Ese delgado puente que no cruzan todos

Por Ariadne Gallardo Figueroa

A veces te das cuenta que algo no cierra pero tu necesidad de contar con alguien que te escuche, te impide ver la realidad, no quieres verla y sigues por ese camino de chispazos donde no todo es claro.

El peor escenario es que ya no estas dispuesto a ser leal a ciegas y poner todos las manzanas en un solo canasto, entonces sigues compartiendo frutos en otros espacios, con amistad, con sonrisas, esquivando a los que te quieren morder la fruta sin dar las gracias.

Llegas hasta el portal donde alguien decide tomar una parte de las manzanas y no se las come, las deja en su ventana y espera a que las estrellas las iluminen; entonces te hace regresar, quizás la fortuna se ha colocado en el espacio exacto de tus sueños, miras s manzanas y ls valores de otra manera porque integralmente forman más que solo eso.

Lo invitas a tejer una sutil tela de relatos, estos coinciden con los tonos que ambos utilizan, ninguno es genial en todo, son simples mortales que encontraron en sus estrellas y constelaciones algo de complicidad y se arriesgaron a comprobar si esto es verdad, tal solamente es asunto de creer en los astros.

En realidad no hace falta saber escuchar a las estrellas, ellas han estado  ahí desde hace milenios dictando su alerta y su alegría a todos por igual; solo el que sabe escuchar es porque ha aprendido a hacerlo después de golpearse con la realidad que lo mantenía frustrado y atormentado y que no cambia con solo desearlo.

En todo esto no se construye la magia por un tiempo infinito, pero nadie ha llegado aquí permanecer siempre; entonces a veces al primer momento ya sabemos que nos mienten y nos dejamos llevar hasta descubrir de qué se trata, de igual forma cuando es diferente podemos iluminar el trayecto.

Nos sorprende notar que podemos complacer sus términos y verlo mirarse en tu espejo, así avanzamos tomando en cuenta que todas las aventuras tienen cómplices, hasta las más descabelladas e iracundas personalidades pueden formar parte de tus planes literarios. Con los vivenciales el  asunto es aparte, en ellos la sinceridad es un puente angosto y frágil al que no todos les está permitido llegar a salvo al otro lado.

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