al blanco de las graciosas nubes que se formaban en todo el ambiente, el hombre tomó la roca frente a sí, como quien saluda francamente a otro ser, reconoció que sus materiales eran diferentes y la roca sería un reto a vencer, no la mano de un amigo al que se ofrece ayuda, la roca no abrazó su mano, permaneció silente y ruda esperando que el hombre se adaptara a sus formas.

Sin dudarlo dio el primer paso y sintió el viento denso y agresivo, pero él lo tomó como el único saludo que podía ofrecerle esa inmensa montaña, su rudeza era lo único que ella conocía y con eso le bastaba para poder continuar su camino, no había que desalentarse, si eres una roca, no serás otra cosa, no será posible. Para el hombre del Sur moldearse y encontrar estrategias si era posible, definitivamente lo era.

La siguiente roca se desmoronó un poco entre sus manos, pero el atrevido varón solamente sonrió y exclamó:

<Dame razones para no creerte, detén mi aliento para  no seguirte. Yo soy necio y no podrás hacer nada para impedir mi camino, te lo puedo asegurar>

En lo alto observó que su amigo cóndor se perdía en la inmensidad de la noche, posiblemente se encontraría de nuevo en las alturas y tal vez sucedería lo mismo que con aquella amable onza, tal vez el atrevido aventurero dejaría atrás a los que permanecen en una zona porque en ella pueden vivir en paz y con alegría.

Pensó en la figura de ese hombre pájaro, o ángel que flotaba sin tocar el suelo, lo imaginó como la figura más alentadora ahora que él se encontraba en medio del cielo y la tierra, trepando con destreza por la áspera piel de la roca.

En otra parte del inmenso continente Painani prepara sus piernas para una virtuosa carrera, el terreno vuelve a ser amable y suave, las arenas que le muestran lo que conocemos como el litoral del Pacifico, le permiten avanzar hacia el sitio donde aparece el señor de los días al que ella reconoce como Tonatiuh y se dice para sí:

<Estoy en tus linderos señor del Sur, con tu luz puedo  observar por  unas horas mi camino y será mi destino seguirte>

Erandi visitó aquel día a los observadores del cielo y reconoció que muchos de ellos eran capaces de medir y entender lo que ella reconocía: El vientre de la Diosa del templo era mucho más que la imagen mítica de un misterio, era la exclamación que les gritaba la más fabulosa de las certezas. Un grito silencioso y osado que muchos callaban y entendían.

Hay ocasiones que te pueden colocar la verdad de frente y tardarás en entender su misterio y su realismo, cuando lo hayas logrado tu mundo será diferente para siempre 

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Ariadne Gallardo Figueroa

Escribir es una de las actividades creativas más fascinantes que existe, indagar lo caminos de diferentes versiones, encontrar motivos para acrecentar el cauce de un relato y motivar a la lectura, es agradable para todo el que escribe