Su nombre le daba sentido a todo

“El pasado es tan diferente del futuro, ya que alberga aquello que no puedes reconocer al posicionarte en él”    

El Mensajero

Por Ariadne Gallardo Figueroa 

Aún no sabemos el nombre de la sacerdotisa de Ometeotl, es necesario remarcar a quien se debe y en quién confía para lograr objetivos que no son comunes a todos, dentro de sus acuciosas observaciones del cielo, ella se da cuenta que tanto la luna como el Sol al abrazarse de alguna manera definen una forma común entre ellos, Huitzilopochtli es un estratega de las guerras y ante ella se adapta a sus formas, se mimetiza en sus deseos y en tal sentido evocan juntos los grandes comienzos.

Ella no existe sin el para los que la observa, bajo esta premisa su fuerza está en los constantes diálogos que ejecutan ante la mirada de los seres que habitan el mundo conocido y el que no ha sido descubierto.

La vida fluía de una forma diferente para ella, sus contemporáneos sin embargo amaban el poder y bajo esos términos iban a adentrarse en batallas de sangre; intentaban por todos los medios preservar determinados conocimientos intactos, los grabaron en la piedra de los templos; para Ometeotl sin embargo todo está en constante movimiento, por ello argumentaba:

“Los procesos que preservan la vida son y serán factores de cambio, sin movimiento no hay vida y tampoco conocimiento”

En aquellas deliberaciones que entretenían sus amaneceres llegó hasta ella el Tlatoani del templo de la Luna y le dijo:

– Erandi, observó que meditas con plena conciencia de que hay batallas que se avecinan

Ella lo miró con desconcierto y señaló:

  • No me agrada que la gente se agreda por posesiones y poder, tú lo sabes.
  • Nada podemos hacer, no hay magia que domine esa fuerza del guerrero, su ansia de sangre se apodera de un grupo que cada vez es mayor, las promesas de riqueza a los que consigan la victoria de nuestra raza es un hecho.
  • He visto fuego, eliminando el rastro del camino de los otros, he visto el poderío de los nuestros arrasando todo lo que impida la consolidación del Imperio Tenochca. He de contarte un secreto: 

“Toda la sangre derramada no quedará impune, hay una fuerza cuyo avance será fatal y no logro entenderla aún, mi vara fue quebrada, precisamente al sentir un poder  del sitio donde aparece el sol, la espiga que alimenta al pueblo fue quebrada, habrá destrucción, Huey Tlatoani se cree invencible, no logrará su estirpe lo pactado en la propia tierra, algo ha de cambiar para siempre”

Dicho esto, ambos visionarios se miraron con ojos tristes. En otra parte del vasto continente el hombre del sur duerme sin querer despertar su sueño es agradable, observa el paso de una figura que no reconoce y relaciona con un ángel cuyo andar flota por encima de las aguas y de toda superficie terrestre, sus pies vuelan, no toca la tierra, es de una ligereza extraordinaria y su fantasía es agradable hasta que los moscos le pican el rostro y las hormigas las piernas y despierta rabioso y adolorido.

Se percata que hay un camino que otros recorren y cuyos propósitos no son los mismos a los que él tiene en mente, se pregunta qué trayecto recorrería alguien en vuelo y sin detenerse, hacia donde su ruta le ha de llevar y si acaso es sólo un mensaje que él debe descifrar.

Painani no sabrá de él, eso es lo que sabemos, pero de alguna forma ella dejará trazos en su memoria que podrían serle útiles o crearle crisis; no hablan la misma lengua, no conocen los mismos rituales, lo único que los une es su necesidad de llegar a donde no son reconocidos.

A veces puedes alejarte lo suficiente de un espacio conocido, puedes creer que eso cambiará tu ánimo y tu perspectiva, podrías equivocarte.

Nota de la autora, Erandi significa en náhuatl Amanecer

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