El Águila y el Fango

“Solo el que crea sabe a que se enfrenta y cómo salvarse”

El Mensajero

por Ariadne Gallardo Figueroa 

<Si tus expectativas son mayores a tu realidad serás derrotada y caerás en el eterno fango>

Cuando Painani escuchó dentro de si esa sentencia, sus piés de alas raudas y ágiles estaban atascados en el más denso y oscuro fango, el graznar agudo y fortalecido por la libertad del viento asomó en su horizonte, ahí estaba, era el águila poderosa la miraba como a un ser despreciable, del que se puede olvidar y seguir el vuelo; sin embargo sabía de quién se trataba y alertó a la tribu de Chichimecas que en el pasado le habían obedecido para plantarse en un sitio inhóspito donde hacer cimientos sería un reto, pero ellos venían de lejos y atendieron al grave canto,  enérgico del águila.

Un grupo desvió su paso y le tiraron una cuerda de ixtle. Painani no supo qué decir su vida había sido salvada por un grupo de extraños que la miraban con asombro; hasta ella llegó un caballero de mirada serena y cabellos muy largos del color del cenizo:

  • ¿Qué haces tan distante de tu gente y de tu pueblo?
  • Soy una Painani con una encomienda, debo seguir más lejos aún, agradezco su ayuda
  • Debes tener hambre y sed, acepta el tamali y las frutas, puedes dormir en resguardo y prepararte para el largo trayecto al amanecer. Mi nombre es Miztli (Puma). Supongo que el tuyo se perdió en el templo.
  • Así es señor, lo perdí y soy Painani del templo de Ometeotl
  • Si acaso te sirve  en estas tierras te recordaremos como Tonalli, “el destino y la rueda de los tiempos”
  • Acepto con gusto el primer nombre que en libertad se me ha dado 

Miztli le dijo: Debes tener hambre y sed, acepta el tamali y las frutas, puedes dormir en resguardo y prepararte para el largo trayecto al amanecer.

La mujer cubierta de lodo hizo un reverencia al grupo y tomó la comida que le ofrecieron, se sintió agradecida de tan honorable recibimiento y al llegar las mujeres le dieron ropas limpias y un sitio para lavarse.

Una de las mujeres la miró con alegría y algo de ansiedad cuando le dijo:

  • Mi  nombre es Ameyali, se que has sido liberada del grupo, muchas de nuestras hermanas e hijas no lo logran siento que hay algo de injusto en todo ésto, seguramente has de cruzarte con los Painani del rey, eso que le llevan peces y plumas exóticas desde lejos, ninguno de ellos comprende el valor de una mujer envuelta en los alados presagios, ten cuidado.
  • En honor al nombre que me han dado haré todo lo posible por seguir con vida hasta el destino que se me ha marcado
  • ¿Qué harás si tus caminos se cruzan y tuvieras que detener el paso?
  • Hasta donde yo se Ameyali (Manantial) no podemos hacer nada, el tiempo no se detiene para nadie. Lo único que espero es poder aprovechar el mío sin caer presa por la garra de nadie.

El alba dio paso al trino de algunas aves y con una sonrisa de agradecimiento Painani Tonalli se despidió del grupo, personas que no volvería a ver y llevaría sus imágenes en la memoria, agradecida y feliz de haberlos encontrado en sus momentos de desgracia.

La vida es un regalo que en ocasiones puede ser compartido y nos permite mirarnos en los otros como si fuera el espejo de lo que somos y podríamos dejar atrás o llevarlo como un recuerdo grato para siempre.

Nota de la autora referente a la fotografía: Tamali El tamal (del náhuatl tamalli, que significa envuelto)