El acecho

“Nada nos prepara ante lo imprevisto, solo tu capacidad  para  crear soluciones puede hacerlo”

El Mensajero

Por Ariadne Gallardo Figueroa 

Painani puso atención cuando se dio cuenta que un hombre la miraba de una forma que le causo pavor, entendió que el cerebro de ese sujeto estaba diseñado para la reproducción y todo razonamiento salía sobrando.

En su mirada entendió que estaba dispuesto a convencerla o forzarla a entregarse a sus deseos, esto le aseguraba un poder sobre ella y su futuro, aquel hombre que la miraba con un deseo que rayaba en la lujuria significaba una ventaja  en la preservación del linaje, aun cuando él mismo no lo tuviera tan claro, al menos Painani trataba de entenderlo de esa forma.

Ella sabía que caer ante el dominio de ese hombre, le robaría la oportunidad de hacer real su encomienda intuitivamente se agarró a su daga de obsidiana como el recurso nico con el cual contaba.  Entendió que no bastaría correr con todas sus fuerzas el macho tenía un cuerpo musculoso y más fuerte  para darle alcance.

Painani grito con fuerza: Tú corres el riesgo ante el filo de mi daga

La herramienta más valiosa que tenía ella no era la daga sino su mente y la estrategia que ella lograra desarrollar le daría ese poder, moverse por intuición o instinto no era importante. La fuerza de aquel hombre en celo, no iba a pensar.

Painani con la fuerza de su astucia, se plantó con energía delante de aquel ser enardecido y le grito:

“Soy Painani y mi dueño es el viento, no podrás domarme, tampoco conservar un futuro fruto de mi sangre, tú corres el riesgo ante el filo de mi daga” 

Dicho esto, colocó la daga en medio de sus piernas… El hombre la miró con ojos muy abiertos y se perdió con zancadas amplias en lo profundo de la selva.

En ocasiones basta hacer ver al otro el horizonte de sucesos que no es capaz de entender si solo ve su propia necesidad.

Fotografía de daga de pedernal